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Vivimos
en un tiempo en el que las emociones se han ubicado en un lugar
predominante en todas las áreas de estudio de la ciencia
e incluso de la búsqueda personal. Desde la Psicología
hasta la Neurología, buscan una respuesta más
concreta, más firme a lo qué es la emoción
y cómo nos afecta. El debate entre psicólogos
de una y otra escuela ha permanecido indefinido, puesto que
mientras éstos elaboran teorías, los neurólogos
descubren cada vez más los entramados físicos
de nuestro cerebro terminando muchas por derrumbar las especulaciones
creadas solo en base a la observación del comportamiento.
Si bien ésta ha sido, principalmente, la base de la Psicología
para su estudio, no es suficiente para aclararnos el por qué
actuamos de una u otra forma, o el por qué dejamos de
hacerlo. Mientras esta disciplina busca entendernos, la Neurología
busca explicarnos.
Aunando información proveniente de la Neurociencia y
la Psicología, Daniel Goleman intenta
darnos un punto de vista diferente acerca de nuestras emociones
y nuestro comportamiento. Tornándose por momentos bastante
especulativo, mientras que en otros se ciñe a los datos
más estrictos de los que la ciencia ya dispone, puede
llevar a quien desconoce las áreas anteriormente nombradas
a considerar que efectivamente poseemos una inteligencia emocional
que funciona de forma casi independiente de la racional. Si
bien no es esto lo que se propone Goleman en su libro, es bastante
cercano a lo que se desprende de la mayor parte de su texto,
especialmente cuando pasa por alto que la emoción, a
menos que no sea registrada y entonces hablamos de emociones
muy básicas y por tanto carentes de toda inteligencia,
no deja de pasar por los conductos de razonamiento o, por lo
menos, de análisis, función ésta de nuestra
corteza cerebral, y no de nuestro llamado cerebro primitivo,
aún cuando la conclusión de ese razonamiento sea
equivocado. Y no se trata de que no lo puntualice en su libro,
pero más bien se queda en una esquina de alguna página,
quizás en un intento de dar mayor fuerza a la teoría
de la inteligencia emocional.
Aún así, la panorámica que brinda acerca
del comportamiento, y sus causas emocionales, que sino cuáles
otras, es de sumo interés para quien desee conocer un
poco más de sí mismo y de cómo y cuánto
nuestra razón es afectada por las pasiones o los sentimientos,
tanto en su aspecto negativo: ira, descontento, tristeza, etc.
al igual que en los positivos: alegría, amor, confianza,
entre otros. Igualmente intenta, como otros libros de autoayuda
(aunque hay una gran distancia con el resto, principalmente
en su contenido y narrativa coherente), mostrar formas mediante
las cuales podemos corregir parte de nuestro comportamiento
erróneo, cuando lo es, o mejorar, cuando no lo es.
De lectura amena y con variados, pero específicos, ejemplos,
este libro puede llevar a comprender mejor lo que es la emoción
en todas sus variantes, pero también a considerar que
la inteligencia emocional es más importante que la inteligencia
racional. Y es que el subtítulo puede resultar engañoso
(Por qué es más Importante que el Cociente
Intelectual), si nos dejamos llevar por lo que hasta hace
algunas décadas se consideraba inteligencia, es decir,
el número de Cociente Intelectual, concepto que, como
explica el mismo Goleman, la Psicología ha demostrado
que no se adecua a la definición de lo que debemos considerar
como inteligente, así como tampoco lo hace la cantidad
de conocimientos e información que seamos capaces de
adquirir, puesto que de nada valdrán si delante de ellos
no hay una conciencia inteligente que sepa utilizarlos. Quizás
deba tomarse en cuenta que la inteligencia tiene su propio concepto
mientras que la emoción tiene otro y que no se limitan
a ser solo palabras definitorias, sino la realidad de la conciencia
humana y de su comportamiento.
Más allá de las especulaciones acerca de cuantas
inteligencias poseemos (considerando la aparición de
libros como la Inteligencia Moral, la Inteligencia Espiritual
y alguno que llega a decirnos que tenemos 9 inteligencias o
más) es posible que se esté confundiendo la verdadera
contribución de este libro que desea hacernos un señalamiento
acerca de la manera como nuestras emociones pueden entorpecer
a todos, incluso a quien posee una desarrollada inteligencia
racional (y no hablamos de CI). Quizás se deba considerar
más un aporte para conocer nuestras emociones que la
afirmación de que nuestra mente está dividida,
cayendo en el viejo atajo, y error, de la dicotomía,
aparentemente ya superada, pero que cada tanto vuelve a aparecer,
anteriormente del cuerpo y de la mente, y ahora de las emociones
y el raciocinio.
Sin desear caer en más especulaciones que las que el
libro nos brinda, fuera de la información concreta que
también expone, no está de más recordar
que nuestra mente es una, y que la razón sin emoción
no es humana, como la emoción sin razón tampoco
lo es.
Finalmente, es este un libro recomendable para conocer un poco
más acerca de la complejidad de las emociones humanas.
Título: La Inteligencia Emocional (Emotional Intelligence)
Autor: Daniel Goleman
Págs.: 397
Editorial: 1996 Javier Vergara Editor S.A.
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