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La
Cara Sucia de los Hechos
Este es un reportaje estrellado. Estrellado contra el temor de unos
"fieles" creyentes. Estrellado contra el temor del Obispado
a ver convertido un lugar de apariciones marianas en un verdadero
"mercado de la fe", del mismo tipo que los que presumiblemente
Jesús disolvía tiempo atrás.
El lugar: La ermita del Remei, a las afueras de Sant Vicenç
dels Horts (Barcelona), un enclave de tantos donde unos autoproclamados
feligreses, que se atreven a imitar, en número y esquema,
a los doce apóstoles (aunque hay que reconocer que se preocupan
de mantener el sacro lugar, motivo por el cual se sienten "dueños"
indiscutibles, no ya de la propiedad en sí, si no de lo que
allí suceda), se reúnen el día 5 de cada mes
desde hace varias décadas. Han llevado adelante una serie
de obras sociales; han sufrido la codicia de algunos de sus seguidores,
la crítica de la prensa local -según su opinión-,
han vivido éxtasis, visiones, revelaciones y promesas de
futuros milagros quedan aún suspendidas en el aire de esta
localidad catalana...
Dos miembros del equipo de redacción de la publicación
Años Luz, Marisol Roldán y José Antonio Roldán,
conocíamos el lugar, y lo que lo envuelve, en todos los sentidos,
por lo que organizamos una "pequeña visita para inspeccionar
los hechos sobre el terreno". En ningún momento nuestra
intención fue "llegar y desvestir el santo", pues
creemos en la libertad de opiniones y creencias, sólo queríamos
detalles e información, por lo que nos dirigimos, en nuestra
ingenuidad, a pedir permiso para llevar a cabo dicha investigación-reportaje
(creíamos, y aún hoy lo creemos pese a este extraño
percance, que la educación no iba reñida con todos
estos temas).
Desgraciadamente, nuestra misión informativa fue un rotundo
fracaso, y no nos duele afirmarlo -aunque en posteriores investigaciones
ampliamos documentación e informes, pese a la reticencia
de los "fieles del Remei"-. Eso si nos "divertimos
de lo lindo" con la "amable" bienvenida de alguno
de los Hermanos -no sé de quién-, y disfrutamos -eso
si es verdad- de una espléndida tarde rodeados de verdes
y renovadores pinares de aquellos parajes.
La fe de los asistentes nos pareció loable, el sitio delicioso,
se respira algo de espiritualidad en el ambiente -si es que la espiritualidad
se puede respirar-, que se ha mantenido a salvo del comercio que
suele apiñarse entorno a este tipo de reuniones marianas.
Incluso nos pareció encomiable el carácter afable
y la apostura de algunos -los menos- de los Hermanos, los humildes
que se dedican a los arreglos florales y en sus ojos se podía
leer la fe que le procesan a la Verge del Remei...de los otros mejor
nos guardamos la opinión, porque señores, realmente
somos cobardes, o mejor dicho, no tenemos medios suficientes para
afrontar los amenazadores consejos que nos procesaron los "Hermanos"
no tan humildes y mucho menos agradables (repito: hermanos, ¿de
quién?) . |
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Los
motivos alegados fueron vagos, aunque de peso -por lo menos
para ellos-, todo el peso que pueda tener la masa eclesiástica,
que según ellos les amenaza con clausurarles "la
libre acción" y la ayuda "terrenal monetaria"
de la que gozan. Y si miramos de reojo a la historia del omnipresente
poder de la Iglesia, no dudamos, ni por un instante, que se
sientan obligados a mantener oculto todo suceso (real o no)
que pudiera pasar allí. Pero lo que no logramos entender
-y nada de lo que nos dijeron cercenó nuestra duda- es
en qué derecho se creen los unos, Clero, y los otros,
¿Hermanos?, para continuar con el secreto "sumarial",
escondiendo las supuestas palabras y apariciones de la Virgen
María. ¿Acaso desde la perspectiva católica
sólo ellos tienen derecho unos cuantos al mensaje de
la Madre Universal?, ¿acaso es aceptable situar el listón
tan alto?, ¿acaso el "hecho religioso" sólo
está hecho, en exclusiva mundial, para los que se creen
-no digo "son", porque no creo que nadie se pueda
autoproclamar elegido de nada- elegidos? ...
...No hay
duda, son preguntas difíciles de responder, y no porque
su respuesta no sea obvia, que lo es (¡NO!), si no que
entre ella y la realidad fehaciente se interponen multitud de
contras que, en algunos casos rayan |
| Recreación
de una aparición mariana |
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la
paranoia colectiva.
No se puede discutir con el propietario si se puede invadir o no su
tierra (aunque ni siquiera la Tierra tiene límites, sólo
los morales humanos), sus posesiones o no, pero...¿no se puede
discutir con alguien -y que conste que la violencia dialéctica,
es tanto o igual que la física- sobre el poder compartir un
suceso plausiblemente extraordinario con toda la Humanidad?.
Aunque está
claro que avivar la llama de lo incomprensible no lleva a nada, si
es cierto que si "algo" sucede, tanto si es real como si
es ficción inducida, se debe (y no si se quiere) mostrar al
resto de los que por suerte o desgracia conforman esta, cada vez más,
enajenada orbe, este mundo de inefable destino.
A pesar de todo, "aquello", es decir las supuestas apariciones
de la Virgen, quizás siguen allí, y no creemos posible
que la inoperancia consciente de sus "Guardianes", hermanos
solamente de si mismos -y hasta eso pongo en duda-, ni la incompetencia
abusiva del orden impuesto puedan echarlo abajo -si es que hay algo
que derribar, lo cual desconocemos porque no hemos podido constatar
que así suceda-...y respecto al hechos de las apariciones donde
teníamos que haber escrito una amplia investigación
de campo, hemos terminado creando una amarga crítica que no
es más que el reflejo de nuestra humana incomprensión
ante acosos de la libertad de expresión, y añado, de
conocimiento de los hechos, como es este caso que nos ocupa .
En fin la labor de investigación de los fenómenos anómalos,
como se suele decir, no es un camino de rosas, pero hay que ser conscientes
de que tales fenómenos son ya de por si misteriosos y enigmáticos,
y ya sólo falta que para como una congregación -salvo
excepciones- de incautos cretinos ricen más aún el rizo
de los hechos...pero aún así las personas que nos dedicamos
a investigar estos hechos, según mi opinión, no nos
dejamos desalentar con facilidad, y quién sabe quizás
este "pequeño" fracaso fue la base angular de posteriores
casos que tuvieron una resolución más positiva. Y citando
al poeta latino Terencio "Homo sum, humani nihil a me alienum
puto", más o menos traducido queda así "hombre
soy, nada humano me es ajeno", y nada como humanos nos debe de
pasar sin tan siquiera "picarnos" la curiosidad... ¿no
lo creéis así?... |
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