Las
sirenas son personajes mitológicos cuyo canto embrujador llevaba
a los marinos a la perdición. Sus métodos de seducción
variaban de un relato a otro, pero todas ejercían una atracción
sin parangón sobre los navegantes.
El primer testimonio acerca de la aparición de sirenas se remonta
a La Odisea de Hornero, que relata las aventuras tumultuosas del héroe
griego Ulises, durante su largo viaje de regreso a ítaca, después
de la guerra de Troya. Las sirenas de la época no son esos
seres mitad mujer, mitad pez, que las leyendas más modernas
retuvieron, sino unas aves con cabeza y pecho de mujer. Un
canto melodioso e irresistible
En la mitología
griega, las sirenas viven en una isla del Mediterráneo. Su
canto es tan bello que los marinos que las escuchan no pueden resistírseles
y dirigen sus naves contra los arrecifes. Los supervivientes son
asesinados sin piedad. Cuando Ulises abandona la morada de la hechicera
Circe, sabe que debe pasar cerca de la isla de las sirenas. Siguiendo
los consejos de la hechicera, el astuto héroe recurre a una
estratagema que le permitirá oír y no obstante salvar
la nave y a sus compañeros. Tapa los oídos de sus
hombres con cera después de haberles pedido ser fuertemente
atado al mástil. Así podrá saciar su curiosidad
escuchando el canto de las sirenas, sin ceder a su encantamiento.
Este canto se
revela melodioso y desgarrador, y está colmado de bellas
promesas. Ulises les grita a sus compañeros que lo desaten,
pero por supuesto éstos permanecen sordos a sus gritos. Finalmente,
el barco pasa y los héroes escapan al funesto destino de
tantos otros marinos. |
| apariencia
a Deméter, que quiso castigarlas por haber sido negligentes
en el cuidado de su hija. Su nombre proviene del término
latino siren, que a su vez proviene del griego seirén, de
la palabra seim, lazo, cuerda, recordando sin duda el poder cautivador
de las sirenas.
Mujeres-pájaro,
luego mujeres-pez
La apariencia
física de las sirenas evolucionó. En época
griega, eran representadas como seres alados, con cara humana y
cuerpo de ave como lo prueban diferentes vasijas griegas antiguas.
Su transformación en criaturas mitad mujer, mitad pez, con
la parte inferior recubierta de escamas, se remonta al parecer a
la Edad Media y a las leyendas celtas y germánicas.
Pero, ya bajo
el Imperio romano, se les confunde con las Nereidas, las cincuenta
hijas de Nereo, dios marino, y de Doris, descendiente
del titán Océano.
Las bellas Nereidas son las ninfas del mar y por lo tanto no es
sorprendente que hayan sido tomadas por sirenas, también
figuras marinas...
Sea como sea,
esta leyenda, nacida de la mitología griega y transmitida
a través de los siglos, permanece durante mucho tiempo vivaz
y continúa asediando la imaginación de los navegantes
del mundo entero.
Las sirenas
a través de los tiempos
Aunque las sirenas nacieron de la imaginación de los poetas
griegos antiguos, la tradición que éstas inspiraron
se transformó y se desarrolló con el paso del tiempo,
particularmente bajo la influencia del folklore nórdico.
La mitología
nórdica. Las leyendas irlandesas e inglesas hacen todas referencia
a la presencia de sirenas a lo largo de sus costas, mientras que
la mitología germánica las ve surgir de la espuma
de las olas. La tradición bretona relata que Ahez, hija del
rey Grallon, habría sido sumergida en las aguas por haber
entregado la ciudad de Ys al diablo y a las olas, y se habría
convertido en sirena. Saxo Grammaticus, un cronista de los siglos
XII y XIII, describe por su parte el combate del rey danés
Hadding, hijo de Gram, contra un monstruo acuático, mitad
hombre, mitad pez.
Donde se pesca
a un hombre-sire-na. Las representaciones de sirenas se multiplican
durante la Edad Media y se transforman en uno de los temas favoritos
de decoración de los manuscritos. Hacia el año 1200,
el cronista inglés Ralph de Coggeshall escribe: "Durante
el siglo pasado, bajo el reinado del rey Enrique II, unos pescadores
de Oxford capturaron en el Canal de la Mancha a un hombre desnudo,
que nadaba con soltura bajo el agua. Encerrado durante varios días,
éste se alimentó principalmente de pescado.
No pronunciaba la más mínima palabra, aun bajo las
peores torturas. Devuelto al agua, rasgó la red que lo retenía
y consiguió hacerse mar adentro. Después de un tiempo,
volvió a la orilla y vivió durante dos meses entre
la gente de Oxford antes de volver definitivamente a su elemento
natural".
Las sirenas
de Cristóbal Colón. Mientras se encuentra frente
a las Antillas, el navegante genovés cree divisar tres de
estas criaturas que bailan en el agua. Son feas y mudas, pero él
descubre en su mirada una cierta "nostalgia de Grecia".
Un encuentro moderno. En 1869, en las Bahamas, seis hombres que
se dirigen en canoa hacia una bahía divisan una sirena de
deslumbrante belleza, con los cabellos azules flotando sobre sus
hombros y las manos hendidas. Ésta emite unos grititos de
sorpresa al ver a los marinos y desaparece poco después,
sin dejar que se acerquen.
Los fabricantes
de sirenas. El sentido comercial de algunos pueblos asiáticos
contribuyó igualmente al desarrollo de la leyenda. Incluso
se amasaron fortunas con la venta de curiosidades a los europeos:
monstruos fabricados con la ayuda de pedazos de animales, simio
y pez. Asimismo, en Djibuti, el esqueleto de una auténtica
sirena es vendido a unos estadounidenses. Por supuesto, se trata
de una falsificación hecha por unos comerciantes. |