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Carlos Castaneda, a través del infinito
A casi dos años de su muerte y a treinta de la aparición de su primer libro, todavía no sabemos bien quien fue Carlos Castaneda. Sobre él se tejen las más variadas e insólitas historias e hipótesis. Pero la vida y la obra de este antropólogo outsider siguen concitando el interés e incluso la devoción de muchísimas personas en todo el mundo. ¿Cuáles son las claves de esta vigencia? ¿Existió realmente Juan Matus, el sabio indio yaqui que lo inicia en el conocimiento ancestral de los “brujos” del México antiguo? ¿por qué sus publicaciones despiertan tanta polémica? Esta nota indaga en estas y otras preguntas, generadas en una particular visión del mundo y de la vida que Castaneda se ocupó muy bien de difundir.

Un impacto en la quietud antropológica


La aparición de Las enseñanzas de Don Juan en 1968 provocó un quiebre en la antropología. Por primera vez un antropólogo no sólo relataba de manera casi coloquial sus experiencias con un “hombre de conocimiento” (en este caso de la etnia yaqui de México, llamado Juan Matus) sino que dando un paso más, transmitía su propio proceso de involucramiento en una nueva situación a través de la cual, se convertía en aprendiz de una sabiduría milenaria, lo que le cambiaría por completo la vida.
Su autor, un hasta entonces desconocido antropólogo llamado Carlos Castaneda, de origen difuso -se definía a si mismo como latinoamericano- con base en California, se alejaba de la etnografía tradicional, dándole al “trabajo de campo” un giro novedoso: la disciplina científica cobraba una vida inusual mientras el antropólogo se transformaba profundamente en lo personal. Este extraño proceso, sumado a hechos como que nunca Castaneda reveló el lugar ó datos personales de Juan Matus, no pudiendo entonces accederse a él; ó que la misma historia de Castaneda fuera desde siempre un enigma; lo cierto es que todo coadyuvó a que el sistema académico no lo considerara parte de él y es más, en buena medida lo rechazara. A Castaneda esto parecría que lo tenía sin cuidado. El siguió su marcha, aprendiendo del sabio yaqui, cambiando su vida y transmitiendo al mundo los conocimientos adquiridos.

La ampliación de la conciencia y el chamanismo

En medio de la guerra fría y la de Vietnam; de las postrimerías del movimiento hippie y la psicodelia; del fin del “sueño” Beatle de cambiar el mundo y del surgimiento de los movimientos armados de liberación nacional, Castaneda cuestiona el concepto de realidad e introduce en plena década del setenta, la utilización ritual de plantas sagradas como recurso para ingresar en lo que define -inicialmente- como “realidad aparte”.
Si bién no es el primero en este campo de estudio -pueden mencionarse a A.Huxley (“Las puertas de la percepción”) ó John Lilly, como algunos de los inmediatos antecedentes que incursionan en la utilización de plantas psicoactivas- insiste en este punto, explicando sus alcances y significados profundos. Las experiencias que describe las enmarca en el ritual indígena, espacio de aprendizaje en donde solo adquieren sentido. Desde este punto de vista -la realidad concebida por el chamán-brujo- es muy importante su contribución a la investigación de la conciencia, convirtiéndose en una referencia imprescindible para muchos estudiosos que a partir de entonces incursionaron en los campos del chamanismo y las “otras realidades”. Las nuevas corrientes de pensamiento en Occidente que comenzaban por entonces a tener cada vez mayor incidencia, conocidas también como nuevos paradigmas, provenientes de los más diversos campos de la ciencia vuelven su mirada a la obra de Castaneda, encontrando el ella un aspecto distintivo: es americana y rescata la cosmovisión originaria, cuando hasta su aparición, era ostensible la influencia de las tradiciones orientales. Este es un plus en Castaneda: equilibra la mirada de las nuevas corrientes de pensamiento, rescatando, desde una nueva perspectiva, una parte del pensamiento original de América.

La cosmovisión yaqui de Don Juan

Uno de los puntos más cuestionados en la obra de Castaneda es el personaje central: Don Juan, ¿era realmente un indígena? y en ese caso...¿era efectivamente un hombre de conocimiento? Y más aún: ¿existió? ¿o es una invención? ¿pertenecía a una comunidad o era un solitario?. Preguntas todavía sin respuestas, pero que en todo caso, no opacan a nuestro entender la trascendencia de la información transmitida. A lo largo de sus libros, Castaneda va dando cuenta de un complejo sistema de conocimiento que tiene su origen en el México antiguo, pero que bien podría extenderse a la cosmovisión indígena considerada en forma global.

