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LA
BUSQUEDA DE LA INMORTALIDAD |
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El
deseo de la vida eterna o de permanecer siempre joven ha atormentado
a la Humanidad desde el momento en que descubre que se es mortal,
¿por qué se tiene que morir uno?, ¿no hay una
manera de vivir más o para siempre?, a lo largo de la historia
muchos hombres y mujeres lo han intentado, ¿alguien lo logró?.
En culturas primitivas la sangre de animales siempre ha sido el portador
de sus cualidades, por eso beberla las transfería al hombre.
Así que beber la sangre (o comerse) a un hombre equivalía
a absorber su "energía vital", que se añadía
a la propia para prolongar la vida. De ahí el mito hace a los
vampiros sedientos de sangre para permitirles vivir eternamente. Con
el progreso de la civilización esta práctica evolucionó;
al conocerse la función del hígado como órgano
purificador de la sangre, parecía obvio que era él el
que regeneraba la vida del individuo; así encontramos a este
órgano como protagonista en la mayoría de los menús
caníbales y de las recetas para prolongar la vida. |
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La
condesa Isabel Bathory, de la nobleza rumana,
tenía su propio método para vivir eternamente,
y este era el de bañarse en la sangre de los campesinos
que contrataba como sirvientes. Cuando ya no encontraba "voluntarios"
los secuestraba.
Como en una novela de terror esta macabra práctica termina
cuando su primo, el conde de Cyorgy Tharzo,
al mando de un destacamento de soldados, prende a la condesa
en su castillo de Csjthes la noche del 30 de Diciembre de 1610.
Al entrar al gran salón descubre horrorizado el cadáver
de una muchacha desangrada , a otra aún viva con su cuerpo
lleno de miles de punciones y a una tercera ya moribunda con
huellas de haber sufrido terribles torturas. Bajo el castillo
y en sus |
Elizabeth
Bathory |
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alrededores
se desenterraron cientos de cadáveres.
Pero no todas las historias de la búsqueda de la inmortalidad
son truculentas. El aliento también ha sido considerado sinónimo
de vida, se pensaba que con el último aliento se expulsaba
el alma, y además el aliento divino daba vida. Por eso en la
época romana, y según cuenta una inscripción
de entonces en mármol, Claudio Hermippus aseguraba
haber prolongado su vida hasta los 115 años gracias a aspirar
de forma continuada el aliento de jovencitas.
Cuanto más pasaba el tiempo más cuenta se daba el hombre
que los métodos que había ido probando eran inútiles
y que ninguno permitía prolongar la vida, así cada vez
los sistemas eran más pintorescos y extravagantes, ora se necesitaba
ingerir extraños elixires con componentes exóticos (cuerno
de unicornio, mandragora, etc.) y difíciles de conseguir, ora
seguir procesos escabrosos... |
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| El
conde Cagliostro, noble nacido en Palermo en
1743, tenía una técnica "infalible"
para regenerar el cuerpo y poder vivir más. La técnica
intentaba reproducir el proceso sufrido por los gusanos que
se envolvían en su capullo de seda y renacían
como mariposas, y si ellas podían hacerlo, nosotros también.
Por eso su método consistía en desnudarse y tumbarse
en una cama, envolver en una manta al individuo y dejarlo reposar
durante un mes alimentándolo sólo con caldo de
pollo. Cagliostro aseguraba que pasados unos días el
individuo empezaba a perder el pelo y a caérsele los
dientes hasta llegar a un estado de debilidad extremo, a partir
del que se empezaría un proceso regenerativo que devolvería
al infeliz sus dientes y pelo junto con la juventud. La ciencia
corrobora la primera parte del experimento, la acción
del escorbuto y la falta de ingestión |
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Cagliostro |
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de
vitamina C haría que el individuo perdiera rápidamente
el pelo y los dientes, sin embargo el resto del experimento no llegaría
nunca a buen fin, y nadie más volvió a proponer tal
barbaridad.
Otros métodos también quisieran imitar a la naturaleza,
intentando partir de cero para "nacer de nuevo". Cuenta
la historia que en Toledo, allá por el año 1434, vivía
Don Enrique de Villena, escritor y nigromante, que sintiendo cerca
la hora de su muerte llamó a su criado negro en el que confiaba
plenamente y le dio las siguientes instrucciones: que nada más
morir le descuartizara minuciosamente y metiera sus restos en una
cuba preparada con una extraña pócima, la cuba se hallaba
escondida entre un montón de estiércol que daría
calor al preparado. Y para que nadie notara su ausencia el criado
llevaría el sombrero de su amo durante los nueve meses que
duraba el experimento, con él el criado adquiriría el
aspecto de su amo y nadie notaría su muerte. Y así fue,
y el criado se paseó por Toledo con el sombrero durante meses
y todos creían ver al amo, pero cierto día se encontró
de bruces con una procesión del viático a la que no
pudo esquivar, y mientras pasaba el sacerdote con los santos óleos
todos se iban descubriendo, menos el criado. Pero un vecino indignado
por la irreverencia le quitó el sombrero y entonces todos vieron
de nuevo al criado negro. Fue conducido ante el Santo Oficio acusado
de brujería y de matar a su señor, ante lo que no tuvo
más que confesar lo ocurrido y conducir a la Santa Hermandad
hasta el estercolero en el que se escondía la cuba. Estos,
convencidos que allí obraba más el diablo que Dios,
rompieron la cuba y se derramó sobre el suelo un líquido
viscoso en el que flotaba lo que parecía un feto de pocos meses.
