| Tratándose
de un tema sobre el cual ya se ha escrito e investigado en
demasía en variados artículos (Jaffé,
1966, 1968) y detallados libros (Jaffé, 1977; Wehr,
1987) de autorizados investigadores (Aniela Jaffé,
entre otros), me limitaré aquí a referir en
grandes rasgos el orígen biográfico del interés
de Jung por los fenómenos parapsicológicos,
que culmina indudablemente con su exposición acerca
de la teoría de la sincronicidad, "madurada"
aproximadamente entre los años 1930 a 1952, a lo que
se agregan algunas posteriores reflexiones en cartas (Jaffé
& Adler, 1972-1973).
Empezaré
con una cita del prólogo escrito por Jung al libro
de Fanny Moser (1950, p. 250): "En esta múltiple
y oscura área de investigación en la que todo
parece posible, y por lo tanto, poco susceptible de creerse,
se debería haber observado personalmente, y también
haber escuchado y leído muchas historias, y en lo posible
haberlas controlado por la interrogación de testigos,
para así poder Ilegar a un juicio medianamente sólido."
En el
segundo semestre universitario del invierno 1895-96 (Jung
hizo su estudios médicos en Zurich desde 1895 hasta
el semestre de 1900-01, inclusive), descubrió un pequeño
libro sabre fenómenos espíritas de los años
setenta, llamado Pequeño Manual de Aparecidos escrito
por un teólogo que trataba el orígen histórico
de estos fenómenos. La obra pertenecía a la
Biblioteca del padre de un compañero de estudios, que
era historiador de arte (Deri, 1935).
Por esa
época Jung perteneció a una asociación
estudiantil suiza llamada "Zofingia". Tornóse
un lector apasionado de autores coma el astrónomo alemán
Johann Karl Friedrich Zollner (1834-1882), y el fisico
británico Sir William Crookes (1832-1919), acerca
de quienes comentaba fervorosamente en la Asociación,
tildándoles de verdaderos mártires de la ciencia.
Jung leyó casi toda la literatura pertinente de la
época incluyendo a Karl du Prel (1830-1899),
Karl August Eschenmayer (1768-1852), el místico
cristiano Joseph von Gorres (1776-1848), el médico
alemán Justinus Kerner (1786-1862), Julius
Passavant, Los Sueños de un Vidente del filósofo
Emmanuel Kant, y por lo menos, siete volúmenes
del místico sueco Emmanuel Swedenborg (1688-1772).
Omitiremos
por razones de espacio los antecedentes hereditarios en la
familia de Jung, especialmente por línea materna. Y
acerca de esto, remitiré al lector a su ya citada discípula
Aniela Jaffé (1966), y al historiador psicólogo
Henri Ellenberger (1976, pp.735-836). Recordaré
que su madre, Emilie Preiswerk (1848-1923) fue quien
siempre apoyó sus lecturas, siendo inclusive testigo
de otros hechos de su vida que comentaremos a continuación,
los cuales sucedieron durante 1898. Ellos fueron también
resumidos por el psiquiatra C.G.Jung, en una primera carta
a J.B.Rhine (27.9.1934) (Jung le envió a Rhine
la foto del cuchillo para que lo colgara en su escritorio
(1):
"Durante
las vacaciones de verano sucedió algo que debió
influir en mi poderosamente. Un día estaba en el gabinete
de estudio y repasaba mis libros de texto. En la habitación
contigua, cuya puerta estaba entreabierta, estaba mi madre
haciendo calceta. Era nuestro comedor en el cual veía
la mesa redonda de madera de nogal. Procedía del ajuar
de mi abuela paterna y entonces tenia ya setenta años.
Mi madre estaba sentada frente a la ventana, aproximadamente
a un metro de distancia de la mesa. Mi hermana estaba en la
escuela y la criada en la cocina. De prontó se oyó
una detonación como un pistoletazo. Me levanté
de un salto y corrí al cuarto contiguo de donde había
oído la explosión. Ví a mi madre sobresaltada
en un sillón, su labor le había caído
de la manos. Dijo tartamudeando: Qué, qué ha
sucedido? Fue justo a mi lado!, y miraba sobre la mesa. El
tablero de la mesa se había roto por la mitad y no
por el sitio encolado, sino en la madera encerada. Quedé
atónito... ¿Cómo había podido
pasar tal cosa? Una madera naturalmente encerada, pero seca
ya desde hacía setenta años, que se abre en
un día de verano con una elevada humedad habitual para
nosotros. Hubiera resultado explicable en un día de
invierno frío y seco junto a una estufa ancendida.
