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Por
extensión y por volumen, los océanos, el agua de nuestro
planeta no sólo son el material más abundante, sino
el que da el carácter a nuestro hogar cósmico: La Tierra.
No sólo conforma parte de todo, sino que es el motor y el mecanismo
que hace funcionar las cosas tal y cómo las conocemos. Desde
la atmósfera hasta la climatología, pasando por la vida
en todas sus variedades. Visto desde el espacio nuestro mundo se ve
de un hermoso azulado, pincelado por un blanquecino y acuoso tul.
Siempre en constante movimiento. Pero las cosas tienen su sentido.
Es esta condensación nebulosa la que mantiene el termostato
de Gaia. Estando encargada de actuar a modo de pantalla de protección
frente a las radiaciones exteriores provenientes del Cosmos. Y de
hacer que funcionen los ciclos de vida aquí abajo. Pero los
océanos si vistos en conjunto han sido importantes en nuestras
vidas y sus orígenes, por separados son pilar para su desarrollo
y evolución. Punto de comunicación constante. Almacén
de alimento interminable. Tesorero del mayor potencial energético
y eléctrico conocido.
POR
QUÉ LA TIERRA TIENE MARES Y OTROS PLANETAS NO
Esta es una de las primordiales preguntas que se plantea la Ciencia
actual. Cada vez que miramos hacia el universo lo hacemos con la
idea de ver si allí hay o hubo agua. En primer lugar porque
su existencia implicaría que ese planeta podría ser
habitado por los humanos. En segundo caso, porque daría la
posibilidad de que ya estuviese o hubiera estado habitado. Y cómo
resultado de esta curiosidad científica se ha podido constatar
que otros planetas, incluso astros, han tenido o poseen agua. Algunos
de estos cuerpos celestes son de nuestro Sistema Solar. Una sorpresa
cósmica nos vino de la observación de agua en la luna
joviana Europa o el caso más reciente de Marte.
BUSCANDO
EL PRINCIPIO DEL MAR
Partiendo de la existencia de un Big Bang (u origen cósmico
y temporal de lo existente) los pensadores de distintas generaciones
y conocimientos han querido ver en el origen de los mares, de la
presencia de una gran condensación nebulosa, dónde
abundaban los elementos básicos para la formación
acuosa, es decir: hidrógeno y oxígeno. Repasando un
poco de química nos damos cuenta de que no es una idea descabellada.
El oxígeno se forma de la combustión nuclear de las
estrellas y éstas están formadas por hidrógeno.
Una vez estuvieron formados los planetas, la gran nube cósmica
pudo dejar en alguno de ellos parte de su volumen, agua. La gran
nube cubriendo los planetas les protegió de las radiaciones
solares o templó su temperatura. Y la cercanía de
la nube al calor planetario transformó parte de ella en líquido,
los mares. Pero además de este supuesto origen, las otras
características de los cuerpos celeste influyeron a la hora
de quedarse con agua y en la forma de hacerlo, factores entre los
que se encontraban la cercanía a las estrellas, como el sol.
La baja gravedad de algunos planetas, la estabilidad de los enlaces
químicos contenidos en su atmósfera y otras circunstancias
terminaron por ser factores secundarios para otro origen...el de
la vida. Ya que como en nuestro caso, el hidrógeno de esa
nube primigenia, terminó por subir de nuevo hacia el espacio,
enriqueciéndose la atmósfera con oxígeno. Sin
embargo, no es la única hipótesis para explicar la
existencia de océanos en la corteza terrestre. Una teoría
nació con una nueva observación del espacio. Hace
unos años el cometa Shoemaker-Levy 9 colisionaba con la superficie
de Júpiter. Este cometa logró arrancar profundos surcos
en la superficie joviana. Demostrando así que los planetas
no poseen una superficie lisa sino surcada capaz de retener los
líquidos. Un proceso que ha existido siempre en nuestro Universo.
