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ángeles son uno de los temas más característicos
de la pintura virreinal en América. Su originalidad viene
de la iconografía y de la excelencia de su realización,
que contrastan con las versiones europeas. En la cultura occidental,
el origen de la iconografía de los ángeles se remonta
a los primeros siglos del cristianismo. En la Edad Media, los ángeles
no eran representados de forma aislada, a excepción de algunas
obras como "San Miguel Arcángel, que encontramos como
"Juez de las Almas" en la pintura flamenca, italiana y
española. Es en el Renacimiento que los ángeles comienzan
a ser pintados individualmente, práctica que se extiende
durante el barroco.
La teología cristiana tomaba la obra de Dionisio Areopagita,
obispo y escritor religioso del siglo VI, como base de la enseñanza
oficial de los personajes y de las funciones de los ángeles.
Este autor, en su obra sobre la "Jerarquía Celestial",
divide a los ángeles en tres grupos. El primero esta compuesto
par serafines, querubines y tronos, el segundo por potestades, virtudes
y poderes y el tercero par príncipes, arcángeles y
ángeles. Los serafines están en la cima de la jerarquía
y rodean el trono de Dios, son de color rojo y su atributo es el
fuego. Los querubines simbolizan la sabiduría divina y son
de color azul y oro. Los tronos representan la justicia divina y
llevan toga y bastón de mando.
El segundo grupo es responsable de los elementos naturales y de
los cuerpos celestes, los dominios y los poderes que llevan corona
y cetro. Las virtudes se refieren a la pasión de Cristo y
llevan a veces flores o símbolos de María.
El tercer grupo establece la relación con la humanidad. Los
principados protegen las naciones, los arcángeles son mensajeros
de Dios (la tradición popularizó sus nombres: Miguel,
Rafael y Gabriel); en fin, los ángeles protegen a todos los
hombres. |
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En
base a este esquema, algunas composiciones de ángeles fueron
estampadas durante la segunda mitad del siglo XVI. Sirvieron de modelo
a pinturas realizadas sobre el mismo tema. Tal es el caso de las tres
obras de Gerardo Jode ( 1609-1617), que copiaban trabajos de
Martín de Vos. Cada una describe a tres ángeles, con
sus respectivos atributos y una leyenda explicativa. El análisis
de estas estampas y de la obra del Areopagita, muestra que las pinturas
del Virreinato del Perú representan a ángeles portadores
de atributos resultantes de diferentes jerarquías. Es así
que el ángel con un haz de fuego en la mano puede ser un serafín,
el que lleva cetro y corona, un dominio.
Los coronados de rosas y llevando los símbolos de la Pasión,
virtudes. Los ángeles que llevan símbolos marianos constituyen
una innovación barroca y así como existen
ángeles representados con los símbolos de la Pasión,
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fueron creados aquellos con los símbolos de las Letanías,
particularmente en el mundo hispánico, donde se inició
el dogma de la Inmaculada Concepción.
Los ángeles siguen siendo representados como seres asexuados,
jóvenes e imberbes, vestidos con trajes femeninos cortos, a
veces con atuendos de soldados del siglo XVII llevando un arcabuz
u otras armas de fuego.
Parece ser que las series de ángeles españoles precedieron
a las americanas. La más antigua es posiblemente aquella pintada
por el maestro Bartolomé Román para el monasterio
de la Encarnación de Madrid, encontrándose una réplica
del mismo autor en la iglesia de San Pedro de Lima. Siete ángeles
fueron representados en esta serie: Miguel, Rafael, Gabriel, un Ángel
de la Guarda, un Serafín, una Virtud y un Ángel portador
de flores (Baraquiel). Existe igualmente en Cuzco un cuadro de siete
arcángeles, inspirado en una lámina de Wierix. Estas
series datan de fechas muy antiguas y es posible que hayan inspirado
las pinturas posteriores. Román sitúa a sus ángeles
delante de un paisaje, vestidos con trajes cortos que dejan ver las
piernas calzadas de coturnos romanos. Todos los ángeles llevan
coronas de rosas. Este tipo de ornamento será adoptado, con
algunas vanaciones, por las series de ángeles realizadas en
el Perú, a partir de la segunda mitad del siglo XVII, hecho
que explica su importancia. |
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| La
escuela sevillana de pintura, en especial en lo que se refiere a Zurbarán
y sus discípulos, contribuyó también de forma
importante a la iconografía de los ángeles. Representaciones
de ángeles atribuidas a Zurbarán, Bernabé
de Ayala y Polanco (que deben tanto unos como otros su
estilo al maestro de la Extremadura) se encuentran diseminadas en
diferentes lugares. La serie más importante de ángeles
realizados por influencia de Zurbarán se encuentra en el Monasterio
de la Concepción en Lima. Se trata de retratos de Miguel, Rafael,
Gabriel, |
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Hadriel, Jafiel, Ariel y Leriel. Esta serie fue sin duda concluida hacia
1635-1640.
