que
creían enriquecer sus almas, pues ésta moraba en la carne
y la experiencia vital del devorado pasaba al devorador. Igual práctica
se localizó entre los nativos australes llamados "devoradores
de cerebros". Con algunas modificaciones realizaban una antropofagia
ritual similar a la búsqueda de ingerir almas y conocimiento. Estos
australianos no devoraban enemigos, sino a familiares fallecidos a los que
pretendían así inmortalizar en ellos mismos. Era un ritual
de respeto funerario.
De todas formas estas leyendas nos hablan de antropofagia vulgar y carnal...de
fin benéfico. No resultan más cruenta que otras prácticas
como la de los nativos americanos o sudafricanos de abandonar a su suerte
a enfermos y ancianos para que sean devorados por las bestias y alimañas,
para que sus almas pase a ellos, a la naturaleza misma. Y aunque nos resulte
escandaloso...nuestros asesinos o genocidas occidentales resultan más
cruentos y al tiempo no presentan una motivación espiritual. Claro
está que con esto no pretendemos alabar ninguna de las dos vertientes.
En países
ancestrales tienen asimilado que la diferencia brujo-hechicero radica
también en el gusto de los primeros por la sangre y el servicio
al mal.
En el Níger
cerca de Djoliba, la tradición sigue siendo cantada por sus trovadores.
Entre algunas de las cosas que se escuchan está la historia de
los hombres-sangre. Hace miles de años, un grupo de hombres caminaban
nómadas a través del desierto, habían olvidado el
nombre de sus clanes y no sabían pronunciar por cansancio el nombre
de sus dioses. Las reservas de agua dieron a su fin y seguían andando
con la esperanza de hallar alguna reserva de agua, pero todo lo que encontraron
fueron espejismos, fiebres y muerte. Habían decidido el suicido
colectivo, cuando apareció un gran pozo ante ellos, pero allí
no encontraron agua, sorprendentemente el pozo contenía litros
de líquido rojo...¡sangre!. Entre morir o saciar su sed,
la decisión de muchos fue beber y sobrevivieron pero...algo sucedió.
Desde aquel día les surgió una afición descontrolada
por la ingestión de sangre. Después nacieron sus hijos...los
devoradores de almas, los brujos...Un clan desconocido y siempre trashumante,
condenado a ser el gran oculto del pueblo africano, los malditos.
A modo de vampiros
occidentales, pero con los conocimientos mágicos africanos se convirtieron
en poderosos seres-puente con el mundo de los espíritus. Pero ellos
sólo activan el mal de las almas, la parte oscura de la creación.
Los brujos han sido
más perseguidos que los asesinos. Matar puede ser no considerado
un crimen, pero un acto de brujería, lo es...siempre. Violar prohibiciones,
matar animales...una tradición que llegó incluso a los nativos
de la India, entre los cuales se cuenta también la leyenda de los
come-almas...que además no respetan siquiera la sagrada figura
de la vaca. Cuando un brujo quiere hacerse notar, pero sin identificar,
desangra vacas y los pueblos advierten de la presencia de su poder maligno
y le respetan.
Diferencia entre antropofagia y canibalismo de almas
La antropofagia no
es un hecho aislado y centrado en África. Los brujos del medievo
europeo la practicaban. Los cristianos devoran el cuerpo y la sangre de
Cristo en el acto ritual de la comunión.
Tampoco son exclusivos
de esta parte del mundo los relatos de devoradores de almas. Los vampiros
y los zombis nos hablan de un tronco común del que debió
surgir el rito y que éste es más antiguo que las más
ancestrales culturas conocidas.
Los viejos clanes
Njib o los antiguos egipcios ya narran ese tipo de historias. Los Njib
hablan de los brujos alados para describir a los hombres devoradores de
almas que vinieron del cielo, igual que los dioses egipcios.
¿Qué
tribu o seres antiguos sentían tanta necesidad de sangre?, ¿qué
les suponía de beneficioso los sacrificios?...¿tal vez hablamos
de ladrones de mentes, de almas, de emociones?...
Entendemos la antropofagia
desde distintas facetas. Una primera en la que el canibalismo es carnal
y físico. Una segunda en la que lo devorado es la esencia vital
del ser vivo. Los antiguos al ingerir la carne pretendían alcanzar
el segundo canibalismo, es decir, engullir el alma de la víctima.
