| El
pasajero promedio con la suerte de conseguir un asiento de ventanilla
en un vuelo comercial apiñado tiene a veces más cosas
que ver por la ventana que los cielos de color azul irreal y nubes
blancas que se extienden hasta el infinito. Debido a la congestión
de las rutas aéreas, resulta posible ver hasta otros aviones
pasando de largo a alturas estratosféricas. El que esto escribe
tuvo la oportunidad de mirar por la ventanilla y ver, desde una perspectiva
de treinta mil pies, un buque de carga surcando las aguas del Atlántico.
Si el observador fortuito llega a ver semejantes cosas, podemos esperar
que las tripulaciones de los aviones de línea lleguen a ver
objetos aún más inesperados. El
13 de abril de 1963, la tripulación de un Boeing 707 viajando
desde San Juan hasta Nueva York presenció algo totalmente
inesperado: luego de haber despegado normalmente del aeropuerto
de Isla Verde y ascendido a la altura de crucero de 30,000 pies
media hora después de haber dejado Puerto Rico, el copiloto
advirtió a sus compañeros de vuelo que se producía
un fenómeno desconocido debajo del reactor: una enorme "burbuja"
que se formaba en la superficie del Atlántico.
Los hombres
en la cabina de vuelo del 707 no daban crédito a lo que estaban
viendo. La burbuja aumentaba de tamaño, y los cálculos
posteriores realizados por el piloto indicaron que el fenómeno
tenía casi una milla de ancho por media milla de alto. ¿Habían
presenciado, acaso, una detonación submarina, una erupción
volcánica, o uno de los fenómenos característicos
de la zona? Treinta y ocho años después, "la
burbuja" sigue siendo un misterio. Algunos han aventurado la
posibilidad de que la tripulación del 707 pudo haber presenciado
la explosión submarina de un dispositivo termonuclear, o
una prueba artificial siendo realizada en el fondo del mar.
Las manifestaciones
de alta extrañeza no resultan fuera de lo común en
esta región del Atlántico, aunque, a veces, su explicación
resulta prosaica. El 21 de agosto de 1969, los ciudadanos de la
República Dominicana presenciaron una enorme nube blanca
que se expandió a dimensiones prodigiosas, formando círculos
concéntricos antes de disiparse. El pánico cundió
entre los testigos, quienes temían que "el fin del mundo"
había llegado, o que la nube presagiaba algún evento
de significado oculto. No obstante, resultó ser parte de
una operación denominada "proyecto Stormfury",
cuya meta consistía en acribillar a los huracanes con yoduro
de plata para disminuir su potencia. Semejantes experimentos, realizados
a alturas estratosféricas, a menudo resultan visibles a cientos
de millas de distancia.
Desapariciones
de alta extrañeza
El marinero
puertorriqueño Roberto Gainer casi llegó a ocupar
su puesto en la tradición de los que se han esfumado por
completo en las aguas tropicales. Por suerte, la inmortalidad decidió
pasarlo por alto.
Zarpando de
San Juan en el mes de octubre de 1976 a bordo de una balandra, el
navegante de 23 años de edad se disponía a disfrutar
de un día de actividad marítima cuando el timón
de su nave se rompió repentinamente. La balandra se vio arrastrada
cientos de kilómetros hacia el mar abierto por poderosas
corrientes, y el radio transmisor de Gainer carecía de la
potencia necesaria como para comunicarse con la costa. Durante las
dos semanas y media que siguieron, el barquito fue arrastrado a
quinientas cincuenta millas de Puerto Rico. De no haber sido por
la casi providencial aparición de un carguero alemán
que captó la balandra en su radar, la desesperación
del joven Gainer habría sido achacada al voraz Triángulo
de las Bermudas.
Pero al igual
que sucede con la aviación, hay desapariciones misteriosas
que tienen matices paranormales y hasta ufológicos. El caso
de Freddy Miller, relatado detalladamente por Sebastián Robiou
en su monumental Manifiesto OVNI: Cuba, Puerto Rico, Republica Dominicana
(Ed. Punto y Coma, 1979) corresponde a esta categoría.
El 5 de mayo
de 1959, una embarcación salió de la ciudad de Santo
Domingo con rumbo hacia la playa de Boca Chica a 20 millas de distancia.
A pesar del magnífico tiempo primaveral y la tranquilidad
del mar, el velero de diecinueve pies que transportaba al productor
y director de televisión Freddy Miller y sus pasajeros (dos
mujeres y dos niños), desaparecieron sin dejar rastro alguno.
Se realizó una búsqueda de tanto las aguas dominicanas
como las adyacentes utilizando los servicios de rescate de la época,
pero jamás volvió a saberse nada de las cinco personas.
Trece años
después, el 22 de septiembre de 1973, Virgilio Gómez,
un gerente de ventas para una de las compañías de
seguros mejor conocidas de la República Dominicana, iba de
camino a visitar una granja experimental, propiedad de la universidad
nacional, en las afueras de San Cristóbal, 15 millas al oeste
de Santo Domingo, para aconsejar a los propietarios sobre la clase
de seguros que debían tener.
