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Muchos psicólogos incluso se reirían con tolerancia
si hablásemos de la mente en sí como algo separado
del cerebro. Todo tiene que ser físico para ser real,
de acuerdo con dicho criterio, y cualquier cosa no-física
o espiritual como se supone que es el alma, sencillamente
no es posible. Tal concepción ha de rechazarse como
una simple superstición.
Quienes piensan así confían en que los principios
de la física sirvan para explicar todo lo que llamamos
"mental", si continúa expandiéndose
como hasta ahora está ocurriendo.
Sin embargo, ocurren algunas cosas de vez en cuando que no
encajan con este enfoque meramente físico del hombre.
Por ejemplo: de pronto, una persona tiene un sueño
horrible en el que ve agonizar a un pariente o amigo. El sueño
estremecedor resulta que sucede en la realidad y en el mismo
momento en que se soñó estaba ocurriendo, aun
cuando el pariente o el amigo muerto se hallaba a miles de
kilómetros de distancia.
Lo más extraño de esto es, en algunos casos,
que el suceso visto en sueños no se produce sino horas
o días después de soñado; sin embargo,
la visión del hecho es exacta e incluso rica en detalles.
La primera idea es por supuesto que tales experiencias son
meras casualidades. Poca gente intenta pasar de esta primera
y simple explicación; pero, por suerte, algunos van
más allá. Y cuando se estudia un buen número
de tales experiencias, pierden toda apariencia de accidentalidad.
El procedimiento científico a seguir consiste en poner
manos a la obra con el fin de descubrir lo que hay detrás
de tales hechos.
Evidentemente, si alguna de esas experiencias "psíquicas"
demostrara que la mente tiene el poder de estar por encima
del espacio y del tiempo, resultaría claro que es trascendente
a las leyes físicas. Quedaría demostrado entonces
que la mente es un sistema espiritual y no físico.
Sería una pista hacia el descubrimiento del alma. Sólo
una pista y nada más; pero proporcionaría el
camino necesario para llegar a las pruebas seguras.
De tales experiencias psíquicas derivaron los test
ESP (extrasensory perception - percepción extrasensorial-),
lo cual incluye telepatía y clarividencia. En otras
palabras: la telepatía y la clarividencia son dos modos
diferentes de adquirir conocimientos sin el empleo de los
órganos sensoriales conocidos, tales como los ojos,
oídos, etc. Una prueba de telepatía consiste
en que una persona "adivine" qué carta, número
u otro símbolo cualquiera tiene en la memoria otra
persona, la cual, digámoslo de paso, se halla en otra
habitación distinta. En la clarividencia, es el objeto
en sí, y no su símbolo pensado por otra persona,
lo que el clarividente debe percibir. En síntesis:
en la telepatía es la ESP del estado mental de una
persona lo que se capta; en la clarividencia es la ESP de
objeto.
En 1930 un pequeño grupo de psicólogos comenzamos
en la Universidad de Duke una serie de experimentos ESP de
ambos tipos, telepatía y clarividencia. Esta labor
estaba patrocinada por el gran psicólogo británico
William Mc Dougall, miembro de la Real Sociedad de Ciencias,
que era a la sazón director del departamento de Psicología
de Duke. Esta tarea se llevó a cabo en el Laboratorio
de Parapsicología, y no fue en modo alguno el primer
experimento de su género, ya que se habían realizado
otros en diversas partes, incluso en algunas Universidades,
durante los últimos cincuenta años. Pero ninguno
de ellos fueron experimentos sistemáticos que siguieran
la investigación de los problemas durante años,
como ha sucedido en Duke. Esta Universidad fue la primera
en ofrecer un asilo permanente a las búsquedas activas
sobre los problemas psíquicos.
Los investigadores del Laboratorio de Parapsicología
hallaron pruebas confirmativas de ambos tipos de ESP, telepatía
y clarividencia. Desarrollaron y sistematizaron nuevos test,
facilitando así la repetición de los experimentos.
Esto suscitó la iniciación de un movimiento
de experimentación sobre lo extrasensorial, que se
esparció a muchas instituciones nacionales y del exterior.
Se tomaron cuidadosas precauciones para asegurar que no fuera
posible la introducción de elementos sensoriales en
los experimentos, así como contra cualquier tipo de
error que pudiera afectar los resultados. Los test fueron
de tal naturaleza que sus resultados pueden evaluarse bajo
normas standard y métodos estadísticos aceptados
por todo el mundo. Se puede demostrar fácilmente que
los resultados obtenidos no pueden atribuirse en modo alguno
a errores, casualidades o fallas experimentales de cualquier
tipo.
Una vez que los experimentadores estuvieron satisfechos sobre
la garantía de que los fenómenos sólo
podían realmente ser extrasensoriales, comenzaron a
trabajar en la vital cuestión de determinar qué
relación pudieran tener con el mundo físico.
