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Tocando Madera y Tocando Billete
Parecía que ya no podía asombrarme más, que ya ningún otro hecho relacionado con lo paranormal o la Nueva Era debería de causarme más perplejidad. Tras años de estudiar estos temas y trabajar en ellos, parecería lógico que se nos creara una especie de coraza anti-asombros. Pero no es así. Lamentablemente la Nueva Era ha traído consigo además de los ideales de una nueva conciencia y del rescate de valores morales, éticos y humanos, que parecen haberse perdido con el paso del tiempo y de los años, de las culturas y sus cambios, de la sociedad y sus declives, una nueva forma de traficar con la esperanza, la confianza y, por supuesto, el dinero.

Pareciera que el ser humano no se cansa ni se da abasto con las tantas formas de robar y estafar que ya ha inventado a lo largo del tiempo y que, infortunadamente, tan bien le han funcionado. Tal vez, exista una especie de compulsión que le impele a buscar siempre nuevas vías, nuevas maneras y, por supuesto, nuevas víctimas.

El asombro al que me refiero es el que nos provoca la descarada estafa de aquellos que, camuflados bajo una imagen de salvadores, iluminados y santones modernos, nos brindan la panacea de la felicidad en

forma de elíxires (léase aceites, pócimas, baños, etc.) en cualquier tienda que, peor aún, se atreven a llamar de la New Age (que el término está de moda entre los latinos, porque sino parece que queda poco “cool”, “fashion” o como se diga en cualquier otro país; que parece que si no lo decimos en inglés nos falta algo, quizás el encanto o quizás la falsa idea de que introducir neologismos en nuestro idioma continúa siendo la mejor forma de expresarnos en estos tiempos de globalización.

Así pues, que esta Nueva Era, que tan bonita se veía venir, se ha convertido en la última década en la más fértil fuente de ingresos para cualquiera que se diga vidente, iluminado, descendiente o reencarnado de los egipcios, basta con que se vista de blanco y extienda sus brazos hacia el cielo o que utilice un pseudónimo de cualquier Dios egipcio, que no importa si no saben quien fue, lo importante es que impresiona.

Y lo que está de moda para muchos no es el estudio de estos temas, no es la ayuda que pueden proporcionar tantos textos, tanta información relegada y marginada por la ciencia ortodoxa durante tanto tiempo, ni su divulgación veraz y honesta, lo que está en boga es el timo, el engaño y el robo. ¿Acaso hay otros nombres que dar a los actos que cometen inescrupulosamente estos individuos? No.

Ni soy la primera, ni seré la última en denunciar a estos ladrones de esperanzas, a estos magos del teatro barato que con una mano muestran soluciones fantásticas y con la otra nos tocan el bolsillo para extraernos el dinero. Y muchos dirán, ¿no existen ladrones, timadores y estafadores en cualquier ámbito y en cualquier profesión? Pregunta ingenua, cuya respuesta conocemos y cuya existencia no justifica que le sumemos lo que todo este movimiento de la Nueva Era implica. Y es porque no implica cualquier cosa que este tipo de actos agrava su presencia en este ámbito. Pero esto sería materia de otro artículo, para no hacerla larga y que se pierda el hilo que cada vez es más extenso en el campo de estas estafas.

La pregunta quizás sería ¿por qué cada vez se hace más largo? Y la respuesta puede tener varias opciones (valgan las ironías que deliberadamente se han incluido):

1. Nos gusta que nos roben, no importa ni cómo, ni cuándo, ni por qué, siempre que sea en un consultorio, adornado con todos los periquitos de la Nueva Era o Feng Shui o Cristales.

2. El teatro carnavalesco de estos individuos es lindo de ver y pagamos por asistir a él.

3. Nos gusta que jueguen con nuestras emociones y sentimientos, en un entramado masoquista digno de dejar en manos del mejor y más osado de los psicólogos.