La base teórica de estas composiciones de ángeles se encuentra
en la obra del jesuita Antonio Ruiz de Montoya, en Lima. En su libro
Silex del amor divino, evoca la potencia divina que alcanza a la humanidad
por intermedio de los ángeles, de las jerarquías celestiales
y de los "siete principios": Miguel, Rafael, Gabriel, Uriel, Sealtiel,
Jesidiel y Baraquiel. Obras como ésta pretendían desarrollar
la devoción a los ángeles, y esto daría posteriormente
nacimiento a una especie de religiosidad popular que reemplazaría
la devoción a los seres celestiales por la adoración a fenómenos
naturales.
Acabamos de mencionar los antecedentes de las series de ángeles de
Charcas y de Cuzco. En estas regiones, los ángeles son pintados con
ricas vestimentas, rostros estereotipados y sin recurrir al claroscuro,
lo cual dá como resultado un arte muy diferente al de los modelos
europeos. Las series de ángeles aparecen hacia 1660, en un territorio
que se extiende del norte del Perú al norte de la Argentina, siendo
La Paz y Cuzco los centros de difusión . La información más
antigua de la que disponemos con respecto a las series de ángeles,
está contenida en un contrato firmado par el pintor cuzqueño
Basilio de Santa Cruz, en 1661, por el cual este último se
comprometía a realizar doce ángeles y doce vírgenes;
vemos aquí que la costumbre española de mezclar series de
seres celestiales con santos, como en Sevilla, se había expandido
al Perú. Las series de Calamarca, Peñas y Jesús de
Machaca (La Paz), Yarvicolla y Sora-Sora (Oruro) y de la iglesia San Martín
de Potosí, todas en Bolivia, figuran entre las más importantes.
Encontramos en el Perú las series de Challapampa y del convento Santa
Clara en Trujillo, y las de Casavindo en Argentina. En muchas iglesias y
museos encontramos ejemplares únicos, correspondientes a series que
fueron dispersadas. Un estudio iconográfico muestra que todas las
series cuentan con los tres arcángeles: Miguel, Rafael y Gabriel.
La mayoría comprende igualmente el Angel de la Guarda. Uriel está
también presente a veces. Los demás ángeles están
individualizados por sus nombres y por su aparición, en ocasiones,
en el Antiguo Testamento: es así que el ángel que habla a
Abraham lleva un haz de fuego en la mano y es llamado Jahiel o Teadquiel,
el que expulsó a Adán y Eva del Paraíso Terrenal está
armado de una espada de fuego y se llama Raziel, o a veces Uriel. Es difícil
identificar a los otros ángeles dado que no conocemos las fuentes
de su inspiración.
El Concilio del año 745 en Roma, y el del 789, en Aquisgrán,
rechazaron el uso de nombres de ángeles, salvo de aquellos citados
en la Biblia: Miguel, Gabriel y Rafael. Las Iglesias griega y copta reverencian
no obstante también a Uriel. Los demás nombres que figuran
en las series andinas vienen de otras fuentes. |
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Los
ángeles de Camarca
Una de las series de ángeles más completas que se conoce,
se conserve en la iglesia de Calamarca, a 60 km de La Paz, en un territorio
que pertenecía a los indígenas Pacajes. Un inventario
de la iglesia, datado de 1728, indica que "en lo alto de los
muros de esta Santa Iglesia se encuentran treinta y seis pinturas
de ángeles y arcángeles, todas de la misma dimensión
en sus bastidores". Se puede deducir de este texto que en esa
época fueron terminadas dos series: las Jerarquías y
los Angeles Militares. La primera comprende a los siguientes ángeles:
Gabriel. Rafael, ángel de la Guarda, Dominio, ángel
de la columna (Virtud), ángel con las rosas (Virtud), ángel
desenvainando la espada, ángel con la espada de fuego, ángel
sosteniendo una llave, ángel con un haz de fuego en la mano
(Serafín), ángel con la espiga de trigo. Ninguna de
estas pinturas está firmada y no existe documento que nos permita
identificar a su autor, que por |
| Pintura
de San Miguel |
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consiguiente
fue denominado Maestro de Calamarca. Sin embargo, la comparación
de estas obras con las de la iglesia de Carabuco permite pensar que el Maestro
de Calamarca podría ser José López de los Rios,
quien pintó los cuadros de Carabuco en 1684.
