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La religión y la política siempre han ido peligrosamente
de la mano. Los cristianos fundamentalistas han mirado hacia atrás
y han introducido un movimiento anticientífico dentro de
la política de los EE.UU.
El resurgimiento de partidos políticos islámicos militantes
ha restablecido conceptos que se creían fenecidos junto con
la Era de la Obscuridad. Pero hay otro movimiento, menos conocido,
que ha ido entreabriendo silenciosamente las puertas del poder en
los cinco continentes. El Opus Dei, la polémica organización
que está en el corazón de la Iglesia Católica
Romana, intenta recrear una alianza entre el mundo espiritual y
el mundo secular, algo que se intentó por última vez
durante el Renacimiento, con resultados catastróficos.
En los países en los que tiene una fuerte presencia, el Opus
Dei trabaja en silencio y con tenacidad para asimilar la política
del gobierno a la del Vaticano. Pero sus gestiones para introducir
un neo-Renacimiento en el mundo católico, hasta ahora han
producido resultados contradictorios.
Debido a que constituyen un grupo cerrado y disciplinado guiado
por una ideología autoritaria, los estrategas del Opus Dei
han cosechado grandes éxitos en el Vaticano. Bajo el mandato
de Juan Pablo II, la organización se ha convertido en la
fuerza dominante dentro de la Curia Romana, el cuerpo de 2500 prelados
y seglares de confianza que gobierna la Iglesia Católica.
Las maniobras del Opus Dei despiertan un sinfín de comentarios
en Roma, donde situarse en el lado equivocado de la Obra de Dios
no es algo que se pueda tomar a la ligera.
Sin embargo, el Opus Dei es un recién llegado a la estructura
de poder del Vaticano. Fundado en 1928 por José Mª Escrivá,
hijo de un comerciante aragonés arruinado, que encontró
poder y fama en la carrera eclesiástica. El ascenso a la
influencia y a la fortuna del Opus Dei no ha sido corto ni espectacular.
En tanto fenómeno religioso estuvo estrechamente ligado a
la política de la España de Franco. Hoy, según
el Annuario Pontificio (el anuario del Vaticano), el Opus Dei cuenta
con 80.000 miembros en todo el mundo, de los cuales alrededor de
2000 son sacerdotes.
Al ser la única diócesis flotante -lo que se conoce
como prelatura personal- está gobernada por un prelado general,
que posee el rango de obispo y opera por encima y más allá
de la autoridad de los obispos locales. Se dice que es más
rico que muchos estados del Tercer Mundo, pero el Opus Dei no publica
informes financieros ni listas de miembros y sólo da cuentas
al Papa cada cinco años.
Aunque tiene sus cuarteles generales en el opulento distrito Parioli
de Roma, el Opus Dei se proclama "pobre" y dice no poseer
los medios para llevar adelante una agenda política. Afirma
que su única preocupación es el bienestar espiritual
de sus miembros. Esto es muy dudoso porque cuanto más se
sabe del Opus Dei, es más evidente su naturaleza secreta
y elitista. Su objetivo primario es devolver a la Iglesia Católica
su puesto central en la sociedad, como en la época medieval.
Visto así puede no resultar peligroso, pero el Opus Dei posee
muchas de las características de una secta peligrosa. Sus
miembros -que se dividen en dos clases: solteros y casados- se someten
a un rito de iniciación secreto. Se jura obediencia al prelado
general y a "otras personas autorizadas de la prelatura".
Una vez introducidos deben someterse a lo que se conoce como "normas
formativas", una forma de condicionamiento mental. Ellas incluyen
el informe semanal a un "director" que tiene derecho a
supervisar todas sus actividades personales y profesionales. Confesarse
una vez a la semana con un sacerdote del Opus Dei es prescriptivo.
Los solteros consagrados deben llevar cilicios regularmente - un
objeto punzante metálico, usado por las comunidades católicas
en la Edad Media- y practicar la autoflagelación. A los miembros
casados se les estimula para que sus hijos asistan a las escuelas
del Opus Dei. Las escuelas sirven como centros de reclutamiento.
Al Opus Dei se le ha acusado de ser una iglesia dentro de la Iglesia.
Tiene su propia doctrina que pretende ser de inspiración
divina. Aún más, es la única organización
Católica Romana -aparte de la propia Iglesia- que cree que
ha sido creada por Dios.
La mayoría de las sectas practican el culto al fundador.
En este caso el Opus Dei se ha propuesto tener a Escrivá,
que murió en 1975, declarado santo antes del milenio. Pero
algunos católicos prominentes han protestado alegando que
la canonización debilitaría la credibilidad de la
Iglesia. Uno de los teólogos dirigentes de España,
Juan Martín Velasco, señaló: "no podemos
poner como modelo de vida cristiana a alguien que ha servido al
poder del Estado y que ha usado ese poder para catapultar su Obra,
que ha dirigido con criterios obscuros -como una mafia de guante
blanco- sin aceptar el magisterio papal cuando no coincidía
con su manera de pensar".
