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ACONSEJADO
POR LOS DUEÑOS DEL MUNDO...
LA PLEBE DEBE SABER, "TOP SECRET" |
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Aquella
amena y constructiva charla con mi amigo José Manuel García
Bautista esa tarde de uno de los primeros meses del 99, me hizo
meditar a la vez que José me proponía le escribiera
algo relacionado con mis pequeñas pesquisas pero aterradoras
posibilidades.
Ya desarrollado el programa de astronomía que posteriormente
nos iba a servir de base para un magnífico proyecto que estábamos
gestando, jugando y viendo las posibles modalidades de gestión,
me propuse recogiendo todos los datos asociados con los asteroides,
meteoros, cometas y otros objetos con posibilidad de impactar en un
tiempo relativamente corto sobre nuestras cabezas. Después
de gestionar algunos asteroides de periodos relativamente cortos "cercanos"
como el Toutatis, Ceres, Vesta, etc..., descubrí que algunos
de estos cuerpos celestes en su acercamiento hacia la órbita
terrestre se aproximaban peligrosamente hasta estar dentro de una
hipotética y posible variación en su trayectoria primigenia
quedando a merced de que en próximas visitas o perigeo entrara
dentro de la captura gravitatoria de la tierra. "¿HIPOTESIS...?"... |
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Poniéndome
al día sobre esta escalofriante posibilidad real, descubrí
un artículo recopilado en Internet del año 83
escrito por varios científico y el célebre Mr.
Eugene M. Shoemaker del (Instituto de Tecnología
de California y Astrónomo Planetario de Caltech), donde
sus cálculos le llevaba a la conclusión de que
cada año y como promedio se autodestruían en algún
lugar de entrada a nuestra atmósfera terrestre fragmentos
de asteroides y cometas con una energía cinética
equivalente a unas 22.000 toneladas de TNT o alrededor de 10
elevado a 25 ergios. Los cuerpos meteoroides de unos 10 metros
de diámetro, pueden pesar aproximadamente entre 12 y
20.000 toneladas alcanzando una velocidad de aproximación
hacía la tierra de entre 15 y 30 |
| Eugene
M. Shoemaker |
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kilómetros
por segundo. (la explosión inexplicable de Tunguska de 1908,
liberó aproximadamente el equivalente a unos 11 millones de
toneladas de TNT, u 11 megatones. Aunque, Eugene M. Shoemaker, desarrolló
la teoría de que este caso fue ocasionado por un cometa de
masa helada, por lo que no llegaron nunca a encontrar elementos minerales
o metálicos que lo identificara, solo quedó un gran
agujero relleno de agua y materia fangosa que desarrolló una
gran plaga de moscas y mosquitos hasta entonces casi desconocidas
por esas latitudes.
Siguiendo con los ejemplos una explosión de 20 kilotones no
puede confundirse con una mascletá valenciana y menos aún
pasar desapercibida, ya que sus resultados podían igualarse
a la bomba de fisión que destruyó Hiroshima en el año
1945, además de provocar un eclipse que haría alarmar
a toda la población de la zona. Afortunadamente
objetos con estos tamaños mencionados, no metálicos,
se destruyen sistemáticamente en alturas elevadas sin llegar
a producir daños sobre la superficie terrestre. Esperemos que
siga ocurriendo así hasta el final de los tiempos.
Recientemente el Telescopio Vigía de 915mm, que se encuentra
en el estado de Arizona EEUU., ha descubierto infinidad de objetos
con decenas de metros de diámetro pululando por las inmediaciones
de nuestro espacio exterior alrededor de la tierra.
Según las observaciones y estimaciones hechas por Shoemaker
sobre el acercamiento de estos cuerpos celestes, Mr. David L. Rabinowitz,
antiguo miembro del equipo del Telescopio Vigía , comentaba
que las conclusiones de Shoemaker, sobre la frecuencia de acercamiento
eran demasiado conservadoras sobre un factor de posibilidades entre
20 y 100 veces.