¿Qué diablos pudo ser la razón de tal
explosión? Realmente existen casualidades extrañas,
pensé. Mi madre movió la cabeza y dijo con la
voz de su número dos: "Sí, si, esto significa
algo." Yo me sentí contrariado y disgustado por
no poder responder nada.
Aproximadamente
catorce dias después, llegué por la tarde a
las siete a mi casa y haIIé a mi madre, mi hermana
de catorce años, y la sirvienta, en plena excitación.
Hacia una hora que se habla oído de nuevo una explosión.
Esta vez no había sido en la ya deteriorada mesa, sino
en el aparador, mueble originario del siglo XIX. Habían
mirado ya por todas partes, pero no habían encontrado
ninguna grieta. Comencé inmediatamente a inspeccionar
detalladamente el aparador y lo inmediato a él, pero
sin éxito. Registré el interior del mueble y
su contenido. En el cajón, conteniendo la cesta del
pan, había el pan y junto a él, un cuchillo
cuya hoja estaba destrozada casi por completo. El mango estaba
en un rincón del cesto rectangular y en cada una de
las tres restantes había un trozo de la hoja del cuchillo.
Este se había empleado todavía a las cuatro
de la tarde y después se había guardado. Desde
entonces nadie lo habla tocado 2.
Días después llevó el cuchillo a uno
de los mejores afiladores de la ciudad. Escudriñó
los fragmentos con lupa y movió la cabeza: "Este
cuchillo -dijo- no tiene ningún defecto. El acero está
en buen estado. Alguien lo ha roto en pedazos. Esto se puede
conseguir, por ejemplo, introduciendo la hoja en el quicio
del cajón y rompiéndolo trozo a trozo. El acero
es de calidad. 0 quizás se ha dejado caer desde gran
altura sobre una piedra. Esto no puede estallar en absoluto.
Se ha hecho algo con él. Mi madre y mi hermana se encontraban
en la habitación cuando fuepon sobresaltadas por la
repentina detonación. En la número 2 de ellas,
mi madre me miró significativamente y no pude hacer
mis que callar. Me sentía enteramente desorientado
y no podía de ningún modo explicarse lo sucedido.
Esto me resultaba tanto más enojoso por cuanto debía
admitir que estaba profundamente impresionado. ¿Porqué
y cómo se partió la mesa y se quebró
el cuchillo? La hipótesis de la casualidad resultaba
del todo inadmisible. Lo de que el Rhin se desbordara eventualmente
alguna que otra vez, era para mí, muy improbable, y
otras posibilidades quedaban eo ipso descartadas. ¿Qué
podría ser?
Algunas semanas después, me enteré que ciertos
parientes se entretenían desde hacía tiempo
con mesas giratorias y tenían una "médium",
una muchacha jóven, de poco más de 15 años.
Desde hacia algún tiempo en este círculo pensaba
ponerme en contacto con esta médium, que caía
en estado de sonambulismo y producía fenómenos
inexplicables. Comencé a asistir a sesiones con ella
y otros interesados regularmente los domingos. Los resultados
fueron las transmisiones de pensamiento y los golpes en la
pared y la mesa. Los movimientos de la mesa eran dudosos,
se producían independientemente de la "médium".
Comprendí pronto que las condiciones limitadas eran,
en general,
inconvenientes. Me conformé con la evidente independencia
de los golpes en la pared y presté mi atención
al contenido de las transmisiones de pensamiento. Los resultados
de estas observaciones los he expuesto en mi tesis doctoral
3. Después de realizar experimentos durante dos años,
se manifestó una cierta languidez y sorprendí
a la "médium" intentando provocar los fenómenos
mediante trampas. Esto me determinó a interrumpir las
sesiones -muy a pesar mío, pués con ella había
aprendido como se forma una personalidad número dos,
como se asume una conciencia infantil y se integra finalmente
a ella. La muchacha era una "malograda". A los 26
años murió de tuberculosis. Lo ví todavía
una vez, cuando tenía 24 años y quedó
impresionado de la independencia y madurez de su personalidad.
Después de su muerte supe, por parientes, que en los
últimos meses de su vida fue perdiendo poco a poco
su personalidad, y regresó finalmente al estado de
un niño de dos años, en cuya fase cayó
en el último sueño."