¿Y si además estos cometas dibujantes de canales portaran
agua? , ¿qué ocurrirá si colisionaran y en
el impacto soltaran H2O?. Sin duda, una gran inundación sacudiría
al planeta "víctima". Que se cubriría de
un mar y por la fuerza de la colisión iniciaría un
ciclo de mareas y oleajes. Una teoría lógica pero
que no cuenta con la evaporación posterior de las aguas por
las radiaciones solares. A este punto otro grupo de ciencia quiso
darle una alternativa. Para ello aplicaron la teoría de que
luego posteriores colisiones de cometas más diminutos mantendrían
el flujo de partículas acuosas.
OCÉANOS:LA
VIDA MÁS GRANDE Y EVOLUCIONANTE
No sólo la vida contenida en sus mantos de agua está
en constante evolución. La propia forma de los océanos
y su componentes han ido mutando a lo largo de los milenios. Hoy
sigue haciéndolo. Se imaginó una Pangea o continente
único para dibujar nuestro mundo hace miles de millones de
años y circundándolo un inmenso océano llamado
Panthalassa. El planeta líquido en su interior y elevado
a temperaturas altísimas producía movimientos internos
que pudieron terminar desmembrando Pangea. Dispersando sus trozos
(continentes) hacia el exterior y por ende formándose océanos
más pequeños. En consecuencia la masa marina terrestre
quedó dividida en cinco grandes porciones conocidas como
Los cinco Océanos:
El Ártico,
14 millones de kilómetros y colindante al Polo Norte, se
encuentra helado en gran parte. Es en él dónde se
desarrolla la vida en su nivel más básico, algas y
líquenes. Dónde se adaptaron los grandes mamíferos
enlazados al agua: Oso polar, pingüinos, focas, leones marinos,
morsas, etc. Este océano es el más desconocido por
que con la tecnología náutica actual se hace imposible
explorarlo, ni siquiera con los más modernos rompehielos
se tiene asegurada una buena travesía. Adentrarse entre sus
heladas aguas es como viajar a otro planeta helado donde las noches
duran meses y el frío se perpetua en los -18 grados centígrados.
En sus glaciales superficies y por debajo de ellas quizás
se encuentren congeladas las huellas del pasado de nuestra GEA.
El Pacífico,
181 millones de kilómetros cuadrados le convierten en el
más grande depósito de agua de nuestro planeta. Las
fosas marinas más profundas se hallan en él. Es ahí
dónde la Ciencia cada día descubre nuevos y extraños
seres vivos de los cuales no se conocía su existencia real.
El celacanto un verdadero fósil viviente del que pudieron
partir los primeros cambios hacia nuestra evolución mamífera
fue capturado en Indonesia, dando por sentado que no estaban desaparecidos
sino protegidos en las grandes fosas abisales. Salteado de infinidad
de islas volcánicas y exóticas. En ellas cientos de
relatos de antiguas civilizaciones que dormitan en las profundidades
de este Pacífico templado.
El Antártico,
35 millones de kilómetros cuadrados, cercano al Polo Sur.
Plagado de peligros como los icebergs, continuos desgarros de sus
grandes masas heladas hacen casi imposible la vida en él.
Ronda casi los -30 grados centígrados.
El Atlántico,
82 millones de kilómetros cuadrados de agua salada. Atravesado
por una cordillera submarina, dorsal centro atlántico. Que
puede verse como islote en Islandia. Del Atlántico y su misterios
se han hablado sin cese desde hace milenios. Platón ubicó
allí el continente de la Atlántida sumergido tras
un seísmo. Al igual que el Pacífico su carácter
templado facilita la vida. De sus aguas surgen enigmas de seres
gigantescos como el reciente caso de los calamares gigantes canarios.
El Índico,
73 millones de kilómetros cuadrados de mar. Poseedor de una
gran fosa abisal, la de Java. y poseedor de una destruida Isla de
Krakatoa, engullida en 1883 por el volcán de su interior.