Los brujos auténticos,
los verdaderos degustadores de espíritus mortales habrían
llegado a conseguir hacerse con las deseadas ánimas sin tener que
recurrir al manjar sangriento. La magia les habría enseñado
a separar la materia de la esencia de las cosas y con la misma hechicería
podrían trabajar en uno u otro sentido. Es por eso que unido al
mito de los devoradores de almas vemos sobresalir la presencia de dos
fenómenos estudiados en la actual paraciencia: bilocación
y viaje astral. Por consiguiente toma una gran importancia a lo que los
antiguos llaman "reino oscuro de los sueños". Una especie
de dimensión- puente que abre sus dos puertas o sentidos a la realidad
invisible por un lado y a la visible por otro. Es justamente en esa "tierra
de nadie astral", donde se hace, al parecer, terrible el poder de
los brujos devoradores de almas.
La bilocación
es el don de nacimiento de los verdaderos brujos astrales, capaces de
estar en dos lugares o más a la vez. El original humano es el menos
terrible e igual de mortal que el resto de seres. Sus copias son las peligrosas,
pueden ser tan reales como la original, pero con facultades tan extraordinarias
como la de transformarse en cualquier objeto u animal, incluyendo el veneno.
En 1951 murió en Gabón un militar presuntamente envenenado,
la autopsia realizada por el doctor Helmet Whasted, así lo verificaba.
Una vez en el depósito, el guarda nocturno vio como el cuerpo del
óbito exudaba una extraña sustancia, como ésta caía
al suelo y como la misma iba uniéndose hasta transformar el cuerpo
de un nativo que se escapó atravesando la pared. Nadie creyó
al vigilante, pero una segunda autopsia reveló que la sustancia
venenosa que había matado al oficial ya no existía, ni rastro
pese a que la elevada concentración debía haber dejado rastro
de plomo y otros elementos químicos...¿era este un caso
de devoradores de almas?...
Ocurre que no todo
juega a favor de los todopoderosos hechiceros roba-almas, ya que para
conseguir su propósito deben primero conseguir que la víctima
esté en estado onírico o similar, para lo que emplean técnicas
de alteración de conciencia, sugestión e hipnosis...aunque
prefieren actuar entre los sueños naturales, pues el alma de la
víctima está menos alerta y por lo mismo es más asequible
su espíritu débil.
Pero, ¿por
qué devorar almas de otros?. Lejanos a querer saciar ningún
tipo de necesidad biológica como pudiéramos pensar los occidentales,
ni padeciendo ningún tipo de desviación psicológica,
los devora- almas, intentan adquirir el conocimiento y la energía
de otros seres...seres que aunque no lo sepan guardan un poder ancestral
o son genéticamente herederos de los espíritus.
Aunque también
los brujos roban almas por venganza, odio y otras medidas emotivas...su
verdadera alimentación, la que necesitan está basada en
ingerir esa energía vital, que les añade poder y les acerca
a los espíritus.
Cuantas más
almas con poder ingieren, los fetiches se aproximan al conocimiento total
y se hacen más poderosos dentro del mundo de los espíritus
a quiénes roban su magia. Es decir, se vuelven menos humanos y
más espíritus...semidioses. Asimismo siguen siéndolo
cuando mueren, entonces actúan en el mundo ordinario desde el otro
lado.
Cierto es que cualquier
hecho extraordinario a los "conquistadores" nos resulta increíble,
simplemente porque nuestro teórico racionalismo y adiestramiento
social se niega a reconocer como posible aquello que no deja prueba o
constancia física. Nuestros cultos cibernéticos olvidarnos
los días en que participábamos en ritos ancestrales y mágicos,
nuestra superstición se ha desvirtuado perdiendo los verdaderos
sentidos...somos supersticiosos, pero sin saber a qué tememos y
por qué.
Los pueblos menos desarrollados,
los arraigados en sus creencias milenarias, aún recuerdan la cara
de la superstición, a la que temen.
Un europeo no puede temer a un devorador de almas, porque las víctimas
aquí no son tan frecuentes como por ejemplo lo siguen siendo en
África y en el caso de serlo, ¿cómo reconocer una
víctima de canibalismo anímico?.
Está claro
que la antropofagia clásica es visible. Un devorado muestra sus
signos en el cadáver (en sus despojos). Pero, ¿qué
le falta a un ser al cual le han robado el alma?.
Por supuesto, la
vida, ya que el cuerpo sin la esencia motriz no existe y ni siquiera se
excluye en este sentido a los zombis. A estos simplemente se les ha nublado
la voluntad o la conciencia del ser que eran...
Una víctima
de canibalismo espiritual muere, pero salvo eso es muy difícil
encontrar otros rastros que expliquen la causa. Aunque volviendo a las
leyendas negras se pueden, en ocasiones, hallar signos de que murieron
devorados.