4. Nos comimos toda la cháchara inventada de que el vecino, la suegra, la ex-novia, el jefe, el compañero de trabajo y todo aquel que nos roce socialmente o no guste de nosotros, irá corriendo tras una bruja para hacernos un “trabajo” que nos voltee la vida y nos ponga en las malas.

5. Creemos que estos magos son dueños del destino y manipuladores, quise decir manejadores, de las energías cósmicas por lo que serán capaces de hacer regresar al novio o la novia, les gustemos o no, nos quieran o no. Con lo que el mago, brujo, iluminado, vidente, etc. se convierte en un Dios (¿Osiris reencarnado?) que nos lo traerá de vuelta.

6. Nos sobra el dinero y es una forma de hacer caridad con personas que no tienen más talento ni capacidad de trabajo que la de robar. (A veces la gente se pasa de buena, recordemos que hay muchos discapacitados, ancianos y niños que no tienen con qué comer o vestirse. ¿A dónde se fue el sentimiento de humanismo que quedaba?)

7. Creemos que alguien puede ayudarnos, creemos que estas personas actúan por nuestro bien, que intentan salvarnos de las malas intenciones de otros, que desean nuestro bienestar.

Quizás la última opción sea la correcta, en un intento por querer enderezar nuestras vidas, por desear creer en los milagros cotidianos, que ya los de la Iglesia están pasando de moda, acudimos a estos consultorios llenos de deseos por encontrar la ayuda que no encontramos en la ciencia ni en la religión ni en nosotros mismos, que no encontramos a través de utilizar nuestros propios y personales recursos, que no nos aporta ni nos regala la vida a la vuelta de la esquina, porque muchas veces damos la espalda a las palabras resignación, lucha, esfuerzo y al trabajo interno. Que es más fácil pensar que alguien pueda presentarse con la solución a importantes situaciones de nuestra vida a cambio de dinero.

Muchos se preguntarán a qué viene este artículo, cuando ya todos sabemos que esto es el día a día de la vida de muchos videntes, que los hay honestos pero también mentirosos, los más, que los iluminados no sobran, si es que los hay, y que las brujas son una polémica (las de ahora, que las de la Inquisición, ya fueron).

Hace poco tuve el desagrado de toparme y conocer personalmente a un grupo de artistas, que del show de la televisión (en Venezuela) saltaron al comercio de las ya nombradas esencias que tanto gustan vender en la mayoría de estos locales. Uno más, uno de tantos, pensé. Pero no, cuando conocí el caso de varias personas, a quienes estos magos ilusionistas bajo la advertencia de que sus vidas se venían abajo, que el amor no llegaría si no se hacían un “trabajo” con ellos, lograron engañar y robar.

Y, por supuesto, en su comercio no sólo tienen la vidente que más que el futuro, ve todo lo malo inimaginable para cualquier persona, así como afirma ser capaz, cual Diosa egipcia, de obrar importantes cambios en el destino de quienes se ponen en sus manos o, mejor dicho, de quienes ponen dinero en sus manos. No sabemos si esto lo logra gracias a sus delirios, alucinaciones o bajo la influencia de alguna hierba de las tantas que venden o quizás de las que no venden (?).

Y es que sobran en este lugar las ventas más inverosímiles, más que esencias y aceites, podemos encontrar tierra de cementerio (deberían cuidarse en los entierros a los que estos cuatro, tres magos más la vidente, asisten, no sea que les profanen las tumbas). Por supuesto, también agua bendita y todo ello con su respectiva etiqueta y, como no, precio. ¿Quiere tierra de cementerio y le da miedo incursionar en uno de noche por temor a los espíritus que descansan en paz? ¿o tiene miedo de ser encontrado penosamente escarbando un puñado de tierra de la tumba de algún desconocido? No importa, en este local se lo darán…y certificado claro, que alguno de ellos es lo suficientemente valiente, no solo para estafar, sino para pisar tierra de muertos y, además, llegarse hasta una iglesia y pedirle a un cura que bendiga una botella de agua para incrementar ventas (todo sea por el bien de los afligidos). Bueno, quizás estamos siendo demasiado bondadosos, pensando que serán capaces de hacer tanto trabajo, más allá de estar sentados a la espera de su próxima víctima de estafa, y en realidad compran los bultos de tierra, los empacan y…etiqueta va, precio viene. Igual con el agua bendita, que del grifo del baño también sale agua ¿no?