Se nos presenta así una idea de la realidad distinta a la que los occidentales estamos acostumbrados a concebir. Esta “otra” idea de la realidad, es llamada por Castaneda de muchas formas, pero al inicio de su obra nos habla de estados de “realidad no ordinaria” como única forma de aprendizaje pragmático para adquirir “el poder”. Don Juan lo introduce en una de las vías de acceso: la ingesta ritual de plantas sagradas, como el cacto lophophora williamsii (“peyote”) con su entidad antropomórfica “Mescalito”, con capacidad de enseñar y dar lecciones correctas para la vida; la “yerba del diablo” (datura inoxia, llamada por Don Juan toloache), y el “humito” (hongo psilocybe mexicana). Todas estas plantas son sumamente difundidas en el mundo indígena de América del Norte y Central.
La capacidad de ingresar a otra concepción de la realidad, y navegar por ella, lleva a Don Juan a iniciar a su discípulo en una sucesión de técnicas propias del mundo indígena. Así se desarrolla la noción del “ver”, proceso por el cual un hombre de conocimiento percibe la esencia de las cosas del mundo. Muchas veces es mencionado el acto de fumar -una vez más en forma ritual- como recurso de auxilio para el desarrollo de esta capacidad, porque “sólo el humo puede dar la velocidad necesaria para vislumbrar ese mundo fugaz”. La importancia del fumar para “ver” y curar es ampliamente difundida en los indígenas de todo el continente. También se muestra el arte de volar y trasladarse a lugares lejanos, una de las técnicas universales del chamanismo, como forma de atravesar los distintos mundos.
Otro recurso es el de “parar el mundo”, a partir de lo cual es posible entonces “ver” y acceder al “otro mundo” -el mundo de los brujos- en donde hablan los coyotes, los venados, la víboras, los árboles y todos los demás seres vivientes. Una técnica asociada a éstas es la del “soñar”. Para un “guerrero”, los sueños son -una vez más-realidades y aprender a utilizar los sueños es parte de sus capacidades. Entre los indígenas el rol de los sueños es fundamental, entendidos como fuente de revelación, mensajes e instrucciones .

Principios básicos de la cosmovisión indígena originaria aparecen a lo largo de todos el pensamiento de Don Juan: la dualidad (el tonal y el nagual); el amor a la tierra; la idea de igualdad entre animales, plantas y seres humanos; la fusión del hombre con el Universo (“el punto de encaje”); la búsqueda del equilibrio, como enseñan los cazadores en su relación con las presas; y así podríamos seguir una enunciación casi interminable.

Un puente entre los mundos


Castaneda permanece en buena parte de su proceso de aprendizaje en una enorme lucha interna, un dilema omnipresente por aceptar en términos intelectuales la descripción del mundo mágico que presenta Don Juan mientras que su cuerpo lo está rechazando.
Sin embargo, llega a un punto en que sus “alas de la percepción” acceden a otras sensibilidades, posibilitándole transitar a través de lo Infinito. Algunas visiones críticas descreen de esta postura, y ponen el énfasis en la última etapa excesivamente comercial del “fenómeno Castaneda”, con la aparición de empresas incluida. No conocemos bién los alcances de esta línea de proyección de su obra, más allá de que el mismo se ocupó de explicar en las últimas entrevistas el sentido de esta incursión.

Sin dejar de tener en cuenta estas observaciones, así como otros interrogantes ya expresados, nos parece importante señalar que sobre el final de su camino, Castaneda parece haber llegado a la comprensión final de la integralidad del hombre, de la necesidad de unir lo que está desgajado, y de sentir que estas revelaciones son un mensaje para transmitir, ahora desde un nuevo lugar, aquel del encuentro entre indígenas y occidentales; ese de la reunión de universos diferentes y a la vez comunes. Es que al fin de cuentas y como decía Don Juan “somos hombres y nuestra suerte es aprender y ser arrojados a mundos nuevos, inconcebibles”.

Guía básica para leer a Castaneda


La famosa tetralogía de Castaneda, que de alguna manera atesora buena parte del pensamiento del autor y su infaltable guía de ruta don Juan Matus, se conoció en Argentina a través de las publicaciones mexicanas del Fondo de Cultura Económica:
Las enseñanzas de Don Juan (1974); Una realidad aparte (1974); Viaje a Ixtlán (1975) y Relatos de Poder (1976).

Le siguieron El Segundo Anillo de Poder (1979, Pomaire,Barcelona); El Fuego Interior (1986); El Conocimiento Silencioso (1988), El Don del Aguila (1994) y El Arte de Ensoñar (1994) todos publicados por Emecé Editores. Las últimas obras son Pases Mágicos, acerca de la sabiduría práctica de los chamanes del antiguo México (Atlántida, Buenos Aires,1998); La Rueda del Tiempo (Plaza y Janés, Barcelona, 1999) una recopilación de las citas procedentes de los libros anteriores. Finalmente. El lado activo del Infinito, que se ocupa de los “eventos memorables” de la vida de Castaneda, eventos personales y a la vez impersonales (Ediciones B, Barcelona, 1999)

Las Enseñanzas de Don Juan. Trigésimo aniversario de la primera edición, (FCE, Buenos Aires, 2000) es su última obra. Tiene un nuevo “comentario” del autor, que en realidad es su diario de navegación acerca de los hechos energéticos por él registrados.

Carlos Martínez Sarasola

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