forma
de elíxires (léase aceites, pócimas, baños,
etc.) en cualquier tienda que, peor aún, se atreven a llamar
de la New Age (que el término está de moda entre los
latinos, porque sino parece que queda poco “cool”, “fashion”
o como se diga en cualquier otro país; que parece que si
no lo decimos en inglés nos falta algo, quizás el
encanto o quizás la falsa idea de que introducir neologismos
en nuestro idioma continúa siendo la mejor forma de expresarnos
en estos tiempos de globalización.
Así pues, que esta Nueva Era, que tan bonita se veía
venir, se ha convertido en la última década en la
más fértil fuente de ingresos para cualquiera que
se diga vidente, iluminado, descendiente o reencarnado de los egipcios,
basta con que se vista de blanco y extienda sus brazos hacia el
cielo o que utilice un pseudónimo de cualquier Dios egipcio,
que no importa si no saben quien fue, lo importante es que impresiona.
Y lo que está
de moda para muchos no es el estudio de estos temas, no es la
ayuda que pueden proporcionar tantos textos, tanta información
relegada y marginada por la ciencia ortodoxa durante tanto tiempo,
ni su divulgación veraz y honesta, lo que está en
boga es el timo, el engaño y el robo. ¿Acaso hay
otros nombres que dar a los actos que cometen inescrupulosamente
estos individuos? No.
Ni soy la
primera, ni seré la última en denunciar a estos
ladrones de esperanzas, a estos magos del teatro barato que con
una mano muestran soluciones fantásticas y con la otra
nos tocan el bolsillo para extraernos el dinero. Y muchos dirán,
¿no existen ladrones, timadores y estafadores en cualquier
ámbito y en cualquier profesión? Pregunta ingenua,
cuya respuesta conocemos y cuya existencia no justifica que le
sumemos lo que todo este movimiento de la Nueva Era implica. Y
es porque no implica cualquier cosa que este tipo de actos agrava
su presencia en este ámbito. Pero esto sería materia
de otro artículo, para no hacerla larga y que se pierda
el hilo que cada vez es más extenso en el campo de estas
estafas.
La pregunta
quizás sería ¿por qué cada vez se
hace más largo? Y la respuesta puede tener varias opciones
(valgan las ironías que deliberadamente se han incluido):
1. Nos gusta
que nos roben, no importa ni cómo, ni cuándo, ni
por qué, siempre que sea en un consultorio, adornado con
todos los periquitos de la Nueva Era o Feng Shui o Cristales.
2. El teatro
carnavalesco de estos individuos es lindo de ver y pagamos por
asistir a él.
3. Nos gusta
que jueguen con nuestras emociones y sentimientos, en un entramado
masoquista digno de dejar en manos del mejor y más osado
de los psicólogos.
4. Nos comimos
toda la cháchara inventada de que el vecino, la suegra,
la ex-novia, el jefe, el compañero de trabajo y todo aquel
que nos roce socialmente o no guste de nosotros, irá corriendo
tras una bruja para hacernos un “trabajo” que nos
voltee la vida y nos ponga en las malas.
5. Creemos
que estos magos son dueños del destino y manipuladores,
quise decir manejadores, de las energías cósmicas
por lo que serán capaces de hacer regresar al novio o la
novia, les gustemos o no, nos quieran o no. Con lo que el mago,
brujo, iluminado, vidente, etc. se convierte en un Dios (¿Osiris
reencarnado?) que nos lo traerá de vuelta.
6. Nos sobra
el dinero y es una forma de hacer caridad con personas que no
tienen más talento ni capacidad de trabajo que la de robar.
(A veces la gente se pasa de buena, recordemos que hay muchos
discapacitados, ancianos y niños que no tienen con qué
comer o vestirse. ¿A dónde se fue el sentimiento
de humanismo que quedaba?)
7. Creemos
que alguien puede ayudarnos, creemos que estas personas actúan
por nuestro bien, que intentan salvarnos de las malas intenciones
de otros, que desean nuestro bienestar.
Quizás
la última opción sea la correcta, en un intento
por querer enderezar nuestras vidas, por desear creer en los milagros
cotidianos, que ya los de la Iglesia están pasando de moda,
acudimos a estos consultorios llenos de deseos por encontrar la
ayuda que no encontramos en la ciencia ni en la religión
ni en nosotros mismos, que no encontramos a través de utilizar
nuestros propios y personales recursos, que no nos aporta ni nos
regala la vida a la vuelta de la esquina, porque muchas veces
damos la espalda a las palabras resignación, lucha, esfuerzo
y al trabajo interno. Que es más fácil pensar que
alguien pueda presentarse con la solución a importantes
situaciones de nuestra vida a cambio de dinero.
Muchos se
preguntarán a qué viene este artículo, cuando
ya todos sabemos que esto es el día a día de la
vida de muchos videntes, que los hay honestos pero también
mentirosos, los más, que los iluminados no sobran, si es
que los hay, y que las brujas son una polémica (las de
ahora, que las de la Inquisición, ya fueron).