Aún no hemos terminado, y es que el cuento es para largo. Como decía, de salir del show televisivo, auspiciado por un canal cuya vergüenza se quedó detrás de algún cable en desuso, de aquellos shows que están de moda donde se inventan recetas, no de cocina por cierto, que esos cada vez tienen menos rating, sino de hechizos los cuales repartían a diestra y siniestra, números de lotería (no sé porque no los juegan ellos y así de dejan de estafar a inocentes) y otros absurdos, previa presentación esotérica, aunque no saben muy bien qué es la palabra esotérico, pero que en su concepción se trata de sábanas colgantes, collares extravagantes y rostros enigmáticos (maquillaje de por medio) lograron ganar la popularidad necesitada para luego buscar un local y comenzar, finalmente, a cumplir el sueño dorado de cualquier estafador de la Nueva Era.

Y estos nuevos malabaristas del engaño y el descaro pueden encontrarse en el local donde amablemente saldrán a su encuentro al igual que los dioses reencarnados del antiguo Egipto, acompañados, no podía ser diferente, de la escandalosa vidente, que no es de turno, porque comparte ganancias, presta a ver el mal de ojo, la inquina, la brujería, las influencias negativas en su aura y en cuanta energía tenga cerca, sea suya o no. También, recordemos, poseedora de elevados poderes (que a su lado Dios se queda corto) como para cambiar el destino de cualquier ser humano. Ahora que Venezuela atraviesa una crisis política y económica de gran magnitud, bueno sería que usara sus poderes para ayudar a la mayoría pero… ¿será que no puede porque se le quedan cortos los poderes, que por supuesto ni siquiera tiene, o será que sabe que nadie le pagaría por hacerlo? Y es que así, sin dinero de por medio, por un trabajo, no vale. Que se debe pasar noches desvelándose mientras estudia extensos volúmenes de Física Cuántica, a ver si es cierto que la mente puede alterar las partículas y, por tanto, la materia y, por tanto, la mente y, por tanto, la vida. Caramba, que debe cobrar por sus servicios, y bastante.

Finalmente, luego de la consabida consulta en el que viendo el futuro y demás acontecimientos de quien, ingenuamente, se dispone a pagar por ello, viene lo mejor. Para ellos, claro. El momento de la revelación en el que los más anhelados deseos del consultante (léase víctima) serán cumplidos y si se trata de una brujería, apelará al consabido dicho popular “de que vuelan, vuelan” para convencerle de que, urgentemente, debe someterse a una limpieza (no, en el baño no, que esa es solo física, aquí hablamos de energías sutiles, aunque no se le puede pagar con monedas de esa misma materia, porque no se ven y así no valen). El proceso es más o menos como sigue:

1. Consulta en la que la vidente con expresiones altisonantes (léase groserías y vocabulario más que ordinario) revisa o chequea, expresión muy usada por esta vidente, quizás en una asociación inconsciente con la palabra cheque, interpreta las cartas a la persona indicándole lo que habrá de venir en su futuro.

2. Pausa melodramática. Aquí su expresión cambia, su voz se eleva y golpeando las cartas a medida que las extrae, expresa los males a que está sometido el pobre consultante, los daños que otros le están haciendo.

3. Luego de este interludio en el que la vidente observa la fragilidad o no del candidato a completar su sueldo de ese mes, termina rematando con algunas predicciones más, para que no se diga que está allí nada más que para sacar ventajas monetarias.

