Este
libro nos muestra el abismo que nuestra sociedad ha creado
entre las razones y los instintos, entre el intelecto y las
emociones. Con
un lenguaje sencillo y abierto, sin la pretensión de
convertirse en una obra filosófica inalcanzable al
público no versado en esta materia, se nos encara con
la realidad que deseamos ocultar o preferimos no mostrar:
la de nuestra naturaleza innata y profunda que se expresa
a través de las emociones, ya sea que desemboquen en
acciones buenas o malas (conceptos estos que dependen de los
principios morales con que cada uno se mida a sí mismo
y a los demás).
Aupando al lector a tomarse el atrevimiento de saltar por
encima de normas y reglas sociales, sin que por ello culmine
en un desenfreno o caos individual y, por ende, social, se
ejemplifica cómo nuestra razón ha tomado lugar
primordial en nuestras decisiones y en nuestros actos. Dejando
muy en claro la diferencia entre conocer la naturaleza interna,
cubierta bajo las cortinas que la sociedad deja caer para
ocultar lo que no gusta o no considera apropiado, el autor
hace un llamado, quizás un pedido, a la reflexión
para que despierte nuestra conciencia a la necesidad de comprender
que la naturaleza humana es más que una explicación,
más que una palabra del diccionario o más que
una excusa que encubre lo que verdaderamente nos motiva a
actuar o a no hacerlo.
Quizás deseando, quizás esperando, que quienes
lean este libro cambien sus perspectivas, sin por ello violentar
sus valores, Guillén nos conduce a una visión
basada en la historia y las creencias que, a través
de ella, han tomado las ideas acerca del origen del bien y
del mal. Nos propone que reflexionemos acerca de la seguridad
del ser humano de sentirse proveedor del bien y víctima
del mal.
Esta exposición le conduce a la búsqueda de
un concepto de la libertad, considerándola sujeta a
la asunción de las consecuencias de nuestras decisiones,
bases fundamentales de esa libertad según la perspectiva
del autor. Reflexionando sobre el por qué nos creamos
vallas al beneficio de ejercerla, nos responde que el temor
a asumir los resultados de la elección, puede convertirse
en el principal de los obstáculos, entre otros tantos
que también nos muestra.
De la libertad de pensamiento y de elección, nos invita
a la exploración interna, al descubrimiento de lo que
sentimos, de lo que hay tras nuestras acciones, de nuestras
vacilaciones y de nuestros miedos. Haciendo hincapié
en los instintos como el motor que nos motiva, el autor nos
anima a que busquemos en nuestro interior la pieza que nos
falta cuando nos refugiamos tras las murallas de los condicionamientos,
de los dogmas, de las verdades impuestas (y quizás
no creídas, pero si asumidas). Un fenómeno que
hoy día podemos observar en todos aquellos que buscan
el movimiento de la Nueva Era y de la nueva conciencia que
refulge de inspiraciones para optar por la introspección,
por el entendimiento de lo que cada uno es y siente, por la
necesidad de hallar respuestas donde la religión dejó
de darlas o donde la ciencia aún no llega, porque recordemos
que, mientras el culto religioso está desfasado de
la vida del hombre moderno, la ciencia no puede, ni debe,
decantarse por dar respuestas a priori. De allí su
necesidad de comprobar, de obtener evidencias y pruebas antes
de dar respuestas definitivas. Aunque la historia nos muestre
sus equívocos y deploremos su cerrazón a la
hora de contemplar nuevos hechos que, como todo visitante
de esta página sabe que han sido marginados, no podemos
dejar de comprender, hasta cierto punto, que actúe
bajo el método de comprobación. Pero esto sería
tema de todo un artículo que ya más de uno ha
tocado desde su punto de vista preferencial y, muchas veces,
parcial.
Guillén nos da motivos y razones (aunque también
nos inste a abandonarlas) para que salgamos del edificio del
intelecto puro y nos atrevamos a pisar la calle de las emociones,
que nos atrevamos a confrontar lo que sentimos en lugar de
apenarnos o culparnos por ello.
Dejando de lado uno que otro desliz acerca de la religión
en general, y que como estudiosa de las religiones no pude
dejar de observar, este libro es indudablemente una contribución
beneficiosa para quienes se debaten entre lo que desean y
lo que deben, entre lo que lo que les motiva y lo que les
conviene, entre lo que sienten que pueden hacer y lo que piensan
que no deben hacer.
Finalmente un libro recomendado por su carácter accesible,
por su interés en el ser humano y los conflictos básicos
con los que se debate y por su propuesta de no dar la espalda
a nuestros sentimientos y, por ende, a lo que en realidad
somos.
En palabras del autor:
“Cada individuo gesta y
da nacimiento a su obra. Es creador de sí mismo porque
se conoce a sí mismo. Es un artista de él. Él
se autoconfigura, se autodetermina, se talla, se esculpe,
se pinta, se canta al igual que el artista más sublime,
donde su obra se alza por encima de él, por encima
de su realidad, por encima de su entorno.”
Título:
Razones para Abandonar la Razón
Autor: Enrique Guillén Niño
Primera edición 2004
Editorial:
Comala
www.enriqueguillen.com
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