¿La telepatía y la clarividencia se rigen estrictamente
por leyes físicas? ¿O van más allá
y trascienden los límites de la física como
parecen demostrar las experiencias espontáneas?
Por suerte fue cosa muy fácil poner a prueba el ESP
con relación al espacio. Por ejemplo: sólo necesitábamos
efectuar experimentos poniendo una gran distancia entre las
cartas y la persona que trataba de adivinarlas por ESP y luego
comparar los resultados obtenidos con las mismas pruebas de
corta distancia. Tanto la telepatía como la clarividencia
demostraron que la prueba sobre grandes distancias daban idénticos
resultados que las realizadas a corta distancia. La distancia,
medida en metros, kilómetros o cientos de kilómetros,
no introducía la menor alteración en el resultado
de los experimentos. Al mismo tiempo, todas las barreras físicas,
naturales o artificiales tampoco afectaban para nada las pruebas
en cuestión.
Pero ¿y el tiempo? Pensamos que si el espacio no influía
al ESP era de esperar que el tiempo tampoco influyera en él
para nada. Los test extrasensoriales sobre el futuro o premonitores
demostraron que las personas capaces de identificar por ESP
las cartas a cualquier distancia podían también
predecir el orden en que saldrían las cartas después
de haber sido barajado el mazo. Descubrimos que acertaban
igual en los mazos barajados mecánicamente que en los
barajados a mano. No sólo eso, sino que lograron anticipar
el orden de aparición de las cartas, diez, ocho, seis
o dos días antes. Por lo tanto, la dimensión
del tiempo no introducía diferencia alguna en cuanto
al resultado de los experimentos.
Ante tales experimentos sólo había una explicación
posible: que la mente del hombre trasciende de algún
modo las limitaciones de tiempo y espacio del mundo físico
por medio de esa capacidad que estamos denominando "percepción
extrasensorial". Y cuando estos experimentos fueron confirmados
por otros investigadores en diversos laboratorios quedó
firmemente establecida la conclusión de que la mente
posee propiedades que no pertenecen a la física, al
menos tal y como la concebimos actualmente. Y como el espacio
y el tiempo son los índices más seguros sobre
lo que es físico, la mente debe, por consiguiente,
ser de naturaleza extrafísica o espiritual. Y todo
cuanto decimos al expresar la palabra "almas" respecto
al hombre es que la mente es de carácter no-físico,
o sea, espiritual. Por lo tanto, los experimentos ESP han
proporcionado la prueba sobre la existencia del alma humana.
Para algunas gentes, esto constituirá un minúsculo
principio sobre el problema del alma. Y ciertamente no debemos
exagerar la importancia de estos hallazgos. A decir verdad,
no hemos hecho más que obtener una evidencia sobre
un tipo elemental de teoría del alma. Hay, desde luego,
mucho más en el concepto religioso del alma en relación
con lo poco que nosotros hemos descubierto. Quedan en pie
los mayores problemas. ¿Es susceptible el alma de separarse
del cuerpo? ¿Puede sobrevivir a la muerte del cuerpo?
Si es así, ¿pueden las almas desencarnadas tener
contacto con los vivos o influir sobre ellos de algún
modo? ¿Qué hay sobre la idea de un alma universal,
o sea, Dios? ¿Qué de la comunicación
entre las almas, y especialmente de las almas de los hombres
con Dios? Estas y muchas otras cuestiones fundamentales de
las doctrinas religiosas no han sido abordadas por ninguno
de los puntos enfocados en el presente artículo.
Pero tenemos derecho a concluir que el concepto físico
del hombre, prevaleciente en los círculos intelectuales,
desde el auge del materialismo, está comprobado que
es falso sin duda alguna.
Hay algo -cuánto, es cosa que ignoramos- en los humanos
que es definitivamente extrafísico.
Hay un tipo de realidad en la existencia humana que no está
sujeta a las leyes del tiempo y el espacio.
Pero es importante reconocer también las tremendas
posibilidades que podemos entrever. La teoría del alma
humana nos da mucha materia para construir y avanzar algo
sobre los problemas religiosos. Hemos verificado los fundamentos
esenciales sobre los cuales se erigió en principio
la filosofía espiritual del hombre. Queda librado a
la investigación científica sobre la personalidad
humana, su naturaleza y su destino. En suma: emprender la
tarea de resolver los grandes problemas de la religión.
En otra época la investigación experimental
de los problemas religiosos hubiera chocado con la enérgica
oposición de las Iglesias y los dogmas. Todavía
quedan muchos ortodoxos conservadores que se sentirán
heridos por la intrusión de la ciencia en el dominio
de lo que ellos consideran debe ser pura fe. Pero un buen
número de personas religiosas desean que se investigue
a fondo para descubrir nuevos datos tangibles sobre la mente
y el alma humana, así como todas sus inmensas potencialidades.