Hace poco
tuve el desagrado de toparme y conocer personalmente a un grupo
de artistas, que del show de la televisión (en Venezuela)
saltaron al comercio de las ya nombradas esencias que tanto gustan
vender en la mayoría de estos locales. Uno más,
uno de tantos, pensé. Pero no, cuando conocí el
caso de varias personas, a quienes estos magos ilusionistas bajo
la advertencia de que sus vidas se venían abajo, que el
amor no llegaría si no se hacían un “trabajo”
con ellos, lograron engañar y robar.
Y, por supuesto,
en su comercio no sólo tienen la vidente que más
que el futuro, ve todo lo malo inimaginable para cualquier persona,
así como afirma ser capaz, cual Diosa egipcia, de obrar
importantes cambios en el destino de quienes se ponen en sus manos
o, mejor dicho, de quienes ponen dinero en sus manos. No sabemos
si esto lo logra gracias a sus delirios, alucinaciones o bajo
la influencia de alguna hierba de las tantas que venden o quizás
de las que no venden (?).
Y es que sobran
en este lugar las ventas más inverosímiles, más
que esencias y aceites, podemos encontrar tierra de cementerio
(deberían cuidarse en los entierros a los que estos cuatro,
tres magos más la vidente, asisten, no sea que les profanen
las tumbas). Por supuesto, también agua bendita y todo
ello con su respectiva etiqueta y, como no, precio. ¿Quiere
tierra de cementerio y le da miedo incursionar en uno de noche
por temor a los espíritus que descansan en paz? ¿o
tiene miedo de ser encontrado penosamente escarbando un puñado
de tierra de la tumba de algún desconocido? No importa,
en este local se lo darán…y certificado claro, que
alguno de ellos es lo suficientemente valiente, no solo para estafar,
sino para pisar tierra de muertos y, además, llegarse hasta
una iglesia y pedirle a un cura que bendiga una botella de agua
para incrementar ventas (todo sea por el bien de los afligidos).
Bueno, quizás estamos siendo demasiado bondadosos, pensando
que serán capaces de hacer tanto trabajo, más allá
de estar sentados a la espera de su próxima víctima
de estafa, y en realidad compran los bultos de tierra, los empacan
y…etiqueta va, precio viene. Igual con el agua bendita,
que del grifo del baño también sale agua ¿no?
Aún
no hemos terminado, y es que el cuento es para largo. Como decía,
de salir del show televisivo, auspiciado por un canal cuya vergüenza
se quedó detrás de algún cable en desuso,
de aquellos shows que están de moda donde se inventan recetas,
no de cocina por cierto, que esos cada vez tienen menos rating,
sino de hechizos los cuales repartían a diestra y siniestra,
números de lotería (no sé porque no los juegan
ellos y así de dejan de estafar a inocentes) y otros absurdos,
previa presentación esotérica, aunque no saben muy
bien qué es la palabra esotérico, pero que en su
concepción se trata de sábanas colgantes, collares
extravagantes y rostros enigmáticos (maquillaje de por
medio) lograron ganar la popularidad necesitada para luego buscar
un local y comenzar, finalmente, a cumplir el sueño dorado
de cualquier estafador de la Nueva Era.
Y estos nuevos
malabaristas del engaño y el descaro pueden encontrarse
en el local donde amablemente saldrán a su encuentro al
igual que los dioses reencarnados del antiguo Egipto, acompañados,
no podía ser diferente, de la escandalosa vidente, que
no es de turno, porque comparte ganancias, presta a ver el mal
de ojo, la inquina, la brujería, las influencias negativas
en su aura y en cuanta energía tenga cerca, sea suya o
no. También, recordemos, poseedora de elevados poderes
(que a su lado Dios se queda corto) como para cambiar el destino
de cualquier ser humano. Ahora que Venezuela atraviesa una crisis
política y económica de gran magnitud, bueno sería
que usara sus poderes para ayudar a la mayoría pero…
¿será que no puede porque se le quedan cortos los
poderes, que por supuesto ni siquiera tiene, o será que
sabe que nadie le pagaría por hacerlo? Y es que así,
sin dinero de por medio, por un trabajo, no vale. Que se debe
pasar noches desvelándose mientras estudia extensos volúmenes
de Física Cuántica, a ver si es cierto que la mente
puede alterar las partículas y, por tanto, la materia y,
por tanto, la mente y, por tanto, la vida. Caramba, que debe cobrar
por sus servicios, y bastante.