En la segunda brave visita (de solo séis días)
que Jung hizo a Freud en Marzo de 1909 (la primera también
en Viena en compañía del doctor Ludwig Binswanger,
fue en marzo de 1907), lo hizo acompañado una vez más
de su esposa Emma Rauschenberg (1882-1955) y la relata
asimismo en su autobiografía editada por Aniela Jaffé:
"Me
interesaba oír las opiniones de Freud sobre
precognición y sobre parapsicología en general.
Cuando lo visité en 1909 en |
|
|
|
| Viena
y le pregunté que pensaba acerca de ello. De acuerdo
con su prejuicio materialista, rechazó totalmente la
cuestión como algo absurdo, basandose en un positivismo
tan superficial, que me fue difícil no responderle
con acritud. Transcurrieron todavía algunos años
hasta que Freud reconoció la importancia de la parapsicología
y la autenticidad de los así llamados "fenómenos
ocultos". Mientras Freud exponía sus argumentos,
yo sentí una extraordinaria sensación. Me pareció
como si mi diafragma fuera de hierro y se pusiera incandescente
-una cavidad diafragmática incandescente. Y en este
instante sonó un crujido tal en la biblioteca que se
hallaba junto a nosotros, que los dos nos asustamos. Creímos
que el armario caía sobre nosotros.
Tan
fuerte fue el crujido, que le dije a Freud: "Esto ha
sido un fenómeno de exteriorización de los denominados
cataIíticos".
"Bah,
-dijo él- esto si que es un absurdo."
"Pues
nó -le repondi- se equivoca usted, Señor Profesor.
Y para probar que llevo razón, le predigo ahora que
volverá inmediatamente a oírse otro crujido."
Y efectivamente,
apenas había pronunciado estas palabras, se oyó
el mismo crujido en la biblioteca!
La permanente
corriente parapsicológica Junguiana vuelve a manifestarse
una vez más en 1916 (Jaffé, 1966):
"Muy
paulatinamente se perfiló en mi un cambio. En 1916,
experimenté una inclinación por la creación
literaria. Me sentía -por así decirlo- impulsado
desde dentro a formular y expresar lo que en cierto modo podría
haber dicho Filemón. Así surgieron Jos Septem
Sermones ad Mortuos con su típico lenguaje. Con ello
comencé a experimentar una intranquilidad que no sabía
que significaba, o que es lo qua 'se' queria de mi. Existía
una atmósfera extrañamente cargada a mi alrededor
y tenía la impresión de que el aire estaba lleno
de entes fantasmagóricos. Entonces comenzaron a rondar
duendes por la casa. Mi hija mayor veía por la noche
una figura blanca atravesar la habitación. Mi otra
hija contaba, independientemente de la prinera -que le habían
levantado la manta de la cama dos veces por la noche y mi
hijo de nueve años tuvo un sueño terrorífico.
Por la mañana pidió lápices de colores
a su madre y él, que nunca había hecho un dibujo,
dibujó el sueño. Lo llamaba "El dibujo
del pescador." En medio del dibujo habla un río
y en la orilla estaba un pescador con la caña de pescar.
Había cogido un pez. En la cabeza del pez se hallaba
una chimenea a través de la cual salía fuego
y humo. Por la otra orilla Ilegaba el diablo volando por los
aires. Juraba que le habían robado el pez. Pero sobre
el pescador se cernía un ángel que decía:
'"Tú no puedes hacerle nada: Pesca solo dos peces
malos! Este dibujo lo hizo mi hijo la mañana de un
sábado.
El domingo
por la tarde, hacia las cinco, en la puerta de la casa sonó
la campanilla con insistencia. Era un domingo luminoso y las
dos muchachas estaban en la cocina desde donde se podía
ver el espacio abierto ante la puerta de la casa. Yo me encontraba
cerca de la campanilla, la oí sonar y ví como
se movía el martillo. Todos corrieron inmediatamente
hacia la puerta para ver quien llanaba... pero no había
nadie! Nos miramos como alelado! Les digo que la atmósfera
estaba cargada! Entonces supe que tenía que suceder
algo, la casa estaba repleta de gentío, toda llena
de espíritus. Los había hasta bajo la puerta
y se tenía la sensación de apenas poder respirar.
Naturalmente me acuciaba la pregunta: "Por el amor de
Dios ¿qué es ésto?" Entonces gritaron
en coro: "Regresamos de Jerusalem, donde no hallamos
lo que buscábamos. Estas palabras correspondían
a las primeras líneas del Septen Sermones ad Mortuos.