Tales
sólidas protestas no han inmutado a Juan Pablo II, cuya opinión
acerca de la santidad de Escrivá y la consideración
en la que tiene al Opus Dei es bien conocida.
En 1978, pocos días antes del primer Cónclave después
de la muerte del papa Pablo VI, (en él se eligió
al papa Juan Pablo I, quien murió sólo
treinta y tres días después) el futuro papa visitó
la sede de Villa Tevere y rezó en la tumba de
Escrivá. Tras la muerte del sucesor del fundador, el
obispo Álvaro del Portillo, en 1994, Juan Pablo II volvió
a la prelatura y se arrodilló ante el féretro
durante el funeral del prelado general. Esta ruptura del protocolo
-el Papa sólo se arrodilla ante los restos mortales
de un cardenal- fue contemplado por muchos como un signo de
fidelidad a la organización que no regateó
esfuerzos para elevarlo al trono papal.
A pesar de la oposición del principal consejero de Pablo
VI, cardenal Giovani Benelli, en noviembre de 1982, Juan Pablo II
elevó al Opus Dei a la posición de única prelatura
personal. Benelli murió de un repentino ataque al corazón
el mes anterior. Desde entonces el entorno de la casa papal cada
vez más se ha situado bajo el dominio del Opus Dei.
La Obra y sus aliados controlan los hilos de la política
papal y el Vaticano, después de años de déficits,
vuelve a tener beneficios. Se dice que el secretario papal Stanislaw
Dziwisz, es un asociado del Opus. Durante los viajes papales Dziwisz
procura saludar a los miembros locales de la forma usual en el Opus
Dei. El arzobispo del Opus Dei, Julián Herranz, uno de los
miembros más poderosos de la Curia romana, es copresidente
del Consejo Papal. Los dos presidentes son decididos defensores
del Opus Dei, y uno de ellos ha dado testimonios claves al tribunal
romano que investiga la santidad de Escrivá. El portavoz
del Vaticano Joaquín Navarro Valls, un miembro célibe,
tiene un estatus ministerial en el entorno papal.
En el frente seglar, el Opus Dei está bien representado en
toda América Latina, en donde se ha introducido en todos
los ámbitos militares y financieros. Por ejemplo en Perú,
el Opus Dei ha creado una coalición de empresarios, banqueros
y políticos que dieron su apoyo al presidente Alberto Fujimori.Cuando
los rebeldes de Tupac Amaru asaltaron la embajada japonesa el pasado
diciembre, manteniendo rehenes durante 126 días, Fujimori
nombró intermediario al Arzobispo Juan Luis Cipriani, de
la diócesis montañosa de Ayacucho, por encima del
Arzobispo de Lima, Cardenal Augusto Vargas Zamora, un jesuita. Cipriani,
uno de los siete obispos del Opus Dei en Perú, ahora es el
candidato favorito para suceder al Cardenal Vargas, que ha sobrepasado
la edad de la jubilación, como arzobispo de Lima, lo que
tradicionalmente significa promoción para obtener el capelo
cardenalicio.
La suerte del Opus Dei en Europa no ha sido tan decisiva. España
es la excepción, donde su influencia política ha retomado
considerable fuerza tras la victoria electoral del conservador José
Mª Aznar. Un devoto católico cuya esposa está
próxima al Opus Dei. El gobierno de Aznar es una red de dignatarios
del Opus Dei.
La ideología política del Opus Dei ha cambiado poco
desde 1950, cuando dos de sus estrategas, Rafael Calvo Serer, entonces
director del Instituto Español de Londres, y Florentino Pérez-Embid
publicaron sus tratados sobre el opus Dei como un revitalizador
católico de alcance mundial.
Sostenían que la emergencia de una nueva España dentro
de la Comunidad Europea representaba una oportunidad ofrecida por
Dios para recrear una forma de Catolicismo militante iniciado por
el Emperador Carlos V en el siglo XVI. Carlos V fue conocido como
virrey de Dios en la tierra. Su política imperial situó
a España en la cima de su éxito creativo, pero también
agravó la fricciones entre Católicos y Protestantes
europeos y terminó arruinando al imperio. No obstante, colocó
en el trono de Pedro a dos papas de su elección.
Calvo Serer y Pérez-Embid argumentaban que, con un secularismo
galopante dominando el mundo occidental, la única forma de
revitalizar la Cristiandad era recuperar la cruzada Católica
de Carlos V - ahora no sólo con los recursos de una nación
sino a través de un poderoso y vital movimiento Católico
transnacional, encabezado por el Opus Dei. Al igual que el viejo
Imperio, la moderna Liga Santa del Opus Dei iba a tener antenas
de largo alcance en Latinoamérica y en los Estados Unidos.
