PORTARRETRATO DE UNA VOLUNTAD
    IRRESISTIBLE

Nuestros verdaderos deseos y nuestra voluntad emocional ha sido desterrada por la racionalidad y la lógica que nos debate entre el querer y el deber. Hemos sepultado, abatido y escondido nuestra verdadera voluntad, nuestro verdadero querer.
Enrique Guillén aborda desde una nueva perspectiva el cómo nos hemos dejado llevar abandonando nuestra naturaleza, aquella que nos invita a obrar según nuestros deseos. No se trata, en opinión de quien escribe este artículo, de una invitación al desborde, la desobediencia, la anarquía sino a la atención que verdaderamente debemos dar a lo que sentimos, intuimos y vivenciamos. Nuestras emociones.

Anteriormente ya el autor ha tratado el tema de abandonar la razón (Razones para Abandonar la Razón) y el por qué, el cómo, la necesidad, la urgencia de hacerlo bajo riesgo de caer en la cerrazón, en el mundo de los supuestos lógicos, olvidando el mundo del querer emocional. En este nuevo libro nos ilumina aún más con la realidad de la voluntad que, verdaderamente es irresistible, pero que ha sido suplantada por falsos valores, opiniones ajenas, el tu debes y no debes, el tienes que hacer y no hacer, querer o no querer, ya sea la sociedad, nuestros padres, la religión, la política, los intereses de otros…

Enrique Guillén no teme abordar temas polémicos en su nuevo libro, como la religión y la voluntad de Dios frente al sufrimiento y el horror que vive el ser humano. Es opinión general que “…Dios es el creador de todo ¿también es el creador del sufrimiento de un niño inocente?”. Desde aquí disentimos de esta afirmación, (como experta en religiones que soy doy una opinión personal al respecto sin que melle el análisis que hacemos del presente libro), ya que el ser humano se ha vuelto cómodo al prenderse de las religiones, como bien explica Guillén, para justificar todo, incluyendo sus propios actos. Así que el ser humano por lo que vemos, desea que le creen el mundo, a sí mismo y además le cuiden de ese libre albedrío del que goza para no hacer sufrir a un niño. Muchos dirán que hay niños (la parte más sensible es la más utilizada) que nacen con graves enfermedades y no es su culpa, pero es que queremos todo perfecto, intachable y sin errores. No queremos sufrir, nos da miedo la vida, por ello si ha de haber un Dios, ese Dios debe ser perfecto (como lo clama la religión Católica) de lo demás, como resalta Guillén en su libro, depende de la fe. Pero desde aquí no opinamos lo mismo, creemos y consideramos que el ser humano es responsable, pero otros creen, quieren creer, que de existir un Dios (aunque mi posición atea no asume ni esto ni lo otro) debe ser perfecto, debe estar al tanto de cada movimiento que hacemos, debe impedir que se produzca un crimen, debe evitar que, en resumidas cuentas (como la fábula de la Biblia cristiana), al igual que detuvo el brazo de Abraham para que no asesinase a su hijo Isaac, tome nuestros brazos cada vez que se nos ocurra cometer una atrocidad. Es muy cómodo. Y volviendo a aquellos que nacen con graves, terribles enfermedades (sin poder culparles o sus padres o a la sociedad) reclamamos a Dios porque, de nuevo reiteramos, queremos la perfección, no queremos sufrir sino que ese Dios nos dé (cual si tuviésemos el derecho de pedir y ese supuesto Dios la obligación de hacer) todo perfecto. En realidad, de existir un Dios (como el católico, que en otras religiones es diferente) muchas gracias por crear un mundo y la vida en este planeta o en el universo y hasta ahí. Vamos, que todos somos imperfectos y no porque un Concilio Católico haya decidido que Dios, su Dios, es perfecto, tiene que ser verdad. Así como decidieron que la Virgen era Virgen porque si y ya, mucho después de haber surgido el cristianismo, muchos siglos después, en un nuevo Concilio y así como también inventaron un día el purgatorio porque no sabían qué responder a la gente que preguntaba qué les sucedía a los que no habían sido ni muy malos ni muy buenos, así que radicalmente se inventaron, como buenos creativos que han sido, un lugar de espera, no muy cómodo pero tampoco muy feliz. Y allí si me reencuentro nuevamente con Enrique Guillén cuando nos habla de cómo la religión ha cerrado las puertas de la mente a pensar, nos ha dogmatizado dando supuestas razones a lo que no debe tener razón. La religión es una cosa y el sentimiento religioso es otra. La religión se ha impuesto y nos ha arrebatado ese sentimiento, como lo ha hecho muchos otros dogmas de la sociedad. No se trata de fe o de dogmas, se trata del sentir, de lo que queremos creer no de lo que se nos diga que debemos creer. Y es allí donde se cruzan y se chocan la voluntad verdadera, la voluntad de nuestro ser, el íntimo, el personal, el que nadie ve, con las imposiciones de la sociedad en general.

Pero Guillén no solo nos muestra, también nos enseña, nos incentiva a pensar en más de lo que su libro aparenta decir en su título. Nos enseña que no podemos huir de nuestros demonios, el por qué no, el cómo podemos evitar hacerlo y debemos darles cara. Mediante un aborde claro nos muestra la cara oculta, la temerosa, la que tenemos miedo de mostrar y la que tenemos miedo de saber que poseemos.

Un libro enriquecedor de múltiples facetas, que aborda nuestro sentir, nuestro ser sin rodeos ni eufemismos. Somos lo que somos, somos lo que sentimos, vivamos con nosotros mismos, abandonemos ya la racionalización del mundo para ”…eliminar la inseguridad de la existencia”, como señala Guillén, la de nuestros actos justificándolos con falsas excusas, falsos justificativos, con una cadena de palabras con aparente sentido para no encararnos a nosotros mismos. Dejemos de ocultarnos bajo máscaras que se convierten en otros yo, los falsos, los que no dejan vivir ni actuar a esa voluntad irresistible, precisamente, la que no podemos ni debemos intentar evitar.

Título: Portarretrato de una Voluntad Irresistible
Autor: Enrique Guillén Niño
Primera edición 2005
Editorial: Biblioteca Nueva

   
   
       
 
Enrique Guillén
 
         
Ligia Gómez
lg@alterguia.com.ve
Venezuela
 





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