Aunque resulte sorprendente, la principal oposición
la hemos encontrado en los representantes de la ciencia ortodoxa.
Los hombres de ciencia conservadores tienen temor ante cualquier
división de la naturaleza. Es tal su temor ante cualquier
dualismo como el del alma y el cuerpo, que se niegan a mirar
y examinar cualquier prueba que se les presente para confirmar
la existencia de tal dualidad. Esta actitud carece de fundamento,
porque si, como muchos de nosotros sostenemos hoy, el hombre
tiene un cuerpo y un alma. Netamente distintos, ambos siguen
formando en cierto modo un todo único.
Uno y otro se hallan sometidos a la recíproca interacción,
y, por consiguiente, es forzoso que tengan algo en común.
Dos cosas no pueden afectarse entre sí cuando difieren
en cada uno de sus puntos. Vemos, por lo tanto que debe haber
un mundo de ocultas realidades, que probablemente no es ni
físico ni mental en la forma en que concebimos ambos
conceptos, de cuyo mundo emanen en principio las manifestaciones
de la mente y del cuerpo, o sea, de la psíquico y de
lo físico. Este reino, que está por encima de
la mente y la materia, está ahí, pero es casi
tan desconocido como el Continente Americano para Colón
antes del Descubrimiento, y aguarda que algún afortunado
explorador del futuro lo descubra. Pero habrá de ser
alguien que, al igual que el gran navegante genovés,
tenga la audacia necesaria para poner en duda la validez de
las cartas de mareas existentes sobre el conocimiento y la
creencia y que se ponga a investigar por su cuenta.
En 1934 Rhine y su equipo iniciaron el estudio de la psicoquinesis,
estudio que demostró el poder de la mente sobre la
materia. Dejó de ser una mera teoría y pasó
a ser una realidad científica. Hicieron un aparato
que permitía lanzar mecánicamente los dados.
Millones de veces han sido esos dados lanzados. Se encontraron
personas paranormales y con ellas se confirmó que con
la fuerza mental influían en los dados para que dieran
determinada cifra o combinación de números,
sin que hubiera contacto físico con ellos. Las pruebas
hechas a distancia consiguieron un resultado similar. Los
aciertos superaron todas las probabilidades matemáticas
de una contra varios millones que pudiera suceder por azar
o casualidad.
La Psicoquinesis es real, puede la mente humana influir sobre
la materia. En este instante, mientras lees este párrafo,
tu mente realiza en tu cerebro la mayor psicoquinesis imaginada,
movilizando partículas de hidrógeno, carbono,
oxígeno de una célula a otra; dando forma a
moléculas diversas, combinándolas, movilizándolas
y creando nueva materia con la fuerza mental.
En 1949 el profesor sir Alister Hardy señaló
en la Sociedad de Zoología:
Hay otro asunto que debe mencionarse si se desea ser intelectualmente
honesto. Ha aparecido en el horizonte algo que muchos de nosotros
no deseamos ver. Si se nos llama la atención sobre
él, decimos: ¡No. No puede estar allí;
nuestras doctrinas dicen que es imposible! Me refiero a la
telepatía, la comunicación de una mente con
otra por medios distintos de los sentidos normales. Creo que
nadie que estudie las pruebas con una mente imparcial podría
rechazarlo... Quizá no sea ortodoxo para un zoólogo
presentar este tema; pero yo lo hago por una razón.
Dando por establecida la telepatía, como creo, tal
descubrimiento de características revolucionarias nos
obligaría a mantener abiertas nuestras mentes ante
la posibilidad de que exista en los seres vivos y en su evolución
mucho más de lo que la ciencia nos ha permitido esperar
hasta ahora.
Lord Rayleigh sugirió que toda hipótesis de
radiaciones físicas, de rayos mentales de un cerebro
a otro cerebro, deben ser desechadas, pues todos los tipos
de energía física conocidos decaen inversamente
al cuadrado de la distancia desde la fuente, y la telepatía,
clarividencia y precognición no se ven afectados por
la distancia.
La ciencia ha demostrado con la electro-fotografía
Kirlian que de las manos de sanadores surge una potente energía,
muy superior y más intensa que la media normal. Con
modernos equipos destinados al estudio de las partículas
cósmicas, se ha comprobado que ciertas personas "paranormales"
emiten una poderosa energía, la cual puede actuar a
distancia. No se conoce cuál es la energía que
se irradia en el acto de la sanación, sí, al
menos, ya se la reconoce como algo real, pero de carácter
desconocido, dado que está más allá del
tiempo y el espacio. Es uno de los poderes de la mente, se
señala.