Finalmente,
luego de la consabida consulta en el que viendo el futuro y demás
acontecimientos de quien, ingenuamente, se dispone a pagar por
ello, viene lo mejor. Para ellos, claro. El momento de la revelación
en el que los más anhelados deseos del consultante (léase
víctima) serán cumplidos y si se trata de una brujería,
apelará al consabido dicho popular “de que vuelan,
vuelan” para convencerle de que, urgentemente, debe someterse
a una limpieza (no, en el baño no, que esa es solo física,
aquí hablamos de energías sutiles, aunque no se
le puede pagar con monedas de esa misma materia, porque no se
ven y así no valen). El proceso es más o menos como
sigue:
1. Consulta
en la que la vidente con expresiones altisonantes (léase
groserías y vocabulario más que ordinario) revisa
o chequea, expresión muy usada por esta vidente, quizás
en una asociación inconsciente con la palabra cheque, interpreta
las cartas a la persona indicándole lo que habrá
de venir en su futuro.
2. Pausa melodramática.
Aquí su expresión cambia, su voz se eleva y golpeando
las cartas a medida que las extrae, expresa los males a que está
sometido el pobre consultante, los daños que otros le están
haciendo.
3. Luego de
este interludio en el que la vidente observa la fragilidad o no
del candidato a completar su sueldo de ese mes, termina rematando
con algunas predicciones más, para que no se diga que está
allí nada más que para sacar ventajas monetarias.
4. Finalmente,
el momento de las cifras. Cosa delicada, que como buen vendedor,
es resuelto en pocos y rápidos intercambios de frases:
Bs. 120.000 por el trabajo, más materiales, que pueden
ascender a más de Bs. 200.000, a adquirir necesaria y obligatoriamente
en el mismo local, más una segunda y tercera consulta a
unos Bs. 30.000 cada una, más una limpieza de Bs. 50.000.
Punto. Refulge la espiritualidad de la Nueva Era.
5. El consultante
compra todos los materiales que, por supuesto, permanecerán
en manos de la vidente o, más bien, serán reciclados
por la misma tienda.
6. La vida
del consultante no cambia, los deseos no se hacen realidad. Ha
sido otra víctima de la estafa de la "New Age artística".
7. El reclamo
es, por supuesto, imposible, el dinero no se devuelve porque tampoco
hay garantías, que así no habría negocio.
Seguramente, aducen, otras energías han intervenido. Posible
solución: un nuevo “trabajo”, porque lo que
le están haciendo a la víctima debe ser muy fuerte.
Y vuelve a comenzar la historia.
Gracias, entre
otros alicientes, al canal televisivo más prolífico
en Iluminados, aquel al que, como dijimos se le debe haber perdido
la vergüenza acompañada de la honestidad, y que cada
6 meses cambia a un nuevo iluminado, así como a otros canales
que le siguen los pasos, lamentablemente, estos magos del engaño
y el robo adquieren la suficiente popularidad para luego crear
revistas con predicciones de signos (que novedad, no lo habíamos
visto), locales llenos de frasquitos con aromas que hacen milagros,
centros de estudios en los que enseñan los que ellos "saben"
de estos temas (aunque usted no lo crea) y un sin fin de medios
más para continuar aprovechando la buena racha de ingenuidad
que ha atacado a los creyentes de la Nueva Era, que han olvidado
que el sentido común y el juicio objetivo nunca deben ser
abandonados.
Esperemos
que más de uno abra los ojos, porque videntes reales y
honestos existen, solo hay que conocerlos (en AlterGuía
entrevistaremos a varios de ellos próximamente), y las
tiendas con productos de Feng Shui, Cristales, Artesanías
Orientales y demás artículos asociados a la Nueva
Era, también.
Mejor ir donde la venta es la venta y el vidente es el vidente,
en vez de ir donde el vidente es el ladrón, los artículos
son el señuelo y la tienda es el escenario para la estafa
perfecta.
Así
que estos magos, por el momento, siguen ganando dinero…
y es que tocando madera parece que se logra mucha suerte, aunque
sea por medios fraudulentos.
Nota:
Para quienes estudian estos y otros temas les comento que no se
trata de que el Feng Shui no funcione o de que los Cristales no
sirvan, se trata del uso que, deliberadamente, estas personas
les dan para impresionar y estafar. Que ningún extremo
es bueno, ni el creyente ni el del tajante escepticismo, ya lo
dijimos una vez en otro artículo.
Más de un especialista, estudiosos serios, así como
los hay en lo paranormal y en la ufología, los hay en
Feng Shui o en Cristales.
Leamos y luego, de ser posible, no emitamos juicios prematuros,
no sea que nos equivoquemos. No debemos temer a la denuncia del
fraude o del error, pero tampoco basarla en nuestras concepciones
personales. Mantengamos la verdadera actitud de lo que significa
ser escéptico (no un pseudo-escéptico, que no saben
ni lo que significa el término, ni se preocupan por investigar
lo que intentan desprestigiar). Estudiemos e investiguemos, por
más que el tiempo se nos vaya en ello sin llegar, la mayoría
de las veces, a un resultado definitivo. Ese es el verdadero investigador
de estos temas, intentemos serlo en lugar de convertirnos en paladines
del prejuicio, como muchos lo hacen.