A eso de las
9 a.m. mientras que Gómez se desplazaba hacia su destino,
vio que una persona le hacía señas desde el borde
del camino. "Pensé que lo prudente sería evitarlo",
diría el agente de ventas posteriormente en una entrevista.
"Pero al acercarme, me di cuenta que el sujete iba vestido
completamente de verde y que habían dos mas parados a 5 ó
6 metros de distancia del primero. Pensando que podría tratarse
de una garita militar o algún accidente, decidí reducir
la marcha con cuidado. Me detuve a 10 metros de la primera persona
y mantuve el motor encendido..."
Según
Gómez, el hombre en el traje verde le dijo que se llamaba
Freddy Miller, y que "supuestamente" se había ahogado
junto con otras personas, aunque de hecho lo había rescatado
un aparato moderno, "un módulo conocido a la gente como
OVNI".
Creyendo que
se trataba de una tomadura de pelo, Gómez le hizo el juego
y le preguntó al hombre que de dónde venía.
Se quedó pasmado cuando el personaje repuso sobriamente que
venía de Venus, y que su rescate se debía "a
sus conocimientos en la tecnología de la radio", agregando
que no había cupo para los desventurados pasajeros del velero,
y que tampoco habrían sobrevivido al "proceso de adaptación".
Gómez
señaló que su interlocutor alienígena tenía
una piel grisáceo-amarillenta que resultaba repugnante, carecía
de pelo, y hablaba en un tono de voz grueso y ponderoso. El cuerpo
del ser estaba cubierto por un mono de color verde sin cremalleras
ni bolsillos. Llevaba un gran reloj pulsera "parecido al que
utilizan los submarinistas" en la muñeca izquierda.
El agente de
seguros pudo ver un vehículo a medio ocultar en la maleza
al lado del camino, cosa que le hizo darse cuenta de que la situación
no era una broma. La nave de configuración ovalada tenía
un brillo parecido al del cromo y tenía el aspecto de una
pelota de fútbol americano, sin ventanas y sin remaches.
El supuesto
"Freddy Miller" pasó a explicarle que tanto él
como sus compañeros estaban realizando investigaciones en
la "fosa de Milwaukee", la trinchera submarina que alcanza
profundidades de hasta 20,000 pies y que forma parte de la fosa
de Puerto Rico. Los supuestos extraterrestres estaban preocupados
por la posibilidad de que se produjese actividad sísmica
en dicho lugar, con consecuencias devastadoras para Haití
y la República Dominicana.
Se le aseguró
a Gómez que los alienígenas "harían lo
posible por evitar el cataclismo" programado para el 28 ó
29 de octubre de ese año, y le pidieron que abandonase la
zona inmediatamente. Acatando la orden del extraño sujeto,
el agente de seguros se alejó del lugar, inspeccionando su
espejo retrovisor para ver si podía presenciar el despegue
del OVNI. De repente se sintió invadido por una sensación
de temor, y aceleró hasta alcanzar su destino original.
Al regresar
a su hogar esa noche, Gómez informó a su esposa y
parientes del encuentro con "Freddy Miller" y sus experiencias
aquella mañana. La historia no tardó en difundirse
entre los parientes de Gómez, y dentro de poco, el agente
de seguros se vio obligado a relatar su experiencia durante el transcurso
de una cena cívica. El caso salió en los principales
periódicos dominicanos. Según fuentes, Virgilio Gómez
posteriormente llegó a ver una foto familiar en grupo y pudo
indicar cual de ellos era Freddy Miller.
A pesar de los
visos de alta extrañeza del encuentro de Gómez, es
un hecho innegable que la actividad sísmica era considerable
el día en que se produjo el incidente. El investigador Sebastián
Robiou indicó que se produjo un temblor en la fosa de Milwaukee
pocas horas después del encuentro con "Freddy Miller".
Pero, ¿y
que hay con "Freddy Miller"? Las fotos del desaparecido
deportista y productor de televisión muestran a un hombre
calvo, mayor y con espejuelos que no guardaba parecido alguno con
el ser que conversó con Virgilio Gómez. A pesar de
sus actividades en el mundo de la televisión, el verdadero
Miller carecía de experiencia significativa en tecnología
radial, el motivo por su resurrección a manos de los "venusinos".
Aunque este caso ha caído en el olvido, ocupa un lugar de
honor entre los misterios del mar.
El Triángulo:
¿desactivado por exorcismo?
Los cínicos
afirman que la pérdida de interés en el Triángulo
de las Bermudas se debe a que no se han producido desapariciones
en los pasados 25 años. Los percances se deben ahora a la
falta de pericia de los navegantes o a las víctimas del narcotráfico,
pero las mejoras en el sistema de navegación LORAN y ahora
la navegación por satélite (SATNAV) han ayudado a
que el bote más pequeño regrese a puerto seguramente. |