Muy parecida historia se cuenta de un brujo de Gottinga durante el
siglo XVIII llamado Johannes de Philadelphia, conocido entre la nobleza
por sus trucos de magia y encantamientos. Murió en 1777 rodeado
de misterio y se encontró en un tonel que se abrió a
destiempo en el que habían metido sus restos un embrión
humano a medio desarrollar.
La pócima que se metió en estos toneles sigue siendo
un misterio, pero casos similares de extraños elixires se encuentras
diseminados por toda la Historia. Un tratado atribuido a Paracelso
titulado "De Tinctura Physicorum" (la tintura de los físicos)
que data de 1570, habla de una extraña pintura con la que los
médicos egipcios habrían vivido hasta 150 años.
Si bien es cierto que en la edad media comienzan a venderse elixires
milagrosos de manera ambulante por todos los rincones de Europa, también
es la época en la que la alquimia florece para transformarse
más tarde en química. La alquimia tuvo dos metas principales:
la piedra filosofal con la de convertir los metales en oro y la búsqueda
del elixir de la vida.
Salomón Trimosín fue un alquimista
Europeo nacido en 1490, aunque no se sabe cuándo murió.
De él se cuenta que vivió más de cien años
gracias a su elixir, que le habría rejuvenecido varias veces
regenerando sus cabellos, enderezando su columna y limpiando de arrugas
su cara. Cuando se le preguntó que cuánto pensaba vivir
contestó que hasta el Día del Juicio Final. Eran corrientes
por el siglo XVI y XVII las historias de rejuvenecimientos súbitos
entre los alquimistas y las prolongaciones antinaturales de sus vidas,
todo gracias al llamado oro potable o elixir de la larga vida, que
sería la disolución de la Piedra Filosofal en agua destilada,
capaz de eliminar de manera selectiva el agua pesada de los tejidos
haciendo que estos no envejecieran. Consumiendo una gota del elixir
cada seis meses se provocaría la eliminación de todas
las toxinas del cuerpo, luego se caerían la uñas, dientes
y cabellos que más tarde se recuperarían como nuevos,
al cabo del tiempo se iría perdiendo la necesidad de comer
y la de evacuar, siendo suficiente la transpiración para eliminar
líquidos. Esa sería la causa de que se supiera la fecha
de nacimiento de muchos alquimistas pero no la de su muerte, como
ocurre con la del francés del siglo XV Jean Lallemant. |
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El
alquimista más conocido fue el célebre Saint
Germain, que empezó sus andanzas por este mundo
en el siglo XVIII. Voltaire escribía sobre él
a Federico II de Prusia que era un "hombre que nunca muere
y conoce todas las cosas". Su primera aparición
histórica data de 1743 en Londres, donde empezaron a
correr rumores de que era mucho más viejo de lo que aparentaba.
Como era conde se codeaba con la nobleza y hablaba de hechos
históricos de siglos pasados con tal cantidad de datos
y detalles que parecía haber sido testigo ocular, de
hecho decía haber conocido a Julio César
y a Poncio Pilatos.
Se cuentan diversas anécdotas suyas, una de ellas habla
del encuentro en casa de Madame Pompadour con la condesa Gerhy
cierto día de 1750, la cual había estado 50 años
antes en Venecia cuando su marido era embajador de dicha República.
La condesa se acercó a Saint Germain y le preguntó:
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Conde
de Saint Germain |
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- Caballero, ¿tendríais la bondad de decirme si vuestro
padre residía en Venecia en 1700?
- No señora -respondió el conde- pues hace mucho más
tiempo que perdí a mi padre. Era yo quien vivía en Venecia
a finales del siglo pasado y a comienzos del presente. Tuve entonces
el honor de haceros la corte y vos tuvisteis la bondad de elogiar
algunas barcarolas compuestas por mí y que cantábamos
juntos.
- Perdonad mi franqueza, pero eso no es posible. El conde Saint Germain
de entonces tenía 45 años y vos no representáis
más edad en estos momentos.
- Señora, -contestó esbozando una sonrisa- soy mucho
más viejo de lo que suponéis.