4. Finalmente, el momento de las cifras. Cosa delicada, que como buen vendedor, es resuelto en pocos y rápidos intercambios de frases: Bs. 120.000 por el trabajo, más materiales, que pueden ascender a más de Bs. 200.000, a adquirir necesaria y obligatoriamente en el mismo local, más una segunda y tercera consulta a unos Bs. 30.000 cada una, más una limpieza de Bs. 50.000. Punto. Refulge la espiritualidad de la Nueva Era.

5. El consultante compra todos los materiales que, por supuesto, permanecerán en manos de la vidente o, más bien, serán reciclados por la misma tienda.

6. La vida del consultante no cambia, los deseos no se hacen realidad. Ha sido otra víctima de la estafa de la "New Age artística".

7. El reclamo es, por supuesto, imposible, el dinero no se devuelve porque tampoco hay garantías, que así no habría negocio. Seguramente, aducen, otras energías han intervenido. Posible solución: un nuevo “trabajo”, porque lo que le están haciendo a la víctima debe ser muy fuerte. Y vuelve a comenzar la historia.

Gracias, entre otros alicientes, al canal televisivo más prolífico en Iluminados, aquel al que, como dijimos se le debe haber perdido la vergüenza acompañada de la honestidad, y que cada 6 meses cambia a un nuevo iluminado, así como a otros canales que le siguen los pasos, lamentablemente, estos magos del engaño y el robo adquieren la suficiente popularidad para luego crear revistas con predicciones de signos (que novedad, no lo habíamos visto), locales llenos de frasquitos con aromas que hacen milagros, centros de estudios en los que enseñan los que ellos "saben" de estos temas (aunque usted no lo crea) y un sin fin de medios más para continuar aprovechando la buena racha de ingenuidad que ha atacado a los creyentes de la Nueva Era, que han olvidado que el sentido común y el juicio objetivo nunca deben ser abandonados.

Esperemos que más de uno abra los ojos, porque videntes reales y honestos existen, solo hay que conocerlos (en AlterGuía entrevistaremos a varios de ellos próximamente), y las tiendas con productos de Feng Shui, Cristales, Artesanías Orientales y demás artículos asociados a la Nueva Era, también.

Mejor ir donde la venta es la venta y el vidente es el vidente, en vez de ir donde el vidente es el ladrón, los artículos son el señuelo y la tienda es el escenario para la estafa perfecta.

Así que estos magos, por el momento, siguen ganando dinero… y es que tocando madera parece que se logra mucha suerte, aunque sea por medios fraudulentos.


Nota: Para quienes estudian estos y otros temas les comento que no se trata de que el Feng Shui no funcione o de que los Cristales no sirvan, se trata del uso que, deliberadamente, estas personas les dan para impresionar y estafar. Que ningún extremo es bueno, ni el creyente ni el del tajante escepticismo, ya lo dijimos una vez en otro artículo. Más de un especialista, estudiosos serios, así como los hay en lo paranormal y en la ufología, los hay en Feng Shui o en Cristales.

Leamos y luego, de ser posible, no emitamos juicios prematuros, no sea que nos equivoquemos. No debemos temer a la denuncia del fraude o del error, pero tampoco basarla en nuestras concepciones personales. Mantengamos la verdadera actitud de lo que significa ser escéptico (no un pseudo-escéptico, que no saben ni lo que significa el término, ni se preocupan por investigar lo que intentan desprestigiar). Estudiemos e investiguemos, por más que el tiempo se nos vaya en ello sin llegar, la mayoría de las veces, a un resultado definitivo. Ese es el verdadero investigador de estos temas, intentemos serlo en lugar de convertirnos en paladines del prejuicio, como muchos lo hacen.

 
         
   
Ligia Gómez Lobo
lg@alterguia.com.ve
Venezuela
 
         
 
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