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   EL TERCER OJO

El primer dato sobre éste concepto se encuentra en las escenas iniciáticas y rituales mágicos de los antiguos egipcios, extraídos del Libro oculto de la Morada. Los egipcios creían que era en él donde se elaboraba el porvenir universal y los acontecimientos de la vida cotidiana. Los únicos que poseían el don del ojo de Horus, ojo místico o udjat, eran los faraones, representaciones divinas de la eternidad.

 
Los lamas tibetanos consideraban el tercer ojo como un punto de proyección hacia la conciencia cósmica, equivalente en la filosofía hindú al sistema formado por los chakras.
El tercer ojo equivaldría al sexto chakra o trikúta de los vedantas, situado simbólicamente entre las dos cejas.
Se piensa que el mundo está dividido en siete planos o estratos interpenetrantes, sólido, líquido, gaseoso y cuatro clases de éter.
El ojo físico puede registrar o ver las vibraciones de los primeros tres. El tercer ojo puede registrar o ver voluntariamente las vibraciones de los otros cuatro.
Se considera en estas culturas que muchos otros seres y tipos de actividad tienen su expresión final
exterior en forma de éter o materia etérica. Es creencia de muchas culturas y filosofías que cuando el tercer ojo se activa, el individuo comienza a ver todas las criaturas a su alrededor y sus actividades en el éter, aproximándose mucho más a las causas y realidades de la vida. Ve lo que son exactamente sus pensamientos y qué sucede con ellos, utiliza y controla su aparato pensante para propósitos mayores. Así mismo puede estudiar los registros de la historia terrenal existentes en el éter en forma fotográfica, también conocidos como registros akashicos, y lograr conocimiento del plano descrito como la cuarta dimensión, el poder de penetrar con la vista o conciencia en toda dirección al unísono, y en los avances y retrocesos a través del tiempo.
 

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Bioenergía y Modelo Multidimensional de la Curación