QUIÉN ES EL BUDA.....
 





© 2001 AlterGuia
Todos los derechos
reservados

Siddarta Gautama universalmente conocido con el nombre de Buda, nació en el año 560 A.C. cerca de la ciudad de Kapilavastu, en el actual Nepal y no lejos de la frontera septentrional de la India. Era hijo Primogénito del rey Suddhodana y de la reina Mahamaya, monarcas del pequeño reino de los Shakyas.
Según afirman venerables tradiciones su nacimiento estuvo rodeado de una serie de señales prodigiosas y cuando recién nacido fue presentado por su padre a los principales personajes de la corte, algunos de los sabios invitados a la ceremonia predijeron que el niño llegaría a ser un gran monarca o un gran vidente.
Como heredero del trono, el príncipe recibió una esmerada educación y el trato respetuoso de criados y cortesanos que su alto rango y futuras reponsabilidades exigían. El propio Buda dijo en cierta ocasión a algunos de sus discípulos que había sido criado con gran esmero, que había vestido lujosos trajes de seda, que en la residencia real había vivido en tres palacios distintos: uno para el verano, otro para le invierno y un tercero para la estación de lluvias, y que en aquellos palacios habían entretenido sus ocios numerosas doncellas hábiles en la danza y en el manejo de instrumentos musicales.
A los diez y seis años de edad, el príncipe contrajo matrimonio con la princesa Yoshodara, elegida por su padre entre quinientas hermosas jóvenes de nobles familias del reino. Antes de que se celebrara el matrimonio, el padre de la novia, sin embargo, exigió que el futuro marido de su hija demostrara su hombría en las artes marciales, cosa que Gautama no tuvo ninguna difilcutad en hacer ganando una competición en la que concurrieron otros muchos jóvenes nobles. El matrimonio se celebró y a su debido tiempo la esposa de Gautama le dió un hijo que recibió el nombre de Rahula.
El matrimonio no modificó el lujo y las comodidades que rodeaban al príncipe. Su padre, el rey, preocupado por la profecía de los sabios que habían predicho que su primogénito se entregaría a una vida de austeridades y preocupaciones religiosas, le había rodeado de todos aquellos lujos para evitar que entrara en contacto con el mundo exterior y sus crueles realidades. Por ello, el rey había tomado toda suerte de precauciones para que su heredero no saliera nunca de sus residencias. Pero las preocupaciones del monarca no pudieron evitar que el destino del primogénito se cumpliera. El momento crucial se produjo cuando el príncipe alcanzó la edad de veintinueve años. Las versiones tradicionales sobre las circunstancias que llevaron a Gautama a abandonar su herencia y su familia, si bien difieren en algunos detalles todas coinciden en lo esencial, es decir en el descubrimiento que el príncipe hizo de la existencia de la enfermedad, la vejez y la muerte. Estos fatales descubrimientos se produjeron como consequencia de unos paseos el príncipe que dió por los alrededores de la residencia real.
Aunque su padre habia ordenado que todo aquello que pudiera reultar desagradable o turbador fuera apartado del camino que su hijo pensaba seguir, este se encontró depronto con un anciano maltrecho y aquejado por todas las debilidades propias de una edad avanzada. El segundo encuentro, durante otro paseo fue con un hombre gravemente enfermo, sucio maloliente y abandonado por todos. En un tercer paseo el príncipe vió un cadáver de un hombre que era llevado a la pira funeraria para ser incinerado. Aquellos encuentros le revelaron las aspectos más dolorosos e insufribles de la vida, hasta entonces ocultados a sus ojos. pero en un cuarto paseo también encontró an un anciano anacoreta que mostraba en su rostro una gran serenidad y se comportaba con apacible sosiego.
Durante todos aquellos paseos y encuentros, el príncipe íba acompañado de su fiel auriga, a quién sometió a una seria de apremiantes preguntas para que le esclareciera aquellos hechos ignorados por él hasta entonces. El auriga le explicó que todos los hombres estaban destinados a envejecer si vivían bastante tiempo, que todos estaban dispuestos a sufrir enfermedades, algunas terriblemente dolorosas, y asi mismo todos sin excepción estaban destinados a morir sin que ninguno pudiera soslayar este destino.
El príncipe se sitió profundamente turbado por aquellas revelaciones. A causa de su anterior aislamiento desconocía que también las dolencias y la decrepitud formaban parte de la vida y que ésta finalmente estaba destinada a extinguirse. Para él, aquellos echos resultaron de pronto más reales que le existencia placentera que había conocido hasta entonces. Fue una revelación dolorosa y trascendental, ya que a partir de aquel momento el príncipe quizo buscar una solución a aquellos hechos tan penosos e inevitables. El recuerdo del apacible anacoreta que había cruzado su camino en el cuarto encuentro le hizo sospechar que algunos hombres, pese a conocer las crueles realidades de la vida, habían encontrado el remedio para tan grandes males, decidió indagar entre aquellos maestros para que le explicaran el sentido profundo de la vida y le proporcionaran el alivio a sus sufrimientos.