Entonces la inspiración comenzó a fluir de mí,
y en tres tardes escribe este acontecimiento. Apenas hubo
dejado la pluma, desapareció la legión de espectros.
El aquelarre había terminado. La habitación
se volvió tranquila y pura la atmósfera. Así
hasta la noche siguiente en que nuevamente se amotinaron y
se fueron del mismo modo. Esto fue en 1916.
Este acontecimiento hay que aceptarlo tal como fue o como
parecio ser. Posiblemente tuvo relación con el estado
emocional en que entonces yo me encontraba y en el que podían
presentarse fenómenos parapsicológicos. Era
una constelación inconsciente, y la atmósfera
característica de tal constelación me era bien
conocida como númen de un arquetipo: "Es apto,
se manifiesta." El intelecto desea naturalmente apropiarse
un conocimiento científico sobre un hecho de este tipo,
o mejor todavía aniquilar todo lo sucedido cono una
anomalía. Qué desesperación sería
un mundo sin anomalías!
Poco antes
de este aconteciniento escribe una fantasía que se
me fue el alma (sic). Constituyó para mí un
suceso muy importante. El alma, el ánima, crea la relación
con el inconciente. En cierto sentido es también una
relación con la colectividad de los muertos, al país
de los presentimientos. Así pues, cuando el alma desaparece
en una fantasía ello significa que se ha retirado al
inconsciente o al país de los muertos. Ello corresponde
a la denominada pérdida del alma, un fenómeno
que se encuentra con relativa frecuencia entre los primitivos.
En el 'país de los muertos' el alma experimenta una
secreta vivificación y dá forma a las huellas
ancestrales, a los temas colectivos del inconciente. Igual
que una médium, dá a los muertos posibilidad
de manifestarse. Por ello muy pronto, después de la
desaparición del alma, aparecieron en mí los
muertos y surgieron los Septem Sermones Ad Mortuos. Entonces,
y a partir de tal momento, los muertos se me
han convertido cada vez más claramente en voces del
inconciente: un cierto croquis y resúmen del contenido
general del inconciente."
Mencionaremos en este contexto la característica y
extensa carta de Freud a Jung, fechada en Viena el 16 de abril
de 1909 4:
Querido
amigo;
Es interesante
que la misma tarde en que yo adoptaba formalmente a usted
como hijo mayor, le consagraba cono sucesor y principe heredero
'in partibus infidelius' [en las Regiones de los infieles,
que simultáneamente se despojaba de la dignidad de
padre, acto que le parece gustar tanto como a mí, por
el contrario la investidura de su persona. Temo, sin embargo,
que vuelva usted a pensar en su padre si hablo de mi relación
con el espíritu golpeador poltergeist, pero debo hacerlo
porque es distinto de lo que usted podría creer. Yo
no niego pues, que sus comunicaciones y su experimento me
impresionaron profundamente. Me propuse después de
su marcha, observar esto y aquí le doy mis resultados.
En la primera habitación se oyó un ruido inesperadamente
allí donde descansan dos pesadas estelas egipcias sobre
dos tablas de roble de la librería, esto es evidente.
En la segunda habitación, allí donde lo oímos,
se oye un ruido muy raramente. Primeramente quería
hacerlo valer como prueba si los ruidos tan frecuentes durante
su visita no se hubieran repetido después de marchar
usted. Pero se han repetido los ruidos y nunca en conexión
con mis pensamientos, nunca cuando me ocupaba de usted o de
sus especiales problemas (ahora no añado esto como
provocación). La observación quedó inválida
muy pronto por otras. Mi creencia, o cuanto menos mi crédula
solicitud desapareció con el encanto de su presencia
personal. Me resulta de nuevo totalmente improbable, desespiritualizado,
o sea, libre de estragos, esta ante mi, como ante el poeta
la naturaleza divinizada después de la partida de los
Dioses de Grecia.
Vuelo
a colocarne las córneas gafas de mi padre y advierto
al querido hijo que conserve la cabeza fría y es preferible
no querer comprender que sacrificar a la comprensión,
tan gran víctima, muevo la blanca cabeza sabre la psicosíntesis
y pienso: Si, así son los jóvenes, solo les
proporciona auténtica alegría ir donde ellos
no necesitan llevarnos, a donde con nuestro cansado aliento
y cansadas piernas no nos es posible seguirles.