El principal es encontrado
en la sangre. Algunas tribus africanas, casos como en Liberia, solían
cortar una vena al difunto...si en lugar de sangre manaba agua o una sustancia
lechosa, no había duda, un devorador había sido el culpable.
El rito solía
practicarse a las personas fallecidas durante sueños o mientras
dormitaba.
Otro signo que relacionaban
con el hurto de espíritu lo encontraban físicamente en la
lengua, cuya punta estaba masticada, cortada o tragada, ya que los hechiceros
prevenían así que un caso de despertar o de hablar el sueño
la víctima no pidiese ayuda durante el proceso de devorar su alma.
¿Quiénes
eran predominantemente los manjares más preciados por los brujos
devora-almas?. Hemos resaltado creencias que les motivaban a cometer sus
fechorías...creen que adquirían facultades y energías
de individuos con don o por venganza y envidia...lo que llevaba a que
los devoradores de almas, a veces, se comieran ésta entre ellos.
Al principio hablamos de estos caníbales como hombres solitarios,
tal vez fuera por este mismo motivo.
Pero sin duda, lo
más llamativo al observar en la leyenda era la elección
de la edad de sus víctimas, generalmente niños a los que
les parecía despuntar "facultades especiales" o que habían
sido destinados desde su nacimiento como futuros magos-ascetas de su tribu.
Al devorar sus almas a edad temprana no sólo adquirían su
poder y energía vital, sino que evitaban tenerlos de enemigos cuando
se hicieran mayores en el mundo de la magia y los espíritus.
En los años 50, un investigador que buscó reiteradamente
la existencia de estos devoradores de espíritus, Pierre Fromentin,
explicó en su libro del mismo título un caso atroz pero
ejemplificador de este tipo de canibalismo, un caso en el que participó
la misma gendarmería francesa presente en África.
"Camara Moumo,
un pescatero del poblado Soumaya. Cerca de la capital guineana se presentó
en la gendarmería de Coyah para denunciar a unos brujos de su pueblo".
La mujer de Camara Moumo, cuatro años atrás le notificó
que su hija estaba enferma, el padre fue a su habitación y vio
que sufría parálisis. El lunes, tres días después,
falleció. Pero ese día de la denuncia se había enterado
que cuatro brujos habían devorado a su hija y que otra niña,
Malaga Bangoura había sufrido el mismo destino. Revisó la
sepultura de su hija, pero estaba intacta. Los brujos sospechosos (Oneudé
Bangoura y Konia Moussa) fueron sorprendidos esa tarde de la denuncia
por un joven llamado Sylla, justamente cuando se disponían a matar
al propio demandante.
La culpable era una
hechicera, Sounkaro Soumah (su propia mujer) y once brujos en total llevaban
años devorando almas...y cuerpos..en Soumaya. Los onces brujos
habían ingerido incluso a sus hijos. Éstos fueron arrestados
y mientras eran vigilados algo inexplicable sucedió. El mismo joven
Sylla al volver al poblado los vio reunidos en el bosque dipuestos de
nuevo a "devorar" a Camara, pero al ser interrumpidos nuevamente
todo lo que vio el joven se esfumó...
Durante los interrogatorios,
los brujos explicaban que se veían en sueños y allí
devoraban los "los cuerpos de sus víctimas", éstas
morían tras sufrir parálisis en la realidad. Efectivamente,
los cuerpos de los niños fueron desenterrados y estaban intactos.
¿Qué
ocurría allí?, ¿todos estaban mintiendo?, ¿habían
muerto las niñas de forma natural? o ¿vivían una
experiencia colectiva a los límites de la ciencia, una especie
de alucinación colectiva?.
Y de nuevo nos vemos
frente a la creencia, ante los hombres como este caso africano que creen
en el ser viviente como el conjunto de tres compartimentos estancos: envoltura
material, el alimento motor o energía invisible individual (mente)
y el espíritu eterno que domina los dos anteriores.
Lejos de allí,
pero también en el continente africano, la leyenda de los devoradores
de hombres pierde su nombre para transformarse en los comedores de sombras.
En las riberas del
Nilo no sólo se erigen las grandes pirámides y otros vestigios
de un pasado glorioso, también perviven las supersticiones de los
orígenes. Transmitidas entre las gente que caminan aún hoy
entre el limo y el cáñamo egipcio. Olvidaron por qué
y desde cuándo están allí, ya no saben hacer funcionar
los artilugios de los antiguos, pero recuerdan los rostros de los viejos
dioses y las leyendas de los ancestrales miedos. |