Peligros Oceánicos
Al ser generador constante de clima y estar a disposición
de las presiones de las aguas que lo forman, al sufrir los cambios
y mutaciones del planeta y su núcleo desde una proximidad
inquietante...terminan por ser, los productores de grandes peligros
y sus transmisores más temibles. Para empezar los deshielos
de los Océanos Antártico y Ártico provocan
un aumento de la masa acuosa del planeta. Dicho de otra manera:
cada año el mar gana tierra unos 5 centímetros. La
continua erosión de sus oleajes en las costas provocan los
dibujos de nuestros continentes. A veces se trata de un proceso
lento, millones de años moldeando las zonas litorales. Pero
igualmente peligrosas, pues en la historia se han dado casos de
aldeas de pescadores que han terminado por ser engullidas totalmente
por el mar. De todas formas estos serían los peligros menos
importantes que nos depararían los océanos, los hay
más voraces, rápidos y violentos.
Icebergs, productos
de rupturas de las masas glaciales de los océanos Ártico
y Antártico. Kilométricas islas flotantes de macizo
hielo que pueden tardar años en deshacerse, siglos. A su
paso, esas demoledoras moles marinas son un peligro de puntiagudas
formas para la navegación, uno de ellos hundió al
Titanic. Y se les puede ver incluso deslizándose por el Atlántico
Norte.
Maremotos: Producidos
por las tensiones de las placas de la corteza terrestre que terminan
afectando a la presión del agua que sostienen. Poco más
se sabe de ellos.
Tsunamis u olas
gigantescas: En el mar apenas son perceptibles. En zonas de costa
pueden ser devastadoras devorando ciudades enteras a su paso. Java
y Sumatra fueron testigos de estas enormes olas cuando en 1883 más
de 36.000 ciudadanos de sus litorales perdieron la vida. 60.000
almas portuguesas corrieron idéntica suerte en 1775, bajo
olas de más de 17 metros de altura y unas velocidades de
casi 100 km/h.
Huracanes: resultado
de tormentas cuyos vientos alcanzan más de 118-130 km/h.
Produciendo oleaje y espuma marina de considerables proporciones.
Suelen formarse en zonas cálidas. Aún estamos intentando
olvidar los daños del huracán Micth.
Remolinos: Muchos
marinos afirman a ver sido testigos de éstos. Se tratan de
enormes espirales de agua que giran en forma centrifuga a grandes
velocidades y que engullen todo a su paso, llevándolo hasta
los fosos marinos. Se forman con distinto diámetro. Son muy
raros de ver en la actualidad. En historia, sin embargo, se narran
sucesos de barcos de pesca que fueron devorados por brazos de mar.
El Agua preocupa
a la ciencia Nuestra Ciencia actual sabe que desvelar los secretos
del mar es poseer los conocimientos de la vida y la subsistencia
en este planeta. Poder prever las catástrofes, aprender a
aprovechar la energía de los océanos son algunos de
los retos vigentes en nuestra sociedad. Investigarlos nos reporta
información sobre nuestro pasado y posible futuro. Hoy se
puede hacer algo tan increíble como escanear y rastrear con
exactitud las geografías marinas. Un satélite militar,
El Geosat y las ayudas de otro europeo ERS-1 se dedican a tal empeño.
Fallas, cordilleras, fosas, conexiones continentales desconocidas
van saliendo a la luz. Los mismos satélites intentan predecir
la climatología terrestre. Incluso, los oleajes son minuciosamente
seguidos con los rastreadores Gps insertados a los satélites
vigentes en la actualidad y controlados desde la Universidad de
Tokio. La parte médica está interesada en descubrir
las influencias de la Luna y las mareas en el comportamiento de
los animales. La genética retrocede a los orígenes
marinos para encontrar el momento cero. Una ciencia empeñada
en hallar respuesta puede... encontrarlas. Mientras esto sucede
las aguas siguen ganando tierra. La vida evolucionando libremente
lejana a los ojos de los caminantes de la corteza terrestre, que
bastante tienen con preocuparse al ver como esa maravilla acuosa
que le rodea se vuelve impetuosa e impredecible. Haciendo nacer
una última ciencia, la literaria y artística. |