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LA ESCRITURA DE LOS DIOSES

El escritor e historiador gaditano Juan Francisco Romero ha presentado recientemente las extraordinarias conclusiones de sus últimas investigaciones sobre las distintas pinturas rupestres halladas en la Provincia de Cádiz. Sus pesquisas han sorprendido incluso al propio autor, que le ha llevado a plantear que en una época indeterminada del Epipaleolítico seres provenientes de otros planetas tuvieron un estrecho contacto con los primitivos habitantes de la Tierra. Como el mismo Juan Francisco ha explicado en exclusiva para INVESTIGACIÓN lo que en un principio era una obra más, dentro de su dilatada carrera como divulgador histórico, con el preliminar nombre de Cuestiones en torno al Arte Rupestre en la provincia de Cádiz se convirtió “no por mi opinión preconcebida, si no por la información recibida de las propias pinturas -nos indica Romero- en un libro heterodoxo que marca un punto de inflexión en mi trayectoria”. Su arriesgada y sugerente hipótesis comenzó a fraguarse tras observar que muchos signos integrados en las pinturas rupestres, eran totalmente desconocidos para la ciencia oficial, y que esta se limitaba a denominarlos genéricamente como ancariforme, oculados, en i griega, cruciformes, golondriforme, etc, sin otorgarles ningún tipo de significado específico. Para Romero estaba claro que esos dibujos debían de tener su correspondiente sentido y pronto hallo algo que le dejo estupefacto. Muchos de esos símbolos aparentemente alegóricos representaban para el autor de la Escritura de los Dioses; espermatozoides (pag 53), óvulos (pag 62), embriones (pag 67) y complejos procesos de nuestra ciencia molecular como por ejemplo una mitosis celular (pag 91). “Existe un amplio repertorio de signos que de ninguna manera han podido ser dibujados por nuestros antepasados,- expone el autor- pues los conocimientos tecnológicos necesarios para llevarlos a cabo, entre otras cosas, representaciones microscópicas, eran totalmente imposibles para una comunidad primitiva de recolectores y cazadores que utilizaban útiles de Sílex.

Romero cree que los propios extraterrestres dibujaron o indujeron de alguna forma a que nuestros antepasados dejaran testimonios escrito (en este caso mediante dibujos) de su presencia en los albores de la historia. Y que mejor forma de llevarlo a cabo que representar en las cuevas y abrigos de nuestro planeta, dibujos de elevados conocimientos biológicos y genéticos que en un futuro no muy lejano, serian reconocidos por las generaciones venideras de aquellos primigenios habitantes. “Tal vez “ellos”, -postula el autor barbateño- para no influir demasiado en el desarrollo de nuestra civilización, de una forma inteligentísima, utilizaron el método de escritura de aquellos grupos de personas, “camuflando” sus estudios en las paredes de las cuevas, para que solo pudiéramos “descifrarlos” en un determinado momento”.
   
  Juan Francisco Romero llega aun más lejos en sus afirmaciones, al declarar que existen explícitas representaciones de los propios “Dioses” en sus vehículos espaciales.

En la cueva más trascendental para su trabajo El Tajo de las Figuras (Cádiz), puede observarse dos enormes seres provistos de aletas y escafandra, muy similar a la de nuestros modernos astronautas, ambos seres se hallan en el interior de una esfera (pag 28). En otra pintura puede
José A. Caravaca junto al autor del libro
   
distinguirse mejor las aletas que portaban aquellas entidades en los pies que son muy semejantes a las utilizadas por los buzos (pag31). Incluso existen dibujos mas inverosímiles, en los que se contemplan seres con antenas que parecen estar alrededor de un artefacto parecido a un cohete, donde uno de ellos sostiene una escalerilla de mano (pag40), ésta imagen se halla en la cueva de Puerto Palacios (Cádiz).

“Esto no es mas que el principio -nos asegura Romero al pie del Tajo de las Figuras- de una apasionante investigación, que me ha llevado a buscar mas y mas pruebas de la presencia en nuestro pasado de seres extraterrestres, en próximos trabajos espero seguir desarrollando y ampliando esta hipótesis, en las transcripciones debe de haber información sobre la procedencia de los extraterrestres, e incluso estoy convencido de que existen tumbas donde reposan los restos de algunos de estos seres, pero de eso ya me ocupare a su debido tiempo...”

Para solicitar ejemplares al autor: 626096744

¿Una misteriosa casualidad?

Hace varios años, Juan Francisco Romero, mientras investigaba en un yacimiento arqueológico en la Garganta del Bullón (Barbate CÁDIZ), perteneciente al periodo epipaleolítico, encontró un misterioso canto rodado con unas no menos misteriosas inscripciones. Dicha piedra contiene varios dibujos, aunque tenues por el inexorable paso del tiempo, basados en palos y ceros. El canto rodado podría datarse, según Romero, en unos 12.000 u 8000 años de antigüedad, e ignora el motivo del por qué nuestros antepasados quisieron dejar éste extraño testimonio escrito.

No deja de sorprender su semejanza, con el caso de los Villares, tanto por los símbolos implicados como por hallarse también dibujados en una piedra, ¿coincidencia....?

Como recordarán todo surgió a raíz del testimonio de Dionisio Avila, jubilado de un pueblecito de Jaén, que aseguraba que unos supuestos extraterrestres le entregaron una misteriosa piedra (el “lucerillo”) con algunos no menos enigmáticos grabados entre los que destacaban tres que también observó en la nave; I O I. El investigador granadino y buen amigo Juan vallejo acertó a descubrir parte del mensaje que encerraba la piedra al comparar los signos que portaba con el lenguaje quizás mas antiguo de la humanidad, el Tifinagh (Bereber), ofreciendo un mensaje aparentemente coherente. No obstante las pesquisas aun no han concluido en este sentido y el futuro puede reparar nuevas sorpresas.

   
         
 
José A. Caravaca
jacaravaca@ono.com
España

Colaboración
   
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