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NUEVA
YORK
(Reuters) -- El anuncio de la clonación del primer ser humano hace
pensar, no sin preocupación, que la ciencia ficción está
a punto de convertirse en realidad.
Sin embargo, muchos científicos se han pronunciado en contra del
mito de la clonación alegando que la idea de una réplica exacta
de un ser humano, o de un ejército de soldados idénticos marchando,
es absurda.
Según los científicos, independientemente de los temores de
la gente, un clon nunca sería una réplica de la persona clonada
sino algo más parecido a un hermano gemelo que nace dos o tres generaciones
después.
"Incluso los gemelos idénticos,
en los que el ADN es idéntico, son diferentes debido a la influencia
del medio ambiente, explicó Janet Rowley, profesora
de medicina de la Universidad de Chicago y miembro de la Junta de Bioética
de la presidencia de Estados Unidos, que se reunió para debatir
este tema a principios del 2002.
La relativa influencia de los genes frente al medio ambiente en el desarrollo
de un individuo constituye un debate que se ha prolongado por más
de un siglo, enmarcado generalmente en el contexto de "naturaleza
contra crianza".
Sir Francis Galton, psicólogo británico
del siglo XIX y primo de Charles Darwin, introdujo la
idea de que las principales características de la humanidad son
hereditarias y que la sociedad podría y debería reproducirse
de manera selectiva para mejorarse, lo que se conoce como eugenesia.
Los casos en los animales
Gran parte de la preocupación pública sobre la clonación
está fundamentada en la posibilidad de que la eugenesia se lleve
a la práctica. Las creencias asociadas con la compañía
que llevó a cabo la supuesta clonación del primer ser humano
han exacerbado estos temores.
Dicha compañía, Clonaid, considera que
seres extraterrestres crearon a la humanidad.
La mayoría de los científicos concuerda con que es irresponsable
clonar seres humanos porque el procedimiento no se ha perfeccionado con
animales.
Científicos han clonado ovejas, vacas, ratones y otros animales
con resultados mixtos. Algunos de los clones han desarrollado defectos
posteriormente y los científicos temen que lo mismo pueda sucederles
a los clones humanos.
"Resulta muy difícil imaginar que pronto comprenderemos todo
lo que esto involucra, por lo que hacerlo con seres humanos es una locura",
dijo Barry Zirkin, presidente de la división de
biología reproductora de la Universidad Johns Hopkins.
La presidenta de Clonaid, que pertenece a la secta de los Raelianos,
un grupo que cree que la vida en la Tierra fue creada por clonaciones
de extraterrestres que llegaron hace 25.000 años, anunció
el viernes pasado en Florida que había logrado el primer clon de
un ser humano, pero no ofreció pruebas.
Algunos científicos consideran que sólo se necesita tiempo
para perfeccionar la técnica de la clonación. Otros alegan
que en ciertas situaciones sería adecuado clonar. Por ejemplo,
como procedimiento sustituto de la fertilización in vitro para
parejas no fértiles.
Aun cuando la clonación consiste en el trasplante de un núcleo
celular completo y no de genes específicos --lo que constituye
el principio detrás de la ingeniería genética-- es,
de hecho, un intento de producir un bebé con características
determinadas.
De película
La idea de reproducir a determinadas personas, ya sea a escala individual
o masiva, ha tenido efectos siniestros y cómicos en la cultural
popular.
En la comedia de ciencia ficción "Sleeper" (El dormilón),
dirigida por Woody Allen en 1973, el personaje encarnado
por el propio Allen se ve 200 años en el futuro haciendo fracasar
un plan para clonar a un difunto tirano al robar lo que quedaba del dictador:
su nariz.
En la película de 1978, "The Boys from Brazil" (Los niños
del Brasil), basada en la novela de Ira Levin, el médico
nazi Josef Mengele trabaja en el Amazonas para clonar a Adolfo
Hitler y recrear el Tercer Reich.
Pero muchos científicos opinan que, independientemente de lo terribles
o cómicas que estas escenas parezcan, siguen siendo una fantasía.
"Los genes no fueron los culpables de que Hitler fuera como fue",
dijo Bonnie Steinbock, profesora de filosofía
de la Universidad Estatal de Nueva York, en Albany, quien se dedica al
estudio de la bioética.
"Si uno tratara de clonar a Hitler, podría obtener (un clon
con) la personalidad de Thomas Jefferson", agregó.
Esto podría desalentar a quienes imaginan que pueden reemplazar
a un ser querido que ha fallecido.
La clonación "no reemplazará a un niño que ha
muerto", dijo Zirkin. "Sería terrible para un niño
crecer pensando que es el sustituto o sustituta de alguien que murió".
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