|
|
|
| Hace
más de 3.500 años, un tal Moisés,
que se supone ha sido el único hombre que ha visto a Yahvé
en persona desde que éste decidió hacer un mundo en
siete días y dotar a los monos de conciencia para que pudieran
pensar y convertirse en seres humanos (esto no es una apreciación
personal, es un dogma católico), se subió a una montaña
y bajó de ella con unas tablas de piedra en las que estaban
escritos Los Diez Mandamientos.
¿Quién era Moisés?. Resulta que era el hijo
de una mujer “hebrea” que lo abandonó en el Nilo,
y que fue adoptado indirectamente por el faraón de aquella
época, convirtiéndole en un príncipe de Egipto
(para más información véanse “Los Diez
Mandamientos” de Charlton Heston y “El
Príncipe de Egipto”, musical de Disney).
Cierto día que iba paseando por el desierto, Moisés
se encontró con Yahvé, que decidió manifestársele
en forma de zarza que ardía sin consumirse y le convenció
para que liberase a su pueblo de la opresión del faraón.
Moisés liberó a su pueblo de la esclavitud y les guió
en la búsqueda de la tierra prometida por Yahvé.
Dos hechos llaman mi atención sobremanera en ésta
huida de Egipto y búsqueda de la tierra prometida:
Primero: Moisés hizo creer a un pueblo de esclavos que había
hecho un milagro separando las aguas del mar Rojo para que ellos
pudieran pasar sin mojarse. 900 años más tarde (lustro
más, lustro menos) un rey macedonio llamado Alejandro Magno,
que había conquistado medio mundo, se acongojó al
ver cómo subía y bajaba la marea del río Indo
y se dio media vuelta. Imaginemos por un momento, si a un ejército
que había conquistado prácticamente todo el mundo
conocido, le daba miedo ver cómo cambiaba el nivel del mar,
¿Qué pensarían unos esclavos que en su vida
habían salido de los campos de trabajo de Egipto?.
|
|
 |
|
Segundo:
Moisés tardo 40 años en llevar a su pueblo desde
Egipto a lo que hoy en día es Israel. Sí, 40 años
tardó en recorrer unos 1.000 Km. Y todo esto porque les
guiaba una nube durante el dia y una estrella durante la noche,
ambas enviadas por Yahvé, aunque según ufólogos
actuales, entre los que se encuentra el famoso escritor de los
Caballos de Troya, J.J. Benítez, lo
que guiaba a Moisés y su pueblo era un OVNI que se disfrazaba
de estrella de noche y de nube de día.
Se dice que existe un texto antiguo, ocultado por razones obvias,
en el que se narra como los contemporáneos de Moisés
le pusieron el mote de “Paloma Mensajera” por su
sentido de la orientación.
Volvamos ahora al contenido de esas dos tablas de piedra que
bajó Moisés del monte Sinaí. Esas tablas
contenían Los Diez Mandamientos que Yahvé había
dado a su pueblo; unos mandamientos sagrados de obligado cumplimiento
que, cualquiera que decida analizarlos |
Recreación
de Moisés con las tablas de los 10 mandamientos |
|
|
|
|
objetivamente
olvidándose de todos los prejuicios que le proporciona su religión,
podrá ver que se trataba simplemente de unas normas político-sociales
para la convivencia entre clanes, pero sobre todo, para favorecer
el mando y las propiedades de los patriarcas.
Los actuales tres primeros “YO SOY EL ÚNICO DIOS”,
“NO ADORARÁS A OTRO QUE A MÍ”, Y “SANTIFICARÁS
LAS FIESTAS” eran en realidad uno sólo: la idea de Dios
servía en aquel tiempo en que no había conciencia clara
de patria o estado, como elemento creador de una unidad tribal, a
través de un Dios propio. Lo de santificarás las fiestas
no era otra cosa que la obligación de acatar leyes y tradiciones.
El “AMARÁS A PADRE Y MADRE” estaba montado de cara
a conseguir que los jóvenes, que eran los guerreros de la tribu,
y en consecuencia los poseedores de la fuerza real, fueran sumisos
a los viejos patriarcas, dueños de los rebaños, y en
una palabra, del poder económico, que se conseguía a
lo largo de los años y se mantenía gracias al orden
y leyes preestablecidas.
“NO DESEARÁS LA MUJER DE TU PRÓJIMO” NI
“CODICIARÁS BIENES AJENOS” servía simplemente
para evitar que los jóvenes sin mujer ni propiedades robaran
mujer y rebaños para establecerse por su cuenta en clanes independientes.
“NO FORNICARÁS NI COMETERÁS ACTOS IMPUROS”
quería decir que nada de sexo sin previa purificación
del rito del matrimonio, que es lo mismo que decir previo pago al
padre por la hija de las cabras y camellos que tenía que entregar
el novio si quería darse un gustito.
Los mandamientos de “NO ROBARÁS” Y “NO MENTIRÁS”
también eran uno sólo y muy fácil de entender:
En una sociedad basada en el trueque, era necesaria una cierta ética
comercial que evitara el robo y el engaño en las transacciones
económicas, y quien mejor que Dios para poner esas leyes.
Por último, el mandamiento de “NO MATARÁS”
se refería sólo a los miembros de la propia tribu, pero
en absoluto a la matanza de enemigos ni a la guerra con otras tribus.
Simplemente véase el caso de los pobrecitos aldeanos de Jericó
en tiempos de Moisés o los Palestinos hoy en día.
Éstas famosas tablillas fueron guardadas, junto con un trozo
de maná en un arca de oro, que fue depositado en el templo
que un rey posterior, Salomón, construyó en honor a
Yahvé, pero esa es otra historia… |
|
|
|
|