El 10 de abril de 1993, Mr. Rabinowitz en la revista Astrophysical
Journal, hace un calculo de escalofríos, ya que literalmente,
asegura científicamente que la tierra soporta unas explosiones
de aproximadamente 20 kilotones cada mes y recibe a lo largo del año
miles de sacudidas de varios kilotones.
Curiosamente, estas explosiones cósmicas no aparecen reflejadas
en ningún país del mundo aunque hallan saltado las alarmas
locales de pueblos enteros que han sido testigos directos de estas
raras y ocasionales circunstancias. La única explicación
"oficial", ha sido la típica tormenta seca y descargas
eléctricas propias de dichas condiciones meteorológicas.
Un caso que se les escapó a las autoridades competentes de
las manos fue el caso que dio la vuelta al mundo, una noche de marzo
de 1965, una bola de fuego que surcó el cielo nocturno de la
zona central al sur de British Columbia con tal magnitud de luminosidad
que llegó a deslumbrar a todo el que fue testigo del evento.
Otro caso que se pudo hasta filmar con una videocámara doméstica
a plena luz del día en el mes agosto de 1972, un bólido
que cruzó a todo lo largo la Cordillera de las Montañas
Rocosas acompañado de un estrepitoso zumbido o silbido agudo,
unos cazas interceptores de la USAF intentaron desde muy lejos perseguir
al objeto sin conseguir si quiera acercarse, este bólido no
llegó a penetrar en la atmósfera solo rozó y
volvió a desaparecer tal como había aparecido. |
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Curiosamente,
y según Mr. Rabinowitz los avistamientos de estos sucesos
difícilmente están en consonancia con las predicciones
de frecuencias que se editan semanalmente en las listas y consultorios
de astronomía y astrofísica para los observatorios
relacionados con estos temas. Esto me lleva a una pregunta un
poco tonta..., ¿qué está ocurriendo con
estos datos de vital importancia para la humanidad..?.
Para dar una respuesta cercana a la realidad tenemos que comenzar
a levantar la vista |
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| El
Shoemaker-Levy impacta en Júpiter |
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hacía los vehículos espaciales desarrollados para la
defensa de los EEUU, que se instalaron durante la guerra fría
y que posiblemente hoy ya no tengan la razón de su existir
beligerante, pasando concretamente a desarrollar vigilancias externas
a nuestra atmósfera.
En el mes de octubre de 1993, el Departamento para la Defensa de los
EEUU, y dentro de la logística de satélites artificiales
o interceptores electrónicos de misiles nucleares, desarrollaron
un perfil de desclasificación para todos los acontecimientos
registrados a lo largo de 17 años en observaciones realizadas
en órbitas de satélites controlados por el Mando Aéreo
Espacial de los EEUU., donde no hubiera una estrategia militar pero
que se detectara algún incidente relacionado con la observación
y seguimiento en la entrada de la atmósfera terrestre de algún
cuerpo no relacionado con "ataques balísticos" o
pruebas de efectividad de defensa balística o aérea.
¿ Cuál fue la sorpresa...? Pues nada más y nada
menos que el libro publicado por la Universidad de Arizona llamado
(Hazards Due to Comets and Asteroids) en el cual aparece un capítulo
dedicado a todos los casos desclasificados durante estos 17 años
mencionados. El principal autor del informe es Edward Tagliaferri,
(ET Space Systems), donde desarrolla cada uno de los 136 registros
realizados por los seguidores de infrarrojo o scaners que detectaron
sus respectivas explosiones en la entrada de la atmósfera terrestre.
Un promedio de 6 a 9 asteroides, meteoritos o bólidos anuales
nos han despeinado con una potencia energética que podría
sobrepasar un kilotón sin tener conocimiento del hecho los
ciudadanos de a pié. Según Tagliaferri, este es el tipo
de impacto cósmico singular al que estamos predispuesto y a
ser posiblemente los últimos testigos de excepción de
un momento a otro. Shoemaker afirmaba que estaba advertido permanentemente
sobre estos datos durante muchísimo tiempo algunas veces comiéndome
interiormente por no poder desvelar los resultados de las investigaciones
militares hasta que por fin, todos estos datos vieron la luz pública
en octubre del 93. El éxito y el mérito de conseguir
la desclasificación de esta base de datos se le debe otorgar
al científico y astrónomo Simón P. Wonder,
que encabezaba la división del Organismo de Misiles Balísticos
del Mando de Defensa Aérea, (del grupo de la "Guerra de
las Galaxias").