Luego,
con el derecho que me confiere mi edad, me vuelvo parlanchín
y hablo de otra cosa entre el cielo y la tierra que no se
puede comprender. Hace algunos años descubrí
en mi la convicción de que moriría a los 61
a 62 años, lo que entonces me parecía todavía
un largo plazo (hoy faltan tan solo ocho años). Entonces
marché con mi hermano Alexander Freud a Grecia
en Septiembre de 1904, y resultó inquietante cono el
número 61 a 60 en relación con el uno a dos
se me presentaba de nuevo en todas las ocasiones en que tenía
qua enumerar algo, en especial en los medios de transporte
lo que anoté cuidadosamente, con el ánimo oprimido
esperaba en el hotel de Atenasvolver a tomar aliento, cuando
se nos asignó una habitación en el primer piso,
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| allí
ciertamente no podía tratarse del número 61.
Cierto, pero siquiera tuve el número 31 (con licencia
fatal, pues la mitad de 61-62) y este asunto y hábil
número se manifestó más persistentemente
en consecuencia que el primero. Desde el viaje de regreso
hasta hace no mucho, se me conservó fiel el 31, en
cuya proximidad me encontraba a gusto el 2. Dado que también
en mi sistema tengo regiones en las que solo siento curiosidad
por saber, pero no soy en absoluto supersticioso, desde entonces
he intentado realizar el análisis de este convencimiento.
Y aquí esta este análisis. Este convencimiento
surgió en el año 1899. Entonces acontecieron
conjuntamente dos hechos. Primeramente escribe el significado
de los sueños (que esta ya prefechado en 1900), en
segundo lugar, recibí un nuevo número de teléfono
que todavía hoy lo tengo: 14362. Algo de común
entre ambos hechos se desprende fácilmente. En el año
1899, cuando escribe la "Interpretación de los
Sueños" tenía 43 años de edad. Qué
había, pués, de mis próximo sino que
las otras cifras de mi término de vida debían
significar 61 a 62. De pronto el método se convierte
en alga absurdo. La superstición de que yo moriría
entre los 61 a 62 se presenta cono equivalente de la convicción
de que había completado mi obra con la interpretación
del sueño, ya no necesito decir nada más y puedo
tranquilamente morir. Usted aceptará que después
de esta experiencia no suena tan absurdo. Además en
ello se esconde la secreta influencia de W. Fliess,
en el año de su ataque, surgió también
la superstición.
Nuevamente
podrá usted constatar la naturaleza específicamente
judía de mi mística. Por lo demás, estoy
inclinado a decir que aventuras como la ocurrida con el número
61 encuentran explicación en dos momentos, primero
por la acusada atención de inconsciente, que ve a una
Elena en toda mujer, y segundo, por la amigablemente existente
"complacencia del azar" que desempeña la
misma función para la ilusión que la complacencia
somática en el síndrome histórico, lo
idiomático en el juego de las palabras del chiste.
Estaré,
pues, dispuesto a seguir enterándome con interés
en lo sucesivo de sus investigaciones acerca del "complejo
de los fantasmas", como de una obsesión benigna
que no se comparte.
Afectuosamente,
saludos para su señora e hijo,
Su amigo,
Sigmund Freud
El incesante
y activo interés de Jung por lo paranormal reaparece
en Julio de 1919, en su conferencia para la Society for Psychical
Research titulada Uber die psychologischen Grundlagen des
Geisterglauglaubens [Las bases psicológicas de la creencia
en los espíritus], erróneamente traducida al
español como: Los Fundamentos Psicológicos del
Espiritisno.
En su
obra 'Spuk" de la doctora Fanny Moser (1872-1953) (Moser,
1950) que ya mencionaramos, describe Jung con aguda auto-observación,
su propio encuentro con un fantasma espiritual en Inglaterra
en 1920. En una casa campestre de un amigo -recientemente
arrendada- pasó en repetidas ocasiones su "week-end".
En la noche vivenció diversos fenómenos "curiosos"
que se intensificaron cada vez más (golpes, mal olor,
ruidos, gotas, etc.). Ellos causaron en él una intensa
sensación de inhibición semejante a parálisis
y culminaron con la aparición o visión de una
compacta mitad de cabeza femenina que se encontraba cerca
de 40 centímetros de distancia de él, sobre
la almohada. Tenía una de los ojos muy abiertos contemplándole
fijamente. La cabeza desapareció al prender Jung una
vela. El resto de la noche pasó sentado en su poltrona.
Posteriormente
supieron, él y su amigo, algo que se sabía ya
hacía tiempo en la aldea; que la casa estaba "encantada"
y espantaba rápidamente a todos los arrendatarios.