Los ángeles que figuran en el "Juicio Final" de López
de los Rios son idénticos a los de Calamarca en su vestimenta, sus
actitudes y sus expresiones. La fecha de estas obras nos lleva a pensar
que este artista podría ser, junta con Basilio de Santa Cruz, el
creador de los ángeles andinos, tan diferentes de los modelos europeos.
La vestimenta de los ángeles andinos tiene mangas amplias. bajo las
cuales se llega a ver bordes de lentejuela de una fina camisa.
Una hermosa pintura de ángel con arcabuz se encuentra en el Museo
Nacional de Arte de La Paz, bajo el nombre de Asiel Timor Dei. Es una obra
de una calidad extraordinaria, que proviene posiblemente de una serie desaparecida.
Los colores y el dorado de la vestimenta lo diferencian de los ángeles
de Calamarca e indican que formaba parte de otra serie, salida sin duda
de la misma escuela de pintura.
Series de ángeles en la audiencia de Charcas
El pueblo de Peñas (La Paz) posee una serie de seis ángeles
cuyos nombres no están indicados pero que representan a Miguel, Rafael
y Gabriel, un ángel sosteniendo una columna, un ángel desenvainando
la espada y un ángel Virtud. Su iconografía es idéntica
a la de Calamarca pero se diferencian por la presencia de paisajes en el
plano posterior.
Encontramos en Sora-Sora y Yarvicolla, dos pueblos situados en el departamento
de Oruro, dos series de ángeles rodeados de orlas de flores. Uno
de los ángeles de Sora-Sora sostiene una columna y se llama Gabriel
Fortitude Dei. La serie de Yarvicolla es más grande y consta de una
magnífica pintura de San Gabriel.
Finalmente, cinco ángeles de la iglesia de Jesús de Machaca,
robados hace algunos años, completaban las series de ángeles
del Collao. Había un trompeta con casco y adarga, un ángel
limpiando su arcabuz, otro disparando y el cuarto llevando el arcabuz al
hombro. Sin ninguna duda, la serie era mayor a lo que es actualmente, habiendo
sido algunas de sus pinturas seguramente robadas o destruidas. El San Gabriel
de esta serie fue decomisado par el Museo de La Paz. Estos cinco ángeles
gozan de gran reputación. El atuendo que flota al viento y la profusión
de joyas permiten atribuirlos a Leonardo Flores, el pintor más importante
de la región de La Paz de fines del siglo XVII.
La iglesia San Martín de Potosí, parroquia de los indígenas
Lupacas originarios del Lago Titicaca, guarda una serie de ángeles
turiferarios sobre los cuales podemos leer la inscripción "Sanctus,
Sanctus".
Además de las series ya mencionadas, existen en museos y colecciones
privadas, numerosas pinturas de ángeles aislados, cuyo origen es
difícil determinar. Un cuadro particularmente notable es el San Rafael
del museo de la catedral de La Paz, que viene del monasterio franciscano
y que se atribuye a Luis de Riaño, activo hacia 1630.
Otro grupo de cuadros
está compuesto por pinturas de San Miguel Arcángel, jefe de
los ejércitos celestiales y protector de los cristianos contra el
demonio. Representaciones de el fueron realizadas en innumerables oportunidades
en el territorio de Charcas. El San Miguel del jesuita Diego de La Puente
(1620-1663), que se encuentra en el monasterio jesuita de La Paz, es el
prototipo de esta figura. De la Puente es igualmente autor del San Miguel
que se conserva en el Museo Nacional de La Paz. En esta última obra,
San Miguel sostiene una gran cruz. Este trabajo de colores excepcionales
nos revela un maestro familiarizado con la obra de Rubens. De la Puente
nació en Malinas y estudió de cerca las obras maestros de
su país antes de partir a América.
También existe una representación barroca de San Miguel, descendiendo
con las alas extendidas, las alas desplegadas y la vestimenta flotando al
viento. Viene del "juicio final "de Rubens y fue adaptada.
con algunas variaciones, por Melchor Pérez de Holguín,
que firmó en 1708 una obra de este tipo, que se encuentra actualmente
en el Museo Nacional de Arte de La Paz. Quispe Tito hizo uso del
mismo modelo en su ''Juicio Final" del monasterio franciscano de Cuzco.
Sin embargo, la más extraordinaria pintura de San Miguel es la de
la iglesia de San Pedro, en La Paz, en razón de sus dimensiones,
de su excelente estado de conservación y del revestimiento dorado
que la cubre.