Estos informes que han visto la luz, no identifican ni desvelan detalles
de los sensores utilizados en la detección de las fuentes de
calor y luz de estas explosiones siderales, tampoco determinan la
posición estratégica de los satélites ni sus
sistemas operativos, aunque otras fuentes consultadas sugieren que
están desarrollados por los primeros satélites de vigilancia
del Programa Apoyo a la Defensa o (DSP), operativos a una altitud
media de unos 35.000 metros en una órbita geoestacionaria de
detección sensorial de la atmósfera superior buscando
rastros o focos térmicos en el espectro del infrarrojo por
lo que la detección de un insuficiente punto luminoso puede
ser detectado a plena luz del día, existen otros scaners de
complemento que en el espectro de lo visible posiciona con una precisión
milimétrica el lugar exacto de la detección del foco
térmico o luminoso. Otro de los sistemas detectores utilizados
son de temperaturas muy bajas o matriciales, ajustados a longitudes
de ondas infrarrojas de 2'78 micras, esta suele ser absorbida en la
zona más baja de la atmósfera por el vapor de agua por
lo que una trayectoria balística del un misil es detectado
por el rastro de vapor que va dejando a su paso. Los grandes objetivos
Schmidt de 3'6 metros de distancia focal, realizan barridos en el
espectro del infrarrojo sobre la tierra cada 10 segundos, con una
sensibilidad tal que lo utilizan como complemento al sensor anteriormente
explicado y determinan con precisión la trayectoria balística
desarrollando la compleja y posible intersección del misil
antes de llegar al objetivo prefijado.
El registro más brillante de un destello en órbita,
desde el año 1965, fue el resultado de una explosión
energética de unos 7 kilotones. Por lo que la relación
esperada es menor que la mayoría de los fenómenos que
quedan sin registrar, aunque los satélites vigías los
detecten automáticamente, ya que estos están pendientes
de actividades de defensa, ignorando o dando por fenómenos
naturales la detección de estas magnitudes térmicas
y no considerándolas hostiles, los destellos meteóricos
ocasionales considerados como naturales duran escasos segundos, por
lo que los scaners de infrarrojos en la mayoría de los casos
desechan la información detectada y pierden cuatro sucesos
de cada cinco. Tagliaferri estima que al menos 80 kilotones procedentes
de elementos extraterrestres golpean todos los años la Tierra,
esa frecuencia de bombardeo es superior a las estimaciones realizadas
por Shoemaker pero siempre inferior de la extrapolada por los avistamientos
de los Telescopios de Vigilancia Espacial.
De los 136 casos registrados y desclasificados en el espectro del
infrarrojo, solo 3 se reflejaron sobre los detectores del espectro
de la luz visible, operativos desde principios de los años
80, curiosamente este hecho hizo que fueran detectados simultáneamente
por dos satélites haciendo una triangulación de detección
posicional en un lugar muy bien determinado, uno fue detectado sobre
los 30 km por encima del Océano Pacífico el 1 de octubre
de 1990, una explosión de 2 kilotones en pleno conflicto bélico
de Kuwait Irak. Cualquier observador situado en tierra bajo la explosión
habría visto brillar una zona celeste casi con la misma intensidad
del astro rey de nuestro sistema, además de poder oír
retumbar una sonora explosión inmediatamente después
del hacho ocurrido. Si este hecho hubiera ocurrido sobre Kuwait puntualiza
Mr. Wonder, podría haber empeorado las relaciones bélicas
entre estos dos países y aunque hubieran dicho desde los EEUU
que no tenían nada que ver con el caso, nadie los hubiera creído.