Algunos detalles de su vivencia los pudo interpretar Jung
como exteriorización de contenidos psíquicos
del inconciente. Sin embargo, es un problema irresuelto en
esto caso, el hecho de que el fantasma se le presentara exclusivamente
en un determinado tiempo y lugar de la casa, y que además,
durante la semana de sobreactividad excesiva, en Londres,
pudo dormir admirablemente bien. Se trató probablemente
de un poltergeist ligado al lugar, para el cual hasta la fecha,
falta una explicación científica satisfactoria.
La casa fue demolida al poco tiempo de irse Jung.
Llegamos
finalmente a las importantes décadas de 1930 a 1950
en las que nuestro autor elabora concienzudamente un principio
explicativo de los fenómenos parapsicológicos,
y en general al psiquismo y a la naturaleza. Tan importante
fue para él esta ley explicativa que le Ilevó
inclusive a hacer curiosos experimentos con el I Ching 5 y
otros experimentos "astrológicos", a lo que
se refiere Aniela Jaffé en los siguientes términos
6:
"De
un significado mucho más profundo que los fenómenos
ocultos citados hasta aquí y el problema de las apariciones
de espíritus, fue para Jung su obra, la interrogante
sobre fenómenos acausales, como sujetos clarividentes,
precogniciones, prácticas mánticas, etc. En
base a experiencias propias con sus pacientes y consigo mismo,
y trayendo a colación los hallazgos de las investigaciones
de J.B.Rhine sobre percepción extrasensorial (PES)
realice su contribución más significativa para
la ciencia parapsicológica, mediante la introducción
en el pensamiento científico del concepto de sincronicidad.
Desde entonces este concepto representa el cuarto factor explicativo
junto a los de tiempo, espacio y causalidad.
El trabajo
básico sobre sincronicidad, cuya derivación
y empleo podemos dar aquí por conocidos, apareció
en 1952 con el título de "sincronicidad como principio
de conexiones y la psiquis". Que el otro trabajo de ese
volúmen bajo el título de "Influencias
de las representaciones arquetípicas en la formación
de las teorías científico- naturales de Kepler"
sea debida a la pluma del físico Wolfgang Paulí,
fue caracterizado por Oste como una "auténtica
sincronicidad" 6.
En correspondencia
a la responsabilidad Junguiana y a su recato en los asuntos
científicos, se ha debido que demorar más de
veinte años, antes de entregar al público su
trabajo decisivo sobre la sincronicidad. La primera vez que
aparece este concepto es ya en 1930, a saber, en el homenaje
póstumo a su amigo Richard Wilhelm (Jung, 1929).
El método
mediante el cual Jung abordó los problemas parapsicológicos,
fue especialmente el de la observación cuidadosa. Además,
se sirvió ampliamente de los resultadas estadísticamente
evaluados de los experimentos de Rhine. En el campo de la
Astrología, no solo Ilevó a cabo por si misma
un experimento estadísticamente evaluado, sino que
con frecuencia exigió investigaciones estadísticas
de las afirmaciones astrológicas. Sin embargo, en general,
la estadística paso de Jung más bien a un segundo
plano. Dice así en su prólogo al libro 'Spuk'
de Fanny Moser (1950):
"Se
puede en verdad, con ayuda del método estadístico,
detectar la presencia de tales efectos sincronísticos
con seguridad más que suficiente, tal como lo han hecho
Rhine y una serie de otros investigadores. La naturaleza individual
de los fenómenos más complejos de este tipo
prohíbe, sin embargo, la utilización del punto
de vista estadístico, porque éste parece ser
complementario de la sincronicidad, y por ende altera a este
último fenómeno, ya que no puede hacer nada
más cuando lo elimina como una probable casualidad.
Es por ello que estamos más bien limitados en este
sentido completamente, al caso individual bien observado y
controlado."
Agreguemos
finalmente que Jung, a diferencia de la escuela Rhineana,
prefirió no hablar de "facultades" parapsicológicas,
sino más bien de "hechos" parapsicológicos.
Para él, estos se harían ostensibles a nuestros
inconcientes toda vez que surgieran figuras arquetípicas
que por así decir estimularán la producción
de los fenómenos. De allí que para Jung, una
conjunción de fenómenos sincronísticos
con significado para el sujeto, fuese de vital importancia
para el estudio de otros niveles (¿tal vez los parapsicológicos?)
de nuestro inconciente 7. |
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