El cuadro de Zurbarán que se encuentra en el monasterio de
la Concepción en Lima, sirvió igualmente de modelo a varias
obras: Zurbarán ejerció una gran influencia en la pintura
americana, aún cuando sus santas son más populares que sus
ángeles.
Los ángeles y el mundo indígena
El éxito de la amplia difusión de las series de ángeles
en el Altiplano merece ser resaltado. sobre todo si tomamos en cuenta la
rareza de esta iconografía, cuyas fuentes deben ser buscadas en los
apócrifos y en las iglesias minoritarias del cristianismo, como ser
la iglesia Copta, que venera a Uriel.
El análisis de las series de ángeles militares muestra que
éstos llevan nombres como Uriel, Zabriel, Letiel, Alamiel. Estos
nombres vienen del libro apócrifo de Enoq, que no sabemos como llegó
a América: corresponden a los ángeles corruptos citados en
los capítulos VI y VII del Libro de los ángeles. En este texto,
los nombres y las funciones de los ángeles son los siguientes: Baradiel,
príncipe del granizo; Baradiel, príncipe del rayo; Galgaliel,
príncipe del sol; Kokbiel, príncipe de las estrellas; Laylahel,
príncipe de la noche; Matariel, príncipe de la lluvia ; Ofaniel,
príncipe de la luna; Raamiel, príncipe del trueno; Raaziel,
príncipe de los terremotos; Rhatiel, príncipe de los planetas;
Ruthiel, príncipe del viento; Salgiel, príncipe de la nieve;
Samziel, príncipe de la luz del día; Zaamael, príncipe
de la tempestad; Zaafiel, príncipe del huracán; Zawae, príncipe
del torbellino; Ziquiel. príncipe de los cometas.
Los ángeles que llevan estos nombres representan los fenómenos
naturales, las estrellas y los planetas. Se debe añadir al ángel
caído, Lucifer, representado por Venus, el Lucero, la única
que no tiene una ubicación fija en el firmamento y cuyos vaivenes
dan la impresión de que está cayendo. Aquí encontramos
la costumbre muy antigua de imaginar a los ángeles como la personificación
de fenómenos naturales. De una u otra forma, los religiosos que se
encontraban en América tuvieron conocimiento de esta relación
entre los ángeles y los fenómenos celestes y crearon las series
de ángeles con estos nombres, con el fin de que la fe cristiana reemplace
a la idolatría hacia los astros. Esto podría ser la explicación
del éxito de las series angélicas en la población indígena.
La importante propagación de las series de ángeles en los
Andes se explica igualmente por la existencia de fraternidades indígenas
en las iglesias jesuitas. Los jesuitas, que constituían una nueva
orden religiosa, no tenían sus propios santos. Dedicaban por consiguiente
sus iglesias a San Pedro, San Pablo, Nuestra Señora del Loreto y
a San Miguel. De esta forma es que una fraternidad indígena de Lima
era puesta bajo el patrocinio del arcángel, o que en 175O, durante
una insurrección fallida, indígenas vestidos de ángeles
se alzaron en armas aprovechando las festividades.
En el cuadro "La Procesión del Corpus Christi". que vemos
en Cuzco, se observa a un grupo de indígenas vestidos de ángeles.
Marchan con su uniforme militar. sombreros de plumas y llevan fusiles y
banderas. Encontramos igualmente ángeles con sombreros de plumas
en ciertas pinturas, Como la que se ve en San Francisco, Cuzco.
Los indígenas se identificaban con las series de ángeles y
se esforzaban por mantenerlos vivos en su folklore. La danza conocida como
Chatripulis, aún practicada en los suburbios de La Paz, es testimonio
de ello. Indígenas bailan vestidos de ángeles, llevan una
falda blanca, prendas femeninas, un chaleco y una camisa. Dos pequeñas
alas van atadas al chaleco. Una cinta sujeta algunas plumas sobre la cabeza.
Los demonios, que figuran raramente en las pinturas, participan en las danzas
tradicionales. Tal es el caso de la Diablada de Oruro, La Paz y Puno. Originalmente,
esta danza era una pieza de teatro alegórica y religiosa, que representaba
los siete pecados capitales derrotados por San Miguel. Un manuscrito del
obispo Martínez Trujillo, conservado en Trujillo, constituye
la más antigua referencia de esta danza, siendo el grupo que mejor
conserva la tradición el que baila el 16 de julio en Paucartambo,
para la fiesta de la Virgen del Carmen. La Diablada boliviana es bailada
por grupos de más de cien personas, precedidas por San Miguel y Lucifer.
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José
de Mesa y Teresa Gisbert
Fuente: http://www.bolivian.com/angeles/angarcg.html
Fotos: AlterGuía |
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