La influencia del Opus Dei americano despuntó durante la
administración Reagan. La prelatura colocó a sus agentes
dentro de la Casa Blanca y reclutó miembros de segunda fila
en el Pentágono. Con Clinton la situación es más
ambigua, excepto en el caso del FBI cuyo director, Louis Freeh,
se dice que es un miembro supernumerario (no célibe). Cuando
se le pidió que ratificara tal supuesto, Freeh declinó
responder y lo hizo en su lugar un agente especial del FBI. ( El
portavoz oficial del FBI en Washington nunca había oído
hablar del Opus Dei).
"Aunque no puedo responder a cuestiones específicas,
observo que les han `informado´ erróneamente"
dijo Jhon E. Collingwood, sin dar más detalles.
Sin embargo, parece que era presisamente el agente especial Collingwood
quien estaba mal informado, puesto que al poco el Opus Dei admitió
que el hermano de Freeh, Jhon, era el director célibe de
un gran centro de la Obra en Pittsburg.
En Bélgica, Francia, Alemania e Italia, miembros del Ops
Dei están bien situados en sectores comerciales y de banca
y dentro de la burocracia de los gobiernos. El Opus Dei fue presentado
a la aristocracia católica europea por la Reina Fabiola de
Bélgica, que emparenta a través de la Casa de Aragón
con la rama española de los Borbones. Uno de los reveses
más amargos del Opus Dei ocurrió a comienzos de este
año cuando una comisión parlamentaria belga puso a
la organización en la lista de sectas religiosas peligrosas,
proponiendo una legislación para someterla a estricto control.
El Opus Dei sufrió otro retroceso con la victoria socialista
en Francia, donde tiene fuertes conexiones en el sector empresarial.
La mujer del presidente Chirac, Bernardette Chodron de Courcel,
aunque no es miembro, es una gran simpatizante del Opus Dei. Algunos
miembros del Opus Dei ocupan puestos importantes en el gabinete
de Alain Juppé, controlando la política gubernamental
y las comunicaciones sociales, proponiendo legislación para
volver a penalizar la homosexualidad y jugando un papel decisivo
para la privatización de TF1, el canal de televisión
nacional.
La presencia del Opus Dei en el Reino Unido aunque está bien
encaminada no es tan relevante. Su red de colegios, que reciben
subsidios de fondos del Estado, se concentra en Londres, Manchester
y Glasgow. Sin embargo, el Opus Dei acaba de instalarse en Belfast,
donde sus miembros dirigen un club juvenil llamado Citywise relacionado
con varios colegios de Irlanda del Norte. Un club similar existe
en Dublín. Ambos tienen apoyo de la Unión Europea
dentro del programa de la juventud para Europa.
Es parte del modus operandi del Opus Dei no gastar del propio dinero
para financiar "buenas obras" excepto como último
recurso. Por el contrario, siempre hace uso de los medios de otros,
públicos o privados. Los apoyos financieros de los proyectos
del Opus Dei muchas veces son fundaciones privadas o entidades públicas
como US AID, Adveniat en Alemania, Unesco (cuyo director general,
Federico Mayor Zaragoza es del Opus Dei) o las instancias públicas
de la Unión Europea, donde la Obra está muy bien representada.
Las escuelas del Opus en Kenya y Nigeria las financia parcialmente
el gobierno británico. El Dr. Jhon Roche, por entonces numerario,
permaneció diez años como director del colegio Strathmore
en Nairobi. Durante este tiempo el gobierno británico pagó
un tercio de su salario en una cuenta en Londres, pero a los miembros
numerarios se les exige devolver su salario a la prelatura. En este
caso la suma total era de 25.000 libras.
Tras dejar el Opus Dei, Roche, -ahora lector en Oxford- interpuso
una demanda en el Tribunal Supremo de Londres para recuperar esta
parte de su salario retenida en el Reino Unido y otras sumas que
adelantó a la prelatura. El Opus Dei ganó el caso
negando que le debiera nada. Más tarde, Roche y sus abogados
cuestionaron la autenticidad de ciertos documentos presentados por
los defensores. Posteriormente los abogados del Opus Dei admitieron
que "algunas de las cartas expuestas no habían sido
escritas en la fecha que indicaban sino en 1976" después
de archivar el caso. A Roche se le pidieron disculpas y recibió
6.500 libras como parte de un acuerdo amistoso.
Si, como es de esperar, el Arzobispo Cipriani recibe un gorro rojo
en el próximo Consistorio -la reunión de los cardenales
con el Papa- será el primer cardenal del Opus Dei. Como conservador
latinoamericano, joven (53 años) y de formación deportiva
(fue atleta olímpico) constituye un excelente candidato papal
para el próximo Cónclave. Con los 77 años del
Papa Juan pablo II y su pobre salud muchos piensan que el próximo
Cónclave no puede estar muy lejos. Si sale elegido un Papa
del Opus Dei, los hijos de José Mª Escrivá habrán
creado con éxito una estructura de poder neo-Renacentista
de sorprendentes paralelismos con la que construyó el Virrey
de Dios en el siglo XVI. |