| La
leyenda generada en torno a esta cifra provoca que nada más
escucharla o verla acudamos raudos a tocar una madera al tiempo que
decimos "lagarto, lagarto" y hacemos unos "cuernecillos"
con los dedos. La tradición indica que el trece es malo, pernicioso,
terrible. Pero, ¿es tan maldito como lo pintan? ¿Cuál
es el origen?
La superstición
o el miedo que le tenemos al 13 no es algo de nuestros días.
Debemos remontarnos unos cuantos siglos atrás. Una de las
explicaciones para comprender estos miedos la tenemos en la Última
Cena. En dicho acto había 12 apóstoles más
Jesucristo y éste murió. Por eso la tradición
primitiva cristiana considera que 13 personas no deben reunirse
en una comida o cena pues existe el peligro que una de ellas muera
antes del finalizar el año. Si seguimos con las tradiciones
de esta religión vemos que el capítulo decimotercero
del Apocalipsis es el dedicado al Anticristo y la Bestia.
Pero antes de que los cristianos en otras culturas como la hindú,
también se consideraba que 13 personas eran un signo de mal
augurio y por su parte la cábala enumeraba la existencia
de 13 espíritus malignos.
El 13
ya no está aquí
Algunos rascacielos
no poseen planta número trece. En honor a la verdad, diremos
que si un edificio posee veinte plantas reales efectivamente ha
de haber una "Planta número 13", lo que ocurre
es que ocasionalmente se "salta" y vemos que el ascensor
nos pasa del 12 al 14. El número 13 ha sido borrado y con
él la denominación de una zona maldita. La creencia,
de no hace demasiados años, es que un edificio de considerable
altura no dejaba de ser una ostentación y "por si acaso"
se borraba el número que pudiese generar desgracias.
Esto mismo sucede en muchos cines y teatros donde la fila maldita
o, si se prefiere, supersticiosa, ha sido obviada. Cuando las filas
se numeran por pares, es evidente que se evita el 13, pero cuando
la numeración es correlativa, como en el caso de los edificios,
pasamos del 12 al 14. Sin embargo, las plantas y filas 13 existen
y no por ello cada día arden centros de espectáculo
ni se derrumban edificios.
Buscando
lo positivo
Aunque la carta
número trece del Tarot es la figura de la muerte, cuando
ésta aparece no necesariamente nos indica el fin, sino la
transmutación, el cambio, la modificación, quizá
positiva. Así pues, vemos que es una carta de ayuda y reflexión
que nos conmina a no quedarnos quietos y evolucionar.
El trece también
aparece en la antigüedad como un número grato, benéfico
y de poder, como ocurre con Zeus, que lo vemos en el cortejo de
los 12 dioses en medio de los que vive con éxito y, curiosamente,
Ulises, al que le correspondería el número 13, escapa
de ser devorado por el Cíclope.
Si revisamos
los conceptos de aritmología, vemos que el 13 indica la potencia
de la creación, el dinamismo, la inteligencia y en definitiva
la fuerza. El 3 sería la suma de 10 (que manifestaría
el círculo evolutivo completo y la divinidad) más
3 (que simbólicamente sería la actividad).
Finalmente,
mientras que para nosotros el martes trece se convierte en negativo,
para los anglosajones es el viernes y trece el mal día. En
cambio los japoneses creen que el viernes, si encima es 13, es el
día propicio para tener todo tipo de suertes. Como vemos,
los dos lados de una misma realidad salen otra vez a la palestra
en la que bueno y malo no es más que un sistema interpretativo
de las muchas realidades que nos rodean. |