Se ha confirmado que las personas que se mantienen intelectualmente
activas pueden obtener mejores puntuaciones en los test de
inteligencia después de los 60 años de edad.
Resulta que el acto de pensar aumenta la oxigenación
cerebral, a mayor oxigenación mejor capacidad metabólica.
Los estudios hechos a pacientes que han tenido curaciones
espontáneas de cáncer, han señalado un
perfil psicológico especial para esos pacientes. Justo
antes de lograrse la curación tienen la sensación
que sanarán y que la fuerza responsable de su curación
está en su interior. Captan que no están limitados
al cuerpo físico, sino que todo el entorno es parte
de sí mismos. Es un salto cuántico de conciencia,
un despertar que hace canalizar de manera natural la fuerza
de sanación hacia el tumor maligno. Ocurre un repentino
salto cuántico desde una realidad superior hacia la
realidad física. Siendo ese salto de conciencia el
que obra el "milagro". Resulta que todos tenemos
esa conciencia y esa fuerza interior, pero no todos tenemos
la motivación, ganas de vivir y fe para usarla. Pero
si uno se lo propone, puede usar la fuerza de la realidad
interior, cambiando de manera positiva la realidad exterior.
Es decir, se estudia en varios niveles la curación
del cáncer mediante el poder mental, siendo el deseo
de sanar considerado como fundamental para lograr la sanación.
A los dos años de edad nuestro cerebro completa su
número de neuronas, entre 10 y 15 mil millones. A diferencia
de otras células, la neurona no se regenera al morir.
A los 30 años de edad las neuronas comienzan a morir
y su número disminuye hasta alcanzar en la edad avanzada
la cifra de 1.000 millones o algo más, de neuronas
muertas. Sin embargo, igual quedan muchas, pero muchas más
vivas. Lo importante, de acuerdo a la ciencia, es mantener
siempre, sin importar la edad, una actitud mental activa,
dado que con cada pensamiento nuevo estamos creando nuevas
dendritas o interconexiones neuronales para nuevos módulos
de pensamientos. Cada neurona tiene entre 1.000 y 500.000
dendritas o ramificaciones, y cada pensamiento permite crear
nuevas dendritas en un grupo de neuronas, es decir, permite
ampliar la capacidad de intercomunicación cerebral.
Al crearse mediante el poder de los pensamientos nuevas dendritas,
las neuronas abren nuevos canales para la comunicación
cerebral, y surgen nuevos módulos de pensamientos afines
o se refuerzan módulos ya existentes. No hay edad para
la creación de dendritas, para el cerebro no hay vejez,
la vejez es un estado mental erróneo, quien se siente
joven: Lúcido y creativo vivirá y morirá.
El hábito de pensar, de recordar y de estar mentalmente
activos es el que nos permite ampliar la capacidad de nuestro
computador biológico llamado cerebro. Las señales
cerebrales se transmiten en ambas direcciones, al igual que
durante una conversación telefónica. Al tener
un cerebro más desarrollado, podemos manifestar más
y mejor la capacidad mental. Al manifestar más capacidad
mental, más desarrollo cerebral logramos.
El premio Nobel sir John Eccles hablando en un seminario de
parapsicología destacó:
"Si quieren ver un verdadero acto de psicoquinesis contemplen
las proezas de la mente sobre la materia que se realizan en
el cerebro. Es asombroso que con cada pensamiento, la mente
sea capaz de mover los átomos de hidrógeno,
carbono, oxígeno y otras partículas de las células
del cerebro. Pareciera que nada está más alejado
de un pensamiento, carente de sustancia, que la sólida
materia gris cerebral. Todo el truco se consigue sin ninguna
vinculación aparente."
Cada célula está dotada de inteligencia y unida
al conjunto mediante inteligencia. Usando la tomografía
de emisión de positrones, se hicieron estudios inyectando
glucosa radioactiva en voluntarios de diferentes edades. Dos
cosas demostró la ciencia: La primera fue que no había
diferencias significativas entre el metabolismo cerebral de
personas jóvenes y ancianas. La segunda reforzó
el planteamiento de que el cuerpo es una imagen tridimensional
de lo que estamos pensando. Todo el cuerpo proyecta nuestros
pensamientos, y cambia ante cada situación mental.
Un neurotransmisor, o sustancia química que permite
interactuar a las neuronas por medio de sus dendritas y a
distancia mediante la circulación de la sangre, responde
a la velocidad del rayo a un pensamiento y llega a todo el
organismo con su mensaje codificado, que cada célula
decodifica. Son cientos estos productos químicos fruto
de la fuerza mental, representan la expresión física
de los pensamientos, y no sólo se producen en las neuronas
cerebrales. Todo el cuerpo es pensante y es la expresión
y creación de la inteligencia creativa. |