- Según esa cuenta, deberías tener más de 100
años.
- Es posible que los rebase...
Los que conocieron al conde notaron que nunca aparecía cansado,
que jamás se le veía comer ni beber a pesar de los innumerables
banquetes a los que asistió y nunca se interesó sexualmente
por las mujeres. La fecha oficial de su muerte es la de 1784, en el
castillo de Landgrave de Carlos de Hesse-Cassel, y en ausencia de
éste. Muchos dicen no tener pruebas de su fallecimiento. A
partir de esa fecha se asegura haberle visto en distintos lugares
y en diversas épocas: 1785 en Rusia, 1792 en París,
en 1867 en una reunión de la Gran Logia en Milán, en
1896 la teósofa Annie Besant dijo haberse encontrado con él,
y en muchos más lugares y fechas hasta bien entrado nuestro
siglo. En Viena existe el testimonio del rosacruz Franz Gräffer;
el conde anunció su despedida así: "Hacia final
de siglo desapareceré de Europa, iré a la región
del Himalaya, reposaré... Me volverán a ver dentro de
85 años, día a día. Adiós, os quiero."
Otros volvían al cabo de 100 o 300 años después
de haber estado "hibernando" o "durmiendo" en
alguna parte de este u otro mundo. Son multitud las leyendas populares
que hablan de personas que desaparecieron, se perdieron o fueron raptadas
para luego aparecer de nuevo tras muchos años como si para
ellos hubieran transcurrido sólo unas horas. Se habla de zonas
en las que el espacio-tiempo está alterado, de modo que cuando
alguien pasa por allí permanece en un estado de adormecimiento
o "sueño encantado" gracias a veces a una comida
o bebida, algunos al volver al tiempo normal sufren en un momento
los estragos de la edad que se saltaron.
Es célebre la historia de los "siete durmientes de Éfeso",
que se refugiaron en una cueva huyendo del edicto que proclamó
contra los cristianos el emperador romano Decio en el siglo III. Sin
que ellos se percataran estuvieron allí 187 años, cuando
salieron al exterior apenas les duró la alegría unas
semanas, fueron muriendo uno a uno presas de un súbito envejecimiento.
Un caso más reciente lo encontramos en la historia que cuentan
los tinerfeños de San Juan: una niña salió a
buscar peras y entró en una cueva en la que quedó dormida.
Cuando despertó y salió al exterior habían pasado
30 años, aunque ella conservaba el mismo aspecto y edad que
cuando desapareció.
Todas estas búsquedas de la juventud han marcado a la humanidad
desde el comienzo. Lo intentaron los egipcios momificando a sus muertos,
fue y es usado por multitud de credos para sus propios fines, cuando
los exploradores españoles se aventuraban en el continente
americano buscaron hasta morir el Dorado y la Fuente de la eterna
Juventud. Con la llegada de la ciencia se empezó a buscar una
solución más modesta que vivir siempre, y era la de
retrasar la muerte o aparentar juventud, así nacieron los cosméticos
y progresó la medicina moderna. ¿Está ahora más
cerca el Hombre de conseguir su sueño?, es cierto que la esperanza
de vida actual es la más alta de la historia, y si para la
antigua Grecia un hombre de 40 años ya era viejo ahora podemos
esperar vivir hasta los 90. ¿Dónde está el límite?
En recientes experimentos con monos se ha observado que si no se fuma
ni bebe en exceso, si se hace ejercicio y si se sigue una dieta variada
pero espartana (comer un 30% menos de calorías de lo normal)
alarga la vida hasta un 40%. También la genética puede
ayudar a la humanidad a vivir más y mejor; el gen SOD1 es que
el que regula la eliminación de los radicales libres que oxidan
nuestro organismo y le hacen envejecer, así una alteración
genética que añada otro gen SOD1 alarga la vida hasta
un 40%, al menos así ocurrió con los animales de laboratorio.
Otro camino que busca alargar la vida consiste en retrasar la edad
en la que se tengan hijos, puesto que lo que "busca" la
naturaleza es perpetuar los genes de cada individuo, y una vez que
por la edad ya no se puede procrear, el ser ya no necesita vivir,
si se tienen hijos un poco más tarde en cada generación,
según las modernas teorías genetistas, cada vez se vivirá
más.
Quizás la vida eterna se consiga gracias a la tecnología,
quizás sea por las obras (literarias, arquitectónicas,
científicas...), tal vez ya no podamos alargar más la
vida física porque no estamos hechos para ello e incluso no
nos convenga (imaginemos un dictador que gobierne cientos de años).
Lo cierto es, que se sepa, nada dura eternamente. |
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J.
P. R.
Artículo publicado en La Llave de la Mancha
España
Colaboración
Fotos: AlterGuía |
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