Todos los
especialistas en impactos de cuerpos extraterrestres, esperaban que
la publicación de los informes previamente clasificados representaran
el primer paso de una estrecha relación a largo plazo con la
comunidad de vigilancia espacial. Hoy ya hay una presión inminente
para que todos los datos sin excepción sean desclasificados
además de poder recoger los satélites operativos el
100/100 de las detecciones relacionadas con la entrada en la atmósfera
terrestre de dichos cuerpos celestes para de esa forma poder asegurar
la distribución sistemática de los informes ya no clasificados.
Tagliaferri durante una entrevista en un programa de televisión
americano, aseguró y reconoció que los sistemas actuales
tienen objetivos de seguridad nacional digamos que obsoletos pero
que por consecuencia de la seguridad nacional no quieren verse directamente
comprometidos los científicos prefiriendo esperar oficialmente
su desclasificación, aunque les reste efectividad en los sucesos
inmediatos, quedando un poco relegados al paso lento de la burocracia
oficial. Por este motivo se desarrollo posteriormente otra posibilidad
que les está dando unos resultados más efectivos en
tiempo real, una concesión negociada actualmente con inclusiones
de detectores de comparación en satélites civiles como
los pertenecientes al System Position Global o GPS.
El investigador Mr. Douglas O. Re Valle del Laboratorio Nacional
de Los Álamos especialista en Meteoritos, Asteroides y Cometas,
comentó en cierta ocasión durante una conferencia de
prensa que no era la primera vez que defensa haya proporcionado y
gestionado conjuntamente información clasificada (pero de muy
específicos y concretos casos puntuales que han sobresalido
del nivel de alto secreto por haber sido muy sonados en algún
medio y como para quitarle relevancia acallando así cualquier
conato de magnificencia). Incluso han aportado los indicios de las
secuencias de frecuencias de impactos extraterrestres en determinadas
épocas del año donde crece el nivel de posibles explosiones
estelares.
La detección de las bandas acústicas de muy baja frecuencia
entre los años 60 y 75 (sobre los tejados de algunas embajadas
estadounidenses seleccionadas en distintos puntos del planeta) con
sensores de sonido de MBF diseñados para recoger solo periodos
secuenciales determinaron una red global donde se detectaron en baja
frecuencia algunas explosiones aéreas de naturaleza casi desconocida.
Posiblemente el 3 de agosto de 1963 una explosión detectada
en el hemisferio sur fue calculada como un cuerpo de unos 30 metros
de sección que cayó entre Sudáfrica y la Antártida
sin producir daños materiales pero se calculó que la
energía liberada superó el medio millón de toneladas
de TNT. ¿qué hubiera pasado si cae sobre algún
terreno habitado..?
Tantas bombas cósmicas reventando sobre nuestra cáscara
etérea, nos deja casi sin respiración, pero lo curioso
de todo esto es que los científicos no comprenden como son
tan pocos registros visuales de bólidos brillantes tasados
en todo el mundo, un investigador del (IMO) para Norteamérica,
en su locución durante una conferencia y mesa redonda en una
Universidad de Florida, teorizaba sobre dos posibles explicaciones,
la primera podría encuadrarse dentro del espectro de lo no
visible al ojo humano, provocando energía como normalmente
se produce dentro del infrarrojo, y la segunda más difícil
de suceder en el espectro luminoso acompañado del térmico
mucho menos posible que suceda en longitudes de ondas visibles. Además
de estas posibles explicaciones hay que sumarle que estos estudios
son relativamente nuevos y las bases de datos con el paso del tiempo
se irán engrosando y actualizando haciendo más efectivo
el proceso de detección además de tener la posible colaboración
militar directamente vinculada a los últimos registros en tiempo
real y sin pasas por ningún proceso de clasificación
y posterior desclasificación, que es lo que realmente relentiza
cualquier investigación astronómica o astrofísica.
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José
Manuel García Bautista y Rafael Cabello Herrero
Sevilla, España
Colaboración |
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