Y así, una noche, el príncipe abandonó el palacio, abandonó a sus padres, a su esposa y a su hijo, decidido a encontrar la respuesta a las preguntas que le acuciaban. Ya lejos del palacio entregó a su fiel auriga que le había acompañado en su huida sus lujosos vestidos, sus joyas y su caballo, se vistió con un sayo y empezó una vida errante en busca de la verdad. primero estuvo a los pies de dos maestros famosos, sin hallar en sus enseñanzas las respuestas a sus inquietudes. Pero como estaba decidido a encontrar la solución al problema que le atormentaba se entregó a una vida de gran rigor ascético en compañia de otros cinco compañeros que como él buscaban la verdad. Durante sies años, Gautama se sometió voluntariamente a una vida de austeridad y grandes sacrificios, creyendo que aquél era el camino para hallar la verdad, pero que, en realidad le llevaron a las puertas de la muerte pues, en otras renuncias, se había impuesto un régimen tan severo que apenas si comía, llegando al extremo de alimentarse con dos o tres granos de arroz al día. El propio Gautama describió en cierta ocasión a sus discípulos las consequencias de los rigores a los que se había sometido diciendoles:
"A causa de lo poco que comía todos mis miembros quedaron como hiedra reseca y enredada; mis nalgas parecían las pezuñas de un búfalo; mi espina dorsal sobresalía de mi espalda como las cuentas de un rosario; las pupilas de mis ojos estaban hundidas en sus cuencas y brillaban como el agua en el fondo de un pozo profundo; mi cabeza estaba arrugada como una calabaza cortada antes de haber madurado y dejada expuesta al sol y al viento; la piel de mi estómago colgaba flácida de mis huesos; y cuando queria obedecer la llamada de la naturaleza, al moverme me caía de bruces allí donde estuviese; incluso mis cabellos y el vello de mis piernas se desprendia de mi cuerpo porque estaba podrido es sus raíces........"
Pero tras aquellos seiz años de sacrificios, el príncipe comprobó que estos resultaban inútiles y no le conducían al descubrimiento de la verdad sobre la vida, por lo que de pronto renunció a seguir aquellas prácticas austeras; volvió a alimentarse normalmente, se bañó, tras haber recuperado sus fuerzas físicas, se entregó a una profunda reflexión. Sus cinco compañeros de sacrificios le abandonaron entonces creyendo que había renunciado a la busqueda de la verdad.
Pero no era así. La tradición asegura que una vez repuesto, Gautama se sentó debajo de un árbol, conocido como Bodhi, en botánica Ficus religiosa, y se dijo a si mismo:
"No me moveré de esta posición sentado en la tierra hasta que haya conseguido mi objetivo."
También la tradición asegura que allí sufrió el asalto violento del Dios Mara, el tentador, y de todas sus huestes, que intentaron disuadirle por medio de promesas y amenazas de que prosiguiera con sus propósitos. Todas las tentaciones fueron rechazadas por Gautama. Y allí tras una noche de vela, e intensa concentración mental, sumido en un produndo trance, Gautama recibió por fin las respuestas a sus preguntas; quedó iluminado y se transformó en el Buda.
En palabras del propio Buda descrbiendo aquel episodio:
"Mi mente quedó emancipada, surgió el conocimiento, desapareció la oscuridad y se hizo la luz".
Buda tenía entonces treinta y cinco años de edad, y había constatado que la vida de los humanos, sujeta a una infinita cadena de reencarnaciones, estaba condenada inexorablemente al sufrimiento, al dolor y al llanto.
"Cuál creéis, !Oh monjes!, -preguntó en cierta ocasión a sus discípulos - que sea mayor, el agua de los cuatro grandes océanos o las lágrimas que habéis derramado mientras errabais de transmigración en transmigración?
Yo os lo dire:
Habéis vertido más lágrimas que todo el agua que contienen los cuatro grandes océanos".
El remedio estaba en interrumpir la infinita cadena de las reencarnaciones viviendo segun los principios de las cuatro sagradas verdades que el Buda había decubierto: Con la interrupción del la fatal cadena, quedaba interrumpido el sufrimiento. El lo había conseguido.
"YO, -dijo a sus primeros discípulos- no volveré más a este mundo.
luego afirmó de forma más rotunda:
Este es mi último nacimiento, de ahora en adelante no existirán para mí nuevos nacimientos".
Era el anuncio del camino hacia el Nirvana, la condición en la que todo sufrimiento, dolor y angustia mental cesaban. Tras aquella transcendental experiencia, íntima y personal, el Buda debatió en su mente si sería conveniente proclamar a otros el camino de la salvación que él había descubierto. La tradición asegura que finalmente se decidió por la predicación gracias a la intervencion directa de Brahma. el Dios supremo de panteón Hindú quie se dirigió al iluminado y le dijo:
"Que el perfecto predique la Ley porque hay seres cuyos ojos mentales están cegados por el polvo y si no oyen la Ley, perecerán".
El Buda obedeció el mandato y comenzó su vida de predicación.

 
 

Obtenido del link:

http://www.geocities.com/Athens/academy